No, verá, es al contrario. Antes de decir nada, antes de compartir conmigo, con su compañero de trabajo, con su vecino, lo que todos estamos pensando -la atrocidad del crimen cometido, el escalofrío de calcular la extraordinaria crueldad de un padre con sus dos hijos pequeños-, antes de irritarnos por el engaño de la última sonrisa inocente que desde hace un año recreamos en fotos y pancartas, antes de que el estómago se haga un nudo, antes de soltar un exabrupto, deténgase usted también y repare en todo lo que ha rodeado, todo lo que rodea aún, la desaparición de los niños Ruth y José, hace casi un año, en Córdoba.

Mire hacia atrás, miremos hacia atrás, y comprobaremos que éste que se señala ahora, el error de la Policía Científica al analizar los restos en la hoguera, no ha supuesto sino el último de los despropósitos del caso; es más, ni es el único ni es, desde luego, el más grave de todos los cometidos. Mire hacia atrás y haga memoria, porque algo está pasando y, cada vez que un suceso de esta naturaleza conmociona a la opinión pública española, el resultado es una enorme frustración social. Ahora, con el presunto asesino en la cárcel y el juicio aún por celebrar, no hay más que ponerle oído a la calle, a los medios de comunicación: otra frustración más, otro desencanto más. Ya es inevitable.
Mire hacia atrás, sí, supere la indignación del momento y pregúntese por qué ocurre todo esto. No vaya a creer que la respuesta es fácil, porque en una sociedad como ésta en la que vivimos, interconectada en cada rincón, lo normal es que la noticia de la desaparición de unos niños pequeños se convierta, al instante, en motivo de preocupación para todos. El suceso adquiere entonces una magnitud desconocida en cualquier otra época precedente y es ahí, justamente ahí, donde comienza la cadena de despropósitos, porque la presión social lo desfigura todo: la Justicia, la Fiscalía, la Policía, los medios de comunicación, la política…
También le afecta a usted, sentado frente al ordenador o delante del televisor; le afecta a su criterio, a sus conclusiones. Cada uno de los elementos que participan en un drama como el que nos ocupa se desborda, deja de funcionar correctamente. Por los defectos de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que es de hace dos siglos; por las carencias de la Policía Judicial; por los excesos de muchos medios de comunicación… Un cúmulo, más allá de un error. Es, precisamente, lo que ha vuelto a suceder en este caso. Y vemos al juez dictando la instrucción de nuevas pruebas, con el detenido esposado y rodeado de una multitud de cámaras y fotógrafos de prensa alertados previamente de la cita; y vemos al fiscal del caso participando en uno de los incalificables programas de telebasura que enfangan sin pudor todos estos sucesos; y asistimos a la filtración continuada del secreto del sumario analizado, palabra por palabra, como certeza variable, sin el menor rigor.
Cualquier experto penalista coincidirá en que la investigación criminal es tan delicada que precisa, ante todo, de seriedad, serenidad y discreción. En España, sucede todo lo contrario. El funcionamiento de la Policía, de la Justicia y también de los medios de comunicación se distorsiona y amplifica de tal forma que lo único asegurado es que cualquier investigación acabe en una gran frustración.
¿El error de la Policía Científica? Detengámonos, miremos hacia atrás, porque eso es lo menos relevante. Lo que ha ocurrido, según se cuenta desde dentro de la investigación, es tan sencillo de entender como un desencuentro o, si se quiere, una descoordinación entre la Policía Judicial, que investiga el caso, y la Policía Científica, que analizó las pruebas obtenidas en uno de los múltiples rastreos de la finca en la que, presuntamente, fueron enterrados e incinerados los cadáveres de los niños.
