Lunes, 20 de mayo de 2013

Javier Caraballo

MATACÁN

Tú declaras la independencia, yo monto una churrería

27/09/2012
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Podemos volver a Ortega, y recontar otra vez que ya entonces el problema de Cataluña quemaba en las manos de los asuntos de Estado. Podemos volver a su frase, a decir que sí, que la construcción de la nación española es tan compleja que, a veces, como ocurre con Cataluña, la aspiración de futuro sólo sea conllevarse. Podemos entenderlos, debemos entenderlo, porque una nación que se decanta a lo largo de 3.000 años de historia no puede aspirar a más cosas que ésa, la sensatez de conllevarse entre pueblos que tienen las raíces distintas hundidas en la historia. Podemos volver a Unamuno, a Antonio Machado, aquellas cartas que se cruzaban y que hoy tendrían la vigencia de entonces por la irritación que provocaba en los españoles que no viven en Cataluña las exigencias abusivas de financiación. “La cuestión de Cataluña, sobre todo, es muy desagradable (…) Creo con don Miguel de Unamuno que el Estatuto es, en lo referente a Hacienda, un verdadero atraco, y, en lo tocante a Enseñanza, algo verdaderamente intolerable. Creo, sin embargo, que todavía cabe una reacción en favor de España, que no conceda a Cataluña sino lo justo: una moderada autonomía, y nada más”.

Es la sociedad catalana la que tiene ante sí un desafío, la única que puede frenar el discurso mentiroso de los nacionalistas catalanes devenidos en independentistas. Es mentira que España le robe a Cataluña, a no ser que aceptemos igualmente que los españoles, catalanes incluidos, le robamos a Alemania o a Holanda

Podemos remontarnos treinta años atrás y seguir, paso a paso, la historia entera que hemos vivido desde la Transición, los sobresaltos continuos de desafección, las negociaciones presupuestarias que se saldaban siempre con inversiones extraordinarias, el consabido eterno de que las mayorías en el Congreso se establecían con cesiones a los nacionalistas catalanes o vascos. Podemos girarnos hoy mismo y repasar las declaraciones constantes que fijan la culpa en el otro, “no nos entienden”, la “fatiga de España” y todo eso que se repite para justificar las proclamas encendidas, para sustentar los discursos de independencia. Podemos repasar otra vez los argumentos y los balances económicos, pero hemos llegado a un punto en el que la duda ahora es otra. ¿Cómo debemos reaccionar ante la declaración de independencia de Cataluña? ¿De verdad merece la pena seguir en este debate? Esa es la duda.

Porque llegados a este punto de la historia, en el que la crisis económica y la gravedad del momento nos hacen contemplar los asuntos con la claridad de quien se ve al borde de un abismo, ya no hay fuerzas ni necesidad de enredarse de nuevo en un debate de palabras gastadas. Que es la sociedad catalana la que tiene ante sí un desafío, la única que puede frenar el discurso mentiroso de los nacionalistas catalanes devenidos en independentistas. Es mentira que España le robe a Cataluña, a no ser que aceptemos igualmente que los españoles, catalanes incluidos, le robamos a Alemania o a Holanda. Es mentira que la quiebra de las arcas catalanas sea producto de un déficit de financiación con el Estado, porque hay otras comunidades, con mayor déficit fiscal que Cataluña, que no atraviesan los mismos problemas de financiación. Y es mentira que la independencia sea la solución de Cataluña, porque Europa no abrirá nunca esa caja de Pandora y porque no es posible pensar en un país como Cataluña que sobreviva de espaldas a España y a Europa. No son los andaluces, los murcianos, los madrileños o los gallegos los que tienen que resolver el futuro de Cataluña; son los catalanes, la sociedad catalana, la que única que puede pronunciarse. La única que debe pronunciarse. Lo demás, vendrá después. Y, por tanto, hasta entonces, que hable Cataluña. No vale la equidistancia; el seni catalán (el sentido, la cordura) ha saltado por los aires.

El otro día, cuando la declaración formal de Artur Mas en el Parlament de Cataluña para adelantar las elecciones y precipitar el referéndum de la independencia, saltó a los medios de comunicación una noticia paralela: una churrería de Madrid, la famosa San Ginés, anunció que había abierto una sucursal en China. Y estaba ahí la respuesta, la normalidad con la que debemos contestar este debate persistente que ni tiene solución ni tiene salida mientras no se establezcan los denominadores comunes de la lealtad, sin la cual se hace imposible cualquier entendimiento entre desiguales, la solidaridad, sin la que no existe civilización, y la globalización, sin la que es imposible adaptarse a los retos que nos impone el siglo que vivimos. ¿De verdad merece la pena seguir en este debate? Esa es la duda. Fatiga, supongo. Tú declaras la independencia y yo monto una churrería. Que la vida sigue.

