¿Mi historia? ¿Que quiere usted que le cuente mi historia?, me pregunta extrañado, y hasta gira la cabeza a los lados, pensando que podría tratarse de una confusión, que es a otra persona a la que me estoy dirigiendo. Sí, sí, le digo, porque mire, usted perdone, es que no he podido evitar oírle, y, en fin, créame, me ha extrañado mucho lo que dice. ¿De verdad que usted quiere ser parado y no puede?
Han pasado ya las doce del mediodía y en el bar de la esquina, donde estamos, la gente se agarra a un vaso de agua fría, a una cerveza, con el ímpetu de un atleta de maratón en el avituallamiento después de haber atravesado un desierto de asfalto derretido desde las oficinas del Servicio Andaluz de Empleo, aquello que antes se llamaba Inem en toda España. Todos vienen de allí, del túnel del paro. Como este señor, que ahora me mira extrañado. Pues sí, mire usted, lo que acabo de vivir es insólito, único en el mundo, porque verá, si en España, si en Andalucía, es imposible hasta apuntarse al paro, qué diablos podemos esperar que funcione aquí. Si no sabemos hacer ni eso, oiga, nosotros que somos líderes en desempleo…
Verá, yo me quedé parado hace ya más de un mes y, desde entonces, intento de forma infructuosa apuntarme al paro. No puedo, no. El primer día llegué a las oficinas, estas oficinas nuevas que ha abierto la Junta de Andalucía, y la empleada de información me indicó unas mesas con unos ordenadores: ‘Ahí puede usted tramitar su solicitud de inscripción en el desempleo y la solicitud de la correspondiente prestación’. Caramba, me dije, qué bien funciona esto, ni colas, ni esperas ni nada, perfecto… Perfecto, sí, mi ingenuidad sí que es perfecta. Después de intentarlo todo con aquel ordenador, y con el siguiente, y con el siguiente, la misma empleada me indica que tiene problemas de conexión, que es mejor que lo intente por teléfono. Quince minutos después de comunicar, la misma escena: ya, verá, es que hay mucha demanda, me dice. Y me aconseja: lo mejor es que se vaya usted a su casa y llame a esas horas que nadie llama, a las tres o a las cuatro de la tarde. Una teleoperadora le atenderá. ¿Y no es posible, ya que estoy aquí, que usted misma o algún compañero suyo me tome los datos para inscribirme en el paro? No, no, señor, eso es imposible, no es nuestro cometido. Tiene usted que coger cita telefónica.
La primera vez que, al fin, una teleoperadora pudo coger el teléfono fue para comunicarme que no había hueco posible en las dos próximas semanas. “Llame usted mañana”. Y cuando llegó mañana: “Lo siento señor, llame usted mañana” Y así un día y otro. Y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente: jamás había cita disponible. “Llame usted mañana”. La misma frase, siempre repetida. Y así, una semana y otra. Oiga, le digo, ya malhumorado, que llevo más de un mes intentando apuntarme al puto paro y no puedo. Y existen unos plazos, que ya he superado por culpa de la administración que ni siquiera puede atenderme. ¿Esto es una broma, verdad? De esas de la radio, sí…
Otros en el bar, que asentían en cada capítulo, completaron luego el relato con vivencias similares porque todos ellos habían sucumbido a un infierno parecido. Y explíqueme usted, entonces, si en este país, si en esta Andalucía, no puede uno ni apuntarse al paro, ¿cómo podemos aspirar algún día a encontrar empleo? ¿Cómo vamos a aspirar a empresas mayores como el inversor que quiere abrir un negocio y lo sepultan entre trámites e impuestos? ¿O el joven universitario que quiere experimentar con un proyecto nuevo? ¿Qué puede funcionar aquí si no funciona ni el paro? Lanzaba preguntas al aire de aquel bar y era inevitable ver a Larra sentado en una de las mesas, descojonado por esta inercia nuestra. Y como en aquel ‘Vuelva usted mañana’, otra vez nos diría: “Me marcho, señor Fígaro, porque en este país no hay tiempo para hacer nada. No se puede hacer otra cosa que volver siempre mañana, eternamente futuro”.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
21Juan azaceta 21/08/2012 | 18:32
No es que los servicios andaluces sean especialmente incompetentes. Esta es una jugada de los listos socialistas que les malgobiernan. Se trata de contener el numero oficial de parados en Andalucía.
20falcata 21/08/2012 | 16:34
Pues yo debo ser la excepción que confirma la regla, cuando he necesitado ir al INEM, o al DNI, he pedido cita, me la han dado, y en media hora tenía los trámites hechos. Al menos en Madrid y en las oficinas que me correspondían.
Así que para cuando se critica a los funcionarios, también hay que decir la parte buena. Me ha atendido gente muy amable, eficaz y eficiente.
19hans krankl 21/08/2012 | 14:39
Las citas previas, en las Oficinas de Empleo o de Extranjería, no funcionan, no valen para nada.
Al final, tienes que ir a la cola a las 6 de la mañana a ver si consigue que le atiendan ese día.
En cuanto a la cita previa del DNI pues tres cuartos de lo mismo cuando llega el verano [salvo que conozcas a alquien que te cuele].
18el padrinet 21/08/2012 | 14:05
Esto esta mal montado, el Gobierno debería crear una lista electronica de pre-paro y dejar darse de alta a medida que se vayan creando empleos, de esta forma el número de parados nunca aumentara, siempre habran los mismos. Que un dia hay doscientas altas de empleo, entonces entros los 200 primeros de la lista del pre-paro. Asi de esta forma convencemos a los alemanes que no hacen falta más recortes porque estamos conteniendo el paro.
Matacán es el blog de Javier Caraballo en El Confidencial, desde donde abordará la actualidad política y social andaluza. A lo largo de las tres últimas décadas, Caraballo ha pasado por distintos medios de comunicación de prensa, radio y televisión, y en especial en El Mundo en Andalucía, donde ocupó el cargo de redactor jefe. En la actualidad, colabora con las tertulias de Onda Cero Herrera en la Onda y La Brújula.