
Tiene dieciocho años pero ya sabe, cada vez que se mira al espejo, que ella ya no puede mirar hacia adelante. “Me considero una mujer muerta”, dice al lado de su madre, que le aprieta la mano y le alisa la cabeza, cubierta con un velo gris, desgastado. Primero la violaron y luego la condenaron a muerte por haberse convertido en una mujer deshonrada. Ella, que es afgana, piensa que no llegará siquiera a tener dos hijos como la mujer que hace unos días vi en la playa, con los pies desnudos a la orilla del mar, y el resto del cuerpo cubierto por una túnica azul y un velo. Ella estaba en la orilla, la espuma de las olas le bañaba los dedos de los pies, y mar adentro sus dos hijos jugueteaban con las olas subidos en el hombro de su padre, todos en bañador porque todos eran varones. Aquel gesto de impotencia inútil, no poder jugar ni con sus propios hijos en el mar… Dos niños, la misma familia que la joven pareja de Malí que el domingo pasado murió lapidada; la primera pareja que han asesinado en ese país por el grave delito de vivir juntos, con sus dos hijos pequeños, el menor de seis meses, en una cabaña de la sabana sin haber contraído matrimonio. Islamistas radicales los detuvieron y los enterraron hasta el tronco en dos agujeros excavados en el suelo. Sigilosamente, los fue rodeando una turba de vecinos y tuaregs. Ellos gritaban, desesperados, hasta que comenzaron a lanzarles piedras. Protestaban, quizá, o imploraban perdón. En las crónicas que se han publicado, un testigo sólo recordaba el alarido del hombre antes de morir de una pedrada certera.
Una joven afgana condenada a morir por los talibanes, una mujer que no puede bañarse con sus hijos en una playa de Málaga, una joven pareja asesinada por lapidación en Malí… ¿Pueden guardar todos estos hechos alguna relación entre sí y, más allá, podrían vincularse a un hecho actual como las detenciones de esta semana de presuntos miembros de Al Qaeda? La respuesta normal, lo políticamente correcto, será negarlo. Afirmar, con esa expresión cansina, de manual, que cada uno de ellos se corresponde a un caso particular. Lo dirán, sobre todo, al relatar la trascendencia de las detenciones últimas, esos tipos que formaban presuntamente una célula de Al Qaeda en España y que ya habían logrado reunir planes y explosivos suficientes para cometer un atentado. Ya veremos, porque existen dudas judiciales, sobre si formaban o no una célula de Al Qaeda pero, con independencia del resultado de la investigación policial, se apresuraran a decir que son hechos puntuales, y quizá ni recuerden que el año pasado, también en verano y también en La Línea de la Concepción (¿tendrá algo que ver la vecindad con Gibraltar, ese descontrol opaco?) se detuvo a otro terrorista con intenciones de envenenar los depósitos de agua de un camping. Aquel era marroquí, los detenidos de ahora son un turco y dos chechenos. Y una mujer afgana, y una pareja de Malí, y todos nosotros… Repitamos la pregunta, ¿tienen alguna conexión?, ¿debemos atender a todas estas noticias como acontecimientos relacionados entre sí o como hechos aislados? La diferencia es esencial porque sólo contemplándolos en su conjunto comprenderemos la dimensión real del problema; sólo así, uniéndolos, contemplaremos que todo eso son expresiones de la mayor amenaza, el mayor reto que tiene la humanidad en este siglo XXI.
