Miércoles, 1 de mayo de 2013

Javier Caraballo

MATACÁN

El regreso de la política de las ocurrencias

11/09/2012
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España es consecuencia de dos disparates simultáneos: un modelo de Estado inacabado y una clase política que ha aventado el desequilibrio a lo largo de treinta años. En todo momento, el diseño del modelo de Estado ha sido pólvora para el fuego cruzado del interés partidario. Cada cual con su responsabilidad, claro, porque es muy fácil constatar en un repaso histórico que fue el PSOE quien comenzó ese camino con el referéndum andaluz de 1980; ahí quedó demostrado que esa agitación podía tumbar a un Gobierno, como aquel de la UCD, y todas las estrategias a partir de entonces han utilizado ese zarandeo, fueran cuales fueran las consecuencias futuras, muchas de ellas aún por determinar. Como las de la última andanada autonomista, la oleada de reformas estatutarias que comenzó en Cataluña con el tripartito y se fragmentó luego en múltiples reclamaciones de ‘competencias exclusivas’ de ríos, de servicios públicos, de parques y hasta de cantes como el flamenco en Andalucía.

Fue una época aquella en la que todos los días se le buscaba un calificativo, cada cual más disparatado, al engendro español, desde aquella “nación de naciones” del presidente Zapatero hasta el “país de ciudades”, como propuso el entonces alcalde de Sevilla que se denominara oficialmente Andalucía. O el ‘sudoku’, como acabó llamándolo Pedro Solbes antes de desaparecer y que de él nunca más se supiera. Todo aquel fru-frú de tonterías diarias, que ahora nos puede parecer tan lejano, tan superado, sigue, sin embargo, instalado en la realidad política de España y sigue marcando el ritmo de los acontecimientos. Y, por supuesto, no ha calmado las periódicas campañas independentistas, como se podrá ver hoy mismo en la Diada de Cataluña “más soberanista de la historia”, según vienen festejando sus líderes.

Un partido que acumula tanto poder no puede despeñarse, como está ocurriendo, por una catarata de declaraciones, idas y venidas, con cada presidente autonómico lanzando propuestas a su aire, unas sensatas y otras desquiciadas.Con la perspectiva que se quiera y desde el ángulo que se elija, la cuestión es que todo el que se detenga a mirar España estos días acabará entendiendo al poco que, si graves son las dificultades de la crisis, más inquietantes son las perspectivas de que podamos encontrar una salida sin tropezar antes en las mil trabas dispuestas por el doble disparate de antes, un modelo de Estado inacabado y una clase política dispuesta a agitar cualquier tensión territorial que le reporte votos. Pensemos, por ejemplo, en un mero detalle de comparación con los países vecinos: un programa de reformas profundas, estructurales, que quiera aplicar en su país el presidente francés, François Hollande, o el presidente italiano, Mario Monti, siempre tendrá más garantías de salir adelante que el mismo intento proclamado por Mariano Rajoy. Ése es el hecho diferencial español.

Es verdad, como queda dicho, que sería injusto medir por el mismo rasero en el devenir histórico a todos los partidos, a todos los políticos; sí, pero parece igualmente evidente que la mayor responsabilidad en este momento reside en quien tiene en sus manos el gobierno, no sólo de España, sino de la inmensa mayoría de las comunidades autónomas y de los principales ayuntamientos. Un partido que acumula tanto poder no puede despeñarse, como está ocurriendo, por una catarata de declaraciones, idas y venidas, con cada presidente autonómico lanzando propuestas a su aire, unas sensatas y otras desquiciadas. Uno anuncia que reducirá el número de diputados, mientras que el otro se niega a asumir el incremento del IVA en la cultura y un tercero propone dejar sin sueldo a los políticos.

