Sobre Pedro Sánchez y la tiranía

El ex secretario general del PSOE aspira a recuperar el poder con un relato de posverdad en el que copia el lenguaje de “la trama” y “la casta” de Podemos

Foto: Pedro Sánchez en Basauri, Bizkaia, este 7 de abril. (EFE)
Pedro Sánchez en Basauri, Bizkaia, este 7 de abril. (EFE)

Timothy Snyder no escribió ‘Sobre la tiranía’ (Galaxia Gutenberg, 2017) pensando en Pedro Sánchez, pero si se ponen en relación algunas de sus “veinte lecciones que aprender del siglo XX” con la trayectoria y los modos políticos del ex secretario general del PSOE y aspirante a la reelección, se encuentran unas cuantas que le son de aplicación. Como señala en el prólogo de su último libro el catedrático de la Universidad de Yale, “la historia no se repite, pero sí alecciona”.

1.“Renunciar a los hechos es renunciar a la libertad. […] Si nada es verdad, todo es espectáculo. […] La verdad muere de cuatro maneras. La primera manera es la hostilidad declarada a la realidad verificable. […] La segunda manera es el encantamiento chamánico […] La siguiente manera es el pensamiento mágico, es decir , la aceptación descarada de las contradicciones. […] La última manera es la fe que se deposita en quienes no la merecen [y] tiene que ver con el tipo de afirmaciones autodeificantes [como] 'Yo soy vuestra voz'".

El “yo soy vuestra voz” con el que apela a la militancia es una “afirmación autodeificante”, según alerta el historiador Timothy Snyder

Con esta “afirmación autodeificante” dirigida a los militantes socialistas es con la que Sánchez pretende reconquistar el poder que, democráticamente, perdió en el PSOE. Con ella y con el “encantamiento chamánico” de un político al que le sientan bien los vaqueros y no desmerecería como galán de telenovelas; alguien que tiene un “pensamiento mágico” capaz de defender con idéntica aparente convicción el pacto con Ciudadanos y el abrazo con Podemos; y, sobre todo, un líder que manifiesta “hostilidad declarada a la realidad verificable”, como la dos derrotas consecutivas con las que perforó todos los suelos electorales de su partido.

Sánchez se ha demostrado un consumado maestro del “doblepensar”, el concepto que George Orwell acuñó en ‘1984’ para definir la construcción de realidades alternativas.

2.“Al establecer un sistema de frenos y contrapesos, los padres fundadores [de Estados Unidos] pretendían evitar ese mal que […] que los antiguos filósofos denominaban tiranía. Tenían en mente la usurpación del poder por un solo individuo o grupo”. El PSOE copió este modelo al establecer un sistema de funcionamiento que combina el presidencialismo del secretario general —reforzado con el voto directo de los militantes en las primarias propio democracia directa—, el parlamentarismo de los comités territoriales —propio de la democracia representativa— y el asambleísmo de las agrupaciones locales.

Sánchez se presenta como una víctima cuando los hechos dicen que fue derrotado en una votación celebrada en un órgano democrático concebido como freno y contrapeso a los liderazgos cesaristas

Aunque, ateniéndose al papel clave que desempeñaron los barones territoriales, este periodista acuñó la expresión ‘golpe de los coroneles’ para resumir lo ocurrido en el comité federal del 1 de octubre, en realidad fue un ‘contragolpe’, una operación ejecutada para impedir el ‘golpe’ auténtico, el que planeaba Sánchez con la convocatoria de un congreso exprés sin otro propósito que apalancarse en el poder, saltándose el criterio de la mayoría de la ejecutiva y del comité federal. No pretendía, al contrario de lo que mucha gente parece creer, someter a votación entre los militantes si el PSOE debía facilitar la investidura de Mariano Rajoy o forzar la convocatoria de unas terceras elecciones; y tampoco había encargado la elaboración de ninguna ponencia que diera pie a un debate ideológico y programático.

3. “A principios del siglo XX, igual que a principios del siglo XXI, esas esperanzas [de progreso de la democracia en todo el mundo] fueron puestas en entredicho por nuevas visiones de la política de masas en las que un líder o un partido afirmaban representar directamente la voluntad del pueblo”.

Como ha escrito José Andrés Torres Mora, al que la militancia en el PSOE nunca le ha impedido ser un espíritu libre, “quizá algunos esperaban que, nada más ser elegidos los dos últimos secretarios generales, el partido los siguiera, no ya como seguíamos a Felipe [González] o a José Luis [Rodríguez Zapatero] en el esplendor de su liderazgo, sino como siguen los norcoreanos a Kim Jong-un” (‘La lealtad bien entendida’. diario 'Sur', 19/3/2017).

