La gran mentira de la banca

La piedra de Sísifo de esta crisis es el saneamiento de la banca. Llega la roca hasta la cima, que era el objetivo, y se vuelve
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    La piedra de Sísifo de esta crisis es el saneamiento de la banca. Llega la roca hasta la cima, que era el objetivo, y se vuelve a caer por su propio peso hasta el valle. De nuevo, vuelta a empezar; otra vez a cargar con la piedra hasta la cima. Así un rescate tras otro, en una sucesión infinita de noticias que alertan de agujeros y necesidades urgentes de provisión de fondos que, cuando se satisfacen, generan informes y auditorías que hablan de saneamiento hasta que, al poco, aparecen otra vez las luces rojas que reclaman un nuevo esfuerzo, nuevas ayudas.

    La condena es ese círculo vicioso en el que nos han metido a todos, porque el saneamiento recae sobre las espaldas de todos; porque podemos vernos como los Sísifos de esta crisis condenados, sin saber por qué, a subir hasta la cima del monte con la pesada carga de la deuda bancaria que volverá a rodar hasta la base cuando ya esté en la cumbre.

    En el engaño de la realidad del sistema financiero español siempre se recuerda aquella intervención del presidente Zapatero cuando, en octubre de 2008, ya con la crisis en todo lo alto, se reunió con inversiones y banqueros de Nueva York para decirles que "la senda del crecimiento en España estaba cerca" porque el país "quizá cuenta con el sistema financiero más sólido de la comunidad internacional" ya que "tenemos un sector inmobiliario fuerte que ha sufrido un frenazo, y, sin embargo, no tenemos hipotecas subprime". En suma, que la banca española jugaba en la Champions League.

    Por no existir no existen ni estimaciones aproximadas sobre cuánto ha costado realmente el rescate de la banca española ni cuánto más se va a necesitar para completar el agujero inmenso que se ha ido descubriendoPor mucho que esas palabras, en boca de un presidente del Gobierno, sigan provocando espasmos de irritación, la verdad es que, con la experiencia de lo vivido, podemos pensar que, en realidad, Zapatero no era sino la expresión más visible de un sistema experto en camuflar su realidad. Y en esa tarea han sido muchos los que han participado, desde el Banco de España hacia abajo, hasta aquellos que se forraban con dietas en los consejos de administración de las cajas de ahorro; aquí se han pasado años falseando balances.

    Algunos ya se han conocido, como las decenas de anomalías que el Banco de España detecto e ignoró en Caja Madrid, y lo que se presume es que esa realidad ficticia se mantiene, como atestiguan las nuevas provisiones de fondo que se exigen ahora para hacer frente a los créditos fallidos y camuflados. Lo extraordinario es que todo esto haya ocurrido y no existan ya una docena de procesos judiciales abiertos para demandar explicaciones en todas las entidades financieras, bancos y cajas de ahorro, que se han pasado años engañándonos a todos.

    Por no existir no existen ni estimaciones aproximadas sobre cuánto ha costado realmente el rescate de la banca española ni cuánto más se va a necesitar para completar el agujero inmenso que se ha ido descubriendo. Por no existir, en fin, ni siquiera existe la certeza de que ese rescate mil millonario vaya a ser devuelto, como se prometió, en vez de acabar, como parece, enjugado en las arcas del Estado como ayudas a fondo perdido.

    Salvo los abanderados del movimiento antisistema, nadie en su sano juicio puede pretender que, a pesar de la crudeza de estas evidencias, un Estado deje de apoyar un sistema financiero que corre el riesgo de caerse, porque esa caída nos arrastra a todos. Pero la forma más sutil de un proceder antisistema es esta que le oculta la realidad a los ciudadanos y luego sustrae del propio sistema las responsabilidades cometidas. Dejar impune un engaño así también es salirse del sistema.

    "Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza", resume Albert Camus su interpretación del mito de Sísifo, en la que incluso acaba encontrando la satisfacción última del que no tiene otro destino que la certeza de su eterna vuelta a empezar.

    No es el caso, la angustia aquí nace del trabajo inútil y sin esperanza. Mírese usted. ¿De verdad que no siente esa roca sobre sus espaldas, en sus desvelos, en su desolación de una crisis a la que no se le ve el final? La estamos arrastrando, sí, y no sólo porque el saneamiento de la banca se vaya a dividir entre cada uno de nosotros, los contribuyentes, sino porque en el círculo vicioso en el que se ha instalado la crisis de sistema financiero español, esta condena de volver a empezar acarrea un amargor que se atraviesa en la garganta. ¿Es que no vamos a conocer nunca la verdad? Ni siquiera a Sísifo lo condenaron a tanta ignorancia.

    Matacán
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