Si algo ha defendido desde el principio la Policía que ha investigado el caso es esta hipótesis que ahora se confirma: que el padre, un tipo frío y calculador según los psiquiatras, nunca perdió a sus hijos en el parque, sino que los mató y enterró en la finca familiar. Ha sido, según parece, el malestar de esos policías con el informe de la Policía Científica, unido al tesón de la madre, el que ha provocado la elaboración de dos informes nuevos, con los resultados ahora conocidos. Con el presunto asesino en la cárcel y los hechos supuestamente esclarecidos casi en su integridad, no se puede considerar que ésta sea la historia de un fracaso policial. Si desde ayer ese error en un informe nos parece la historia de un ridículo internacional, no es más que un síntoma inequívoco de un despropósito mayor. Ese es el despropósito que, parte a parte, tenemos que revisar.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
13guiofarma 28/08/2012 | 18:05
#4 Como decía Einstein, el universo y la estupidez humana son las únicas cosas infinitas y de la primera hay dudas.
A este individuo biológico llamado Breton, se le han encontrado varias mentiras flagrantes en su declaración: Mintió al decir que llevó a los niños al parque, mintió en las horas de las llamadas, mintió al decir con quien había quedado en el parque. Aceptado es que fué el último que estuvo con ellos en esas 4 horas en la finca, hizo un fuego cuyo excesivo calor salto las alarmas del INFOCA, dijo que había quemado apuntes de la carrera de su ex mujer, y alli estaban todos enteros......aparecen huesos humanos de dos individuos de las edades exactas de los dos niños desaparecidos. Y todavía hay tontoprogres que dicen que son cosas circustanciales!!! Definitivamente hay mas tontos que perros descalzos!
Pido la incorporación inmediata de España como parte del Estado de Texas y con todas sus leyes en vigor aquí. Y ya si puede ser con su petroleo, miel sobre hojuelas
12Meizoso de As Pontes 28/08/2012 | 13:21
Lo que acongoja es escuchar al ministro diciendo que "a cualquier escribano le cae un borrón" justificando el escandaloso error de esos funcionarios[como él] "científicos".Si fuese el error en personas ajenas al funcionariado las cosas serían tratadas en términos de irresponsabilidad,especulación,burbuja,licencia,carencia de autorización administrativa etc.
Pero lo seguro es que la empresa que metiera la pata pondría en la calle a tales "científicos" lo que aqui con toda seguridad no ocurrirá pues ellos entraron por "concurso-oposición" y los que sufren y pagan no son funcionarios.Me imagino que esos científicos salen cada día con el polo negro protestando por los recortes y defendiendo los servicios públicos "de calidad".Tiene narices.
10cubillo1940 28/08/2012 | 11:31
Para mi, la mayor prueba [desgraciadamente teórica], de que este tío ha matado a los niños, son sus propias palabras diciendo que el "acostumbraba a quemar allí a los perros y gatos", como si ello fuera una costumbre habitual de todo españolito con finca.
En cuanto al resto de la noticia, completamente de acuerdo en los desajustes entre los diferentes departamentos con sus respectivas inquinas cuyo origen siempre tiene a la politica perversa y la aprofesionalidad en su cometido.
9Alehoop 28/08/2012 | 10:56
#3 " por que se consideran como pruebas irrefutables lo que solo son pruebas circunstanciales?"
Hay pruebas "circunstanciales" y circunstanciales.
Si hay un asesinato en la plaza mayor de Madrid y usted estaba allí es una prueba circunstancia débil.
Si desaparecen sus dos hijos y en su finca VEN LOS VECINOS UNA HOGUERA EN ESA FECHA y en los restos de la misma aparecen dientes de una criatura de 6,22 años [la misma edad de su hija], se considera una prueba "circunstancial" FORTISIMA.
¿No le parece?
Tan "circunstancial" que le van a caer un montón de años a ese hijo de puta.
Matacán es el blog de Javier Caraballo en El Confidencial, desde donde abordará la actualidad política y social andaluza. A lo largo de las tres últimas décadas, Caraballo ha pasado por distintos medios de comunicación de prensa, radio y televisión, y en especial en El Mundo en Andalucía, donde ocupó el cargo de redactor jefe. En la actualidad, colabora con las tertulias de Onda Cero Herrera en la Onda y La Brújula.