Susana Díaz junto a Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, el pasado 26 de marzo en Madrid. (EFE)
Susana Díaz junto a Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, el pasado 26 de marzo en Madrid. (EFE)

4. “La mayor parte del poder del autoritarismo le ha sido otorgado libremente” y “un ciudadano que se adapta de esa manera está enseñándole al poder lo que es capaz de hacer”. “Gracias a que un número suficiente de personas brindaron voluntariamente sus servicios a los nuevos líderes, tanto los nazis como los comunistas se dieron cuenta de que podían avanzar rápidamente hacia un cambio total de régimen”.

Torres Mora, reflexionando sobre la situación en su partido, advertía en el mismo artículo: “Que la gente se calle ante los errores de los líderes, o se vayan ante sus amenazas, no es lealtad a la organización, es miedo, necesidad de supervivencia o sumisión al amo. A ver si nos entendemos, si eres secretario general del PSOE no puedes exigir lealtad y silencio al mismo tiempo”.

5. “Las instituciones no se protegen a sí mismas. Caen una tras otras a menos que cada una de ellas sea defendida desde el principio”. “El error consiste en presuponer que los gobernantes que han accedido al poder a través de las instituciones no pueden modificar ni destruir esas mismas instituciones”.

Reunión de la comisión gestora del PSOE para convocar el comité federal del 1 de abril, el pasado 27 de marzo. (EFE)
Reunión de la comisión gestora del PSOE para convocar el comité federal del 1 de abril, el pasado 27 de marzo. (EFE)

El comité federal es una institución democrática del PSOE, compuesta por más de dos centenares de dirigentes de todos los territorios y sensibilidades, que constituye la máxima autoridad del partido entre congresos. Lo que Sánchez planteó fue un “conmigo o contra mí”, un planteamiento propio de los tiranos, con el que pretendió deslegitimar frente a la militancia a los órganos de representación del partido, que sirven de frenos y contrapesos al líder.

6. “Nos dejamos seducir por el concepto de unas realidades ocultas y unas turbias conspiraciones que lo explican todo”, y, al hacerlo, sin darnos cuenta, estamos “participando en la demolición de nuestro propio orden político”.

El relato de posverdad sobre el que Sánchez pretende construir su resurrección política dice que hubo una conjura y una trama para destronarlo porque quería dar al pueblo de la militancia socialista lo que quiere. Copiando el lenguaje de Podemos, la “trama” fueron los poderes financieros y los grandes empresarios del Ibex, la “casta” son los barones y el aparato, y el “pueblo”, la militancia. Ya le pasó a Francisco Largo Caballero en los años treinta del siglo pasado, cuando se dejó arrastrar por las comunistas.

7. “La costumbre de hacer hincapié en la condición de víctimas embota el impulso de autocorrección. […] la política acaba convirtiéndose en una discusión sobre el bien y el mal en vez de en un debate sobre las posibles soluciones a los problemas reales”.

El candidato a la reelección intimidó a los discrepantes con la ejecución de Tomás Gómez, cuya reputación social destruyó para apartarlo de la política

Sánchez no es una “víctima”, sino un derrotado que no ha sabido asumir su derrota, cualidad que adorna a los mejores demócratas. Aunque los periodistas, movidos por la necesidad de captar la atención de los lectores con expresiones llamativas, acostumbramos a decir que fue depuesto o derrocado, se ajusta mejor a la verdad de los hechos decir que fue derrotado porque la esencia de lo que ocurrió el 1 de octubre es que, tras enajenarse la confianza de la mayoría de los miembros de su ejecutiva, perdió una votación de apoyo al secretario general en el comité federal que forzó su dimisión.

Como ha recordado Tomás Gómez, él sí fue depuesto o derrocado, pues fue destituido por una decisión unipersonal de Sánchez, sin votación previa alguna en su ejecutiva ni en el comité regional de Madrid. Y, además, Sánchez no solo cortó de un tajo la carrera política de Gómez, sino que, para lograr este objetivo, destruyó su reputación social difundiendo a través de su entonces brazo armado, César Luena, el infundio de que iba a ser imputado por presuntos sobrecostes en el tranvía de Parla, acusación de la que ha sido declarado totalmente inocente por el Tribunal de Cuentas. Con la excusa de buscar un mejor candidato electoral para la Comunidad de Madrid, lanzó un mensaje de intimidación a todos los discrepantes.

En el mundo globalizado, ni España ni el PSOE son islotes aislados, como tampoco lo son los Estados Unidos de América. La confrontación entre hechos y posverdad recorre todo el mundo y la historia alecciona sobre el hecho de que, cada vez que se ha intentado superar la democracia representativa con otra fórmula, esta acaba siendo siempre una vieja conocida: la tiranía. Y, como señala Snyder en su alerta a la ciudadanía, “te sometes a la tiranía cuando renuncias a la diferencia entre lo que quieres oír y lo que oyes realmente”.

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