Y enfrente, nada, ninguna propuesta general, ningún ánimo global, ninguna previsión de que se quiera aprovechar la gravedad de la crisis para resolver la deuda pendiente que tiene España consigo misma, con autonomías y descentralización pero con sentido común y con lealtad. Un modelo de Estado que nos devuelva a la lógica, a la eficiencia y a la eficacia en la gestión pública. Nada. Lo que vemos es lo que hay. Política de empellones, estrategias de charlas de café. O, como se le achacaba a Zapatero, política de ocurrencias. En esas estamos otra vez.

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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5ciudadanomedio 11/09/2012 | 18:39

Excelente descripcion de la situacion D. Javier.

Un placer leerle.

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4Relámpago 11/09/2012 | 13:52

#1 Algo fuerte es la respuesta que ha dado Ud. al periodista que ha escrito el artículo.

Tal vez no sea nada nuevo, pero está escrito con sensatez y con respeto hacia el posible devenir de los acontecimientos futuros.

Claro está que si habla de los bamboleos de Cataluña o del "piñón fijo" que mueven las provincias vascongadas, la participación de los foreros se vería incrementada de forma perceptible.

Pocas cosas se pueden decir que, ya, no hayamos oído...

Una que no hemos oído nunca es:

"¡¡¡ESTAMOS ARRUINADOS!!!"

NUEVAMENTE EL SOCIALISMO, Y LOS LADRONES, NOS HA HUNDIDO EN LA MISERIA...

Saludos.

..

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3doblelectura 11/09/2012 | 13:30

Yo no veo ajustado el calificativo de ocurrencias a las definiciones sobre España, leidas en este articulo, que son simplemente "maldades diabólicas".
Si queremos "descafeinar" lo que no aceptamos, inventamos eufemismos y pongo ejemplo con lo que toda la vida ha sido un "MARICON" y que dignificamos con "guey". RETRETE por WC. MORO si es pobre, ARABE si es rico, sin pararnos a considerar su esencia.
Asi se construye una realidad virtual de lo que es [ en este caso ESPAÑA], por un cortijo de la casta partitocrática, en donde,sus pesebres siempre estén repletos.
Pues yo me basaré en estos eufemismos para lanzarles el mio: No sois "chorizos" sois simplente "butifarras"

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2observando 11/09/2012 | 10:32

Sí señor Caraballo, cuyos sensatos comentarios ya conocemos desde Onda Cero, a la mayoría de los españoles nos gusta la frivolidad, preferimos nos mientan siempre que nos den en el gusto, y somos luego olvidadizos y catetos por naturaleza, tribales. Nos fiamos más de los cercanos, los de nuestro pueblo, aunque eso no nos conduzca a una vida mejor, porque somos un tanto cainitas. Si no estamos alineados hasta el fanatismo con una corriente determinada, nos sentimos desamparados, lo que nos lleva a menospreciar a corrientes distintas.

¿Puede entenderse que el partido que nos gobierna ganara unas elecciones por mayoría absoluta hace menos de un año y ya muchos que les votaron le hayan retirado su confianza, aun sabiendo que los recortes y sacrificios estaban cantados? Somos especialistas en exigir cambios y mejoras, pero siempre que las pague otro. Si me tocan lo mío, ladro y si es preciso, muerdo.

Este sentir localista, receloso y egoista que está muy extendido, no va a permitir afrontar pronto y con éxito [para reducir el gasto público] la reforma de la estructura politica y administrativa de nuestra España. Tanto costó su unidad que su actual desintegración es lamentable.

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1slocum 11/09/2012 | 09:12

Vaya kk de colaboración. Lo que dice lo sabe hasta Rajoy, que ya es decir.
Traiga algo nuevo u original que para eso cobra.

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Matacán es el blog de Javier Caraballo en El Confidencial, desde donde abordará la actualidad política y social andaluza. A lo largo de las tres últimas décadas, Caraballo ha pasado por distintos medios de comunicación de prensa, radio y televisión, y en especial en El Mundo en Andalucía, donde ocupó el cargo de redactor jefe. En la actualidad, colabora con las tertulias de Onda Cero Herrera en la Onda y La Brújula.

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