Sin exageraciones temerarias, no; sin tentación alguna de generar alarmas innecesarias; sin la más mínima intención de darle alas a los racistas, de adular a los populistas, de legitimar a los extremistas de cualquier otra obsesión. Con serenidad, con firmeza, con la perspectiva clara que marcan todos esos acontecimientos, contemplemos la posibilidad de que Al Qaeda haya vuelto a aparecer por España con la certeza de que forman parte de una amenaza global, que no son un fenómeno ocasional, producto de tres locos. una amenaza global en la que nosotros, sobre todo nosotros que pisamos la tierra que un día fue Al Andalus, estamos en una zona de alto riesgo. Sepámoslo para que esa convicción nos conduzca no ala alarma, no al racismo, sino a la reafirmación de todo cuanto hemos conseguido. Aquello que hemos repetido tantas veces de que no hay muchas civilizaciones, que existen muchas culturas, muchas costumbres, muchas religiones, pero que civilización sólo existe una, sólo se ha alcanzado una, y es aquella que garantiza la justicia, la libertad y la igualdad para todos. Sin discriminaciones ni vetos, ni hombres ni mujeres. Ciudadanos que defienden sus derechos, cumplen con sus obligaciones y toleran al diferente. Contemplemos los acontecimientos en su conjunto y repudiemos otra vez aquella versión melosa y boba que nos proponía una Alianza de Civilizaciones. Y digamos, en voz alta, frente a cualquier discriminación cotidiana, cualquier debate ocasional, que civilización, sólo una; ésta que disfrutamos.
Estos días, como cada año, miles de musulmanes celebran el Ramadán en España. La noticia de la desarticulación de una célula de Al Qaeda en Andalucía me ha recordado una demanda antigua, la campaña que cada año deberían emprender los gobiernos europeos cuando llega el Ramadán. Por ejemplo, algo así: “Bienvenidos al Ramadán, musulmanes que vivís en España, y en vuestro ayuno meditad sobre el detalle tonto de que si doscientos mil cristianos, o dos millones, que es la cifra de creyentes del Islam en España, quisieran celebrar su Semana Santa en los países árabes no tendrían la misma suerte que vosotros. Reparad en el matiz, musulmanes que vivís en España, y bienvenidos al Ramadán”.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
18Miguel Garcia 05/08/2012 | 18:57
#15 Eres un puto mierda que, escondido detrás del anonimato que otorgan los foros, insultas a 192 madrileños asesinados por la peste del isalmismo yihadista.
No eres una persona, eres una alimñana y si hay moderador en el foro su primera función debería de ser impedir canalladas como la tuya.
17Miguel Garcia 05/08/2012 | 18:54
#3 Hay que ser hijo de la grandísima.
Pase que al pijiprogrerío le incomeden los curas, pero que sean tan hijoputas como para reírse de la desgraciada situación que padecen los cristianos en los países de mayoría mahometana, es el colmo del encanallamiento.
Minorías que, en el mejor de los casos, viven en un permanente estado de excepción como ciudadanos de segunda. Así viven los coptos en Egipto y los pocos cristianos que no han huido de la satrapía iraní.
Y que lleguen hipos de la grandísima a hacer risitas con una persecución que es la prueba más evidente de ausencia de democracia, allá donde el Islam domina viene a ratificar lo que se puede esperar de las degradadas neuronas de la izquierda carpetovetónica, nazionanista incluidos.
16to 05/08/2012 | 17:58
#11 aunque tengo pena como todos por esos atentados, lo que más pena me da es que la gente como tú no sabe ni admite ni admitirá jamás la triste realidad: que esos atentados no fueron programados por Alquaeda sino que obedecen a los servicios secretos de ciertos países, fundamentalmente los americanos, que en el caso de España tristemente estaban en colaboración con los franceses y marroquíes. Sé que algún día saldrá al público la verdad pero de momento algunos preferís comeros las mentiras de la demolición de las torres gemelas y del edificio 7 como si fuesen atentados terroristas...y del 11M ni te cuento...la verdad oficial no tiene un sólo pase...
14sertorio 05/08/2012 | 17:34
#6 y #9 Eso no es cierto, puesto que en Europa, hubo mujeres muy poderosas, influyentes, e importantes, Reinas como Isabel la Católica, o nuestra enemiga Isabel I de Inglaterra; o monjas como Santa Teresa o Hildegard von Bingen; en la propia Iglesia Católica.
Si no entienen la diferencia es porque ustedes tienen un problema.
Matacán es el blog de Javier Caraballo en El Confidencial, desde donde abordará la actualidad política y social andaluza. A lo largo de las tres últimas décadas, Caraballo ha pasado por distintos medios de comunicación de prensa, radio y televisión, y en especial en El Mundo en Andalucía, donde ocupó el cargo de redactor jefe. En la actualidad, colabora con las tertulias de Onda Cero Herrera en la Onda y La Brújula.