'El alcalde de la polla' y su honor

Se inició un proceso judicial, por presuntos delitos de prevaricación, malversación de fondos públicos y amenazas, y la juez que lo instruía ha decidido archivarlo todo al considerar que no está justificado

Foto: Diego Manuel Agüera, alcalde de la Algaba, ha negado que haya amañado algún contrato y ha achacado a una trampa-trampa la grabación que se realizó. (EFE)
Diego Manuel Agüera, alcalde de la Algaba, ha negado que haya amañado algún contrato y ha achacado a una "trampa-trampa" la grabación que se realizó. (EFE)

'El alcalde de la polla' ha sido absuelto y antes de que él mismo lo pida, vamos a hacernos la pregunta: ¿debemos pedirle perdón? Por su honor dañado, por un proceso judicial que al final acaba en nada. ¿Se lo merece? Antes, rebobinemos, situémonos: La Algaba, provincia de Sevilla, año 2013, reunión del alcalde del pueblo, el socialista Diego Manuel Agüera, con una empleada municipal, también socialista. La reunión se prevé que va a ser bronca porque hasta los oídos del alcalde ha llegado la noticia de que el marido de esta empleada municipal quiere montar una empresa y asociarse con un gran adversario suyo, el ex alcalde de Izquierda Unida, José Luis Vega.

Se trata, por tanto, de una llamada al orden, propia de estas latitudes de férreo control clientelar. ¿Qué es eso de darle oxígeno a un adversario político, y además de Izquierda Unida? Tan grande es la pugna, que los socialistas llegaron incluso a aliarse con el único concejal del PP que hay en ese pueblo para arrebatarle la alcaldía a Izquierda Unida, traicionando el pacto de gobierno que tenían; tan grande es la rivalidad que ni siquiera se diferencia del odio. En esas, llegan los rumores a los oídos del alcalde y se produce la reunión en la que se van a poner las cartas sobre la mesa.

"Hay más de cuarenta empresas y se las di a tu padre. Y se le dio porque me salió a mí de la polla"

El tono del alcalde, desde el principio, es propio de ‘tu quién te has creído que eres’. Pero lo dice de otra forma, más contundente aún: “Aquí hay que estar, no a mis pies, sino a los pies del PSOE”. Y a partir de ahí le recuerda a la militante díscola que si su padre, empresario local, ha recibido un sustancioso contrato de 140.000 euros del Ayuntamiento ha sido gracias a él, no por otro motivo. “Hay más de cuarenta empresas y se las di a tu padre. Y se le dio porque me salió a mí de la polla”. Todo eso se conoce por la existencia de una grabación que trascendió a través del diario El Mundo y que le valió el apodo de 'el alcalde de la polla' en toda España. Se inició un proceso judicial, por presuntos delitos de prevaricación, malversación de fondos públicos y amenazas, y la sorpresa ahora es que la juez que lo instruía, en una resolución del 10 de julio, ha decidido archivarlo todo al considerar que no está justificado que se perpetrasen los delitos de los que se acusaba al alcalde.

De hecho, la prueba fundamental que existía, la grabación, se quitó del sumario porque se consideró ilegal y, por tanto, nula. Cuando eso sucedió, en abril pasado, el proceso ya comenzó a desmoronarse porque se borró del sumario la grabación, cualquier transcripción total o parcial que se hubiera realizado, todas las pruebas "obtenidas a través de la misma” y las diligencias practicadas que estuvieran conectadas con la misma. Ese auto de anulación, por cierto, lo dictó, como ponente, la juez Mercedes Alaya, desde su nuevo puesto en la Audiencia Provincial de Sevilla.

Desde el primer día que se conoció su famosa frase, el alcalde de La Algaba dijo lo que suelen decir todos los que son pillados en un renuncio parecido: que la frase se había “sacado de contexto” (como si hubiera algún contexto en el que una frase así pudiera considerarse una expresión de cariño) y que, en realidad, todo se debía a una “trama-trampa” (la muy manoseada teoría de la conspiración) ideada por el ex alcalde de Izquierda Unida. Luego pidió disculpas por su frase desafortunada y remarcó que todo estaba “bajo el paraguas de la legalidad”. Ahora que se ha archivado la causa, es probable que el propio alcalde de La Algaba o algún dirigente del PSOE andaluz repita esto mismo y exija disculpas a quienes le han criticado y a quienes le han hecho pasar por los tribunales. Por eso la pregunta, ¿se le debería pedir perdón al alcalde? Es, de hecho, lo mismo que solicitan otros acusados de corrupción cuando obtienen sentencias favorables como esta, por el archivo de las denuncias o porque no se terminan demostrando las acusaciones. Sin salir de Andalucía, recientemente se ha pedido perdón tras la absolución de todos los implicados en la pieza política del escándalo de Mercasevilla, pero hay más.

Agustín Rivera. MálagaAgustín Rivera. Málaga

El consejero de Cultura que colocó como director de Flamenco a un dirigente del PSOE que ni siquiera iba por el despacho, que ni sabía donde estaba, o la delegada de Empleo de Jaén que fue grabada cuando arengaba a los trabajadores públicos para que se movilizaran a favor del PSOE si querían conservar el trabajo. Los dos quedaron absueltos y para los dos se exigieron disculpas. Lo mismo que le puede ocurrir a la presidenta de una de las sociedades de inversión de la Junta de Andalucía, Invercaria, grabada cuando aleccionaba a un funcionario sobre cómo hacer las cosas en la Junta de Andalucía: “Si me comprometiera con la ética, no estaría trabajando en esta organización”.

Todos esos casos, aunque acaben en nada en los tribunales, repiten siempre el mismo patrón político de clientelismo y de sectarismo, el que expresaba el alcalde de La Algaba, “hay que estar a los pies del PSOE”. Porque como decía uno de los procesados de la pieza inicial de Mercasevilla (que sí ha sido condenado, porque en ese proceso no se anuló la grabación), “La Junta de Andalucía tiene normalmente un esquema de funcionamiento muy simple: yo colaboro con quien colabora”.

Ese esquema de funcionamiento es cultura de partido, modus operandi, y se aplica por igual en todas partes, desde las altas esferas de la administración andaluza hasta el último municipio gobernado por el PSOE de Andalucía, pasando por las empresas públicas o las fundaciones. ¿Hay que pedir perdón? Ni en Andalucía, ni en ningún otro lugar en el que la hegemonía política haya degenerado en arbitrariedad y clientelismo, hay que pedir perdón por una absolución judicial. Por distintos motivos que tiene que ver con las garantías de un Estado de Derecho, no todos los vicios políticos tienen correspondencia penal. Pero vicios, son. En consecuencia, al 'alcalde de la polla' le corresponde el mote plenamente.

Matacán

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