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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72jogonza 29/09/2012 | 14:02

#53 Desde Barcelona y con 30 años de trabajo en la docencia oficial, digo que es absolutamente cierto que el trabajo de zapa que se ha hecho, ha sido planificado y concienzudo. Como anécdota recuerdo que, en cierto momento, a un alto responsable de la administración catalana se le ocurrió la brillante idea de "catalanizar" nombres y en mi caso, de paso, mi primer apellido.

Parece que la crisis, que ha hecho creíble la idea de que hablar catalán -incluso "Cataluz"- facilita ventajas o evita infortunios, ha proporcionado sorprendentes adeptos a "la causa". El hecho de que esta forma de observar la realidad social implique la aceptación de diferencias de derechos individuales, al margen de la legalidad, ha facilitado el protagonismo de los que apenas lograron algo más que un descalabro en las urnas.

La gran pregunta sería a mi entender ¿Qué esperas tú obtener de todo esto? Porque resultaría sorprendente descubrir a estas alturas que el "sentiment" pase por la izquierda y por la derecha al "seny", en una sociedad formada principalmente por trabajadores que, cuando dejaron su lugar de nacimiento, no buscaba una nueva patria, sino un trozo de pan.

¡Qué malo es el olvido!

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71Andaya 28/09/2012 | 11:53

Bueno si hay secesión, habrá que definir los términos de la separación. El control del Ebro, el paso de la Junquera, la mitad de Barcelona, toda Tarragona, todo el pirineo leridano... seguirán siendo parte de España. Luego además los que se escindan deberán pagar un canon de compensación al resto de España y hacer frente a la parte alícuota de deuda nacional que les corresponda ademas de su propia deuda regional.

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70gonsos 27/09/2012 | 23:56

Espero que sepan reconocer el HECHO DIFERENCIAL, LA LENGUA Y CULTURA PROPIA Y EL HISTÓRICO DERECHO DE AUTODETERMINACIÓN [tono irónico] del Valle de Arán y por tanto poder elegir si quieren seguir perteneciendo a Cataluña, ser otra nación o pasarse a España. Les recuerdo por si no lo han estudiado en sus sesgasgadas clases de historia del colegio que El Valle de Arán decidió el solito no ser francés y por tanto tiene el mismo derecho a elegir que ustedes. ¡¡ESTARÍA BUENO!!

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69Gonsos 27/09/2012 | 23:36

#63 Ya y yo por mi parte quiero una torre de la Sagrada Familia y la parte correspondinente a mi PIB de las obras de Dalí que hay en el museo. Es que me gusta mucho. ¡¡LO QUE HAY QUE LEER!!!!
Razonar con un nacionalista es como un debate sobre la evolución entre un creacionista y un paleontologo.

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68witiza 27/09/2012 | 23:23

A mi lo que sientan y quieran los catalanes me da igual. Que se cumpla la ley. Que hagan campaña EN EL RESTO DE ESPAÑA [no en España] para explicar porqué deben de independizarse. Yo desde luego votaré a favor. Perderemos todos, catalanes y resto de españoles, pero es dificil convencer a una apoblación a la que se le ha lavado el cerebro durante 30 años de que una nación de 7 millones de personas no es nadie en el mundo, de que el siglo XXI va a ser muy chungo, de que la UE se descompone y nos vamos a quedar muy solitos, pegados a un África que doblará su población en los próximos 20 años.
Perdemos demasiadas energías con los nacionalismos. Deberíamos ser la primera nación de Europa, y nos agotamos en naderías.
Y ello sin hablar de un siglo XIX proteccionista para gloria de la industria textil catalana y de la del acero vasca. Podríamos repasar largo y tendido porqué se industrializó Barcelona y no Málaga, pero no vale la pena, porque esto ya no es un problema de justicia, ni de lógica. Es muy cansino argumentar con quien no quiere oir; así que dejémonos de rollos: LEY. Porque si nos saltamos la ley sí que abrimos la caja de pandora, amiguetes. Nadie prudente levantaría esa tapa.

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Matacán es el blog de Javier Caraballo en El Confidencial, desde donde abordará la actualidad política y social andaluza. A lo largo de las tres últimas décadas, Caraballo ha pasado por distintos medios de comunicación de prensa, radio y televisión, y en especial en El Mundo en Andalucía, donde ocupó el cargo de redactor jefe. En la actualidad, colabora con las tertulias de Onda Cero Herrera en la Onda y La Brújula.

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