Los cronistas de la época cuentan que mientras España perdía los últimos hitos del imperio colonial -Cuba y Filipinas- las plazas de toros seguían llenas, los cafés de las grandes urbes a rebosar y la vida transcurría con la indolencia propia de la Restauración. En particular, respecto de un asunto de Estado que marcaría la política nacional durante el primer tercio del siglo XX: la forma de integrar en la vida política a las nuevas clases emergentes. Pocos, muy pocos, se percataron de lo que representaría para el país la pérdida de sus últimas colonias y el nuevo tiempo que se venía encima. Sin duda, heredero de aquella desidia nacional.
El debate sobre la necesidad de elevar la presión fiscal de los grandes patrimonios evoca aquella época. La España mediática y política parece obsesionada con recaudar poco más de 1.000 millones de euros (el 1,5% del déficit previsto para este año); mientras que, en paralelo, el mundo financiero está en guerra por falta de liquidez. Al fin y al cabo, la materia prima con la que trabajan las entidades de crédito. No hay dinero. O mejor dicho, nadie presta porque nadie confía que habrá devolución. Y sin crédito no hay actividad económica. Así de fácil. Pero en España lo importante es el Impuesto del Patrimonio.
La acción coordinada de los principales bancos centrales del mundo -prestando dólares- no es más que el reconocimiento de un fracaso largamente anunciado y hasta cacareado por los analistas. Las tripas de los bancos -los balances.- están llenos de agujeros, y eso es lo que en realidad penalizan los mercados. Ni siquiera las operaciones de agip-prop en forma de stress test han sido suficientes para embellecer los balances bancarios. Básicamente por una razón. El problema no es sólo de capital -que también-, sino, sobre todo, de solvencia. Y hoy por hoy muchas entidades altamente endeudadas no son capaces de pasar la prueba del algodón.
El FMI ha sugerido que la banca europea necesita una recapitalización de 200.000 millones para ser solvente, pero en realidad vuelve a ser una fuga hacia adelante si no se actúa sobre la partida de fallidos potenciales que se han alojado en los balances de los bancos a modo de enfermedad parasitaria. En el caso español, procedentes del ladrillo. Y cada día que pasa será más difícil resolver ese entuerto. El silencio encubridor de los bancos centrales sólo está retrasando la salida de la crisis. Y hasta que no haya una purga no hay duda de que la autoridad monetaria tendrá que seguir saliendo en auxilio de unos bancos incapaces de financiarse, lo cual sólo ahoga el crédito y ralentiza la actividad económica. Y en este sentido no estará de más recordar que desde el pasado 31 de mayo ninguna entidad española -ni siquiera los dos grandes- ha conseguido financiarse en el exterior ¿Quién da más?
El Banco central europeo (BCE) no nació para prestar dinero a los bancos, sino para garantizar la liquidez del sistema y controlar la inflación; y reconvertirlo ahora en un simple prestador de última instancia (la banca española debe 70.000 millones) sólo demuestra que han fracasado todas las estrategias desde que hace ahora tres años el mundo financiero se vino abajo tras la quiebra de Lehman Brothers. Y han fracasado por lo que decía Lasalle sobre la acción política, que siempre debía empezar por decir la verdad. No ha sido así, y estamos donde estamos, que diría Ortega. Unos bancos zombis atrapados en un mar de sospechas mutuas que impide que funcione con normalidad el mercado interbancario, que es en realidad donde deben financiarse las entidades de crédito.
Un forero de El Confidencial lo ha descrito de forma magistral. Las constructoras e inmobiliarias están en la más absoluta de las quiebras, con minusvalías latentes en sus activos muy superiores a sus fondos propios; con cuentas que salvan gracias a eufemismos de los auditores [cómplices necesarios]; con la aquiescencia culpable de las entidades financieras, que renuevan créditos de los que saben que ni tan siquiera van a cobrar los intereses con tal de no tener que provisionar y dejar en evidencia que ellos también están quebrados; con el silencio culpable del BdE que sabe que, si obliga a emerger todas las perdidas, se cae el sistema financiero y con el silencio culpable [y remunerado] de Gobierno y oposición, que apenas hablan de las verdades del barquero, que es mejor ir hacia unas quitas ordenadas que hacia una suspensión de pagos en cadena.
No hay mucho tiempo. Parece evidente que la opinión pública cada vez está menos dispuesta a ayudar a la banca tres años después de que saltara por los aires el sistema financiero y con una tasa de desempleo estratosféricamente alta. Ni siquiera ya se puede utilizar la artillería pesada que supone capitalizar los bancos vía presupuestos. El déficit es insostenible. Sólo hay un camino, y es desnudarse ante la autoridad monetaria y deshacer posiciones perdidas. De lo contrario, es muy probable que no sea la última inyección de liquidez. Inútil en todo caso para resolver el problema de fondo.
Como recordaba Howard Davies, antiguo subgobernador del Banco de Inglaterra, rememorando unas palabras de Churchill referidas a EEUU, “siempre puedes contar con que harán lo correcto... una vez que hayan agotado todas las alternativas posibles”. Y en eso estamos.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
4tim 16/09/2011 | 22:59
La cosa esta clara ,se trata de una maniobra electoralista del marrullero Rubalcaba,dirigida exclusivamentealos a los mas disminuidos psiquicos de sus seguidores, porque es un engaño.Los que van a pagar este impuesto, segun se ha visto en TV, va a ser la clase media, como siempre, los ricos de verdad no lo van a pagar ,estos tienen sus ICAV empresas que no van a entrar en este impuesto.Por lo tanto los ricos,ricos no van a pagar.
3Dr. Aragonz 16/09/2011 | 20:24
Siendo indiferente si fue anterior la chapuza y ella nos llevó a la locura o viceversa, el resultado es totalmente el de un penoso desperdicio de país, en el que es imposible creer o confiar en nada...
Se salvan, como siempre claro, los pocos individuos que actúan y funcionan al margen de lo comunal...
¡Qué pena de colectivos, qué basura de instituciones, qué delirio mierdero de deslegalidad!
Y todavía hay chiflados que se creen que votando tendrán regulación... Pobres payasos.
2el farero 16/09/2011 | 13:53
...realmente Sr Sanchez,no es de recibo que nos suelte toda su artilleria pesada,para decirnos que somos un pais de "cachondos mentales" que mientras los RICOS AUTENTICOS RICOS,evaden pagar los impuestos de los humildes clase media española,otros ricos en Estados Unidos,que si pagan todos lo impuestos se ofrecen para pagar "todavia mas"
....realmente Sr Sanchez,se le ha ido la mano mezclando liquidez,honor,ptriotismo y sobretodo BUENHACER.
1ignaro 16/09/2011 | 12:13
Es que en España hace ya más de 300 años que no sabemos de dónde nos vienen las tortas... exactamente desde que se falsificó la firma del testamento de Carlos II para hacer heredero de la Monarquía Hispánica a un Borbón, y no a un Habsburgo como era lo esperado y lo lógico.
Desde entonces vivimos en un permanente estado de realidad-ficción donde nada es lo que parece y en la que ya no tenemos demasiada capacidad de influir, como españoles, en nuestro propio destino, puesto que ni siquiera sabemos cuáles son las fuerzas que verdaderamente nos mueven...[la novela está bien, pero lo mejor es el informe grafológico que se adjunta como anexo]
Quise ser periodista para viajar; pero al final algo debió fallar y he acabado siendo una especie de tecnócrata del periodismo económico. No me quejo. Ello me permite aprender todos los días y contar lo que sucede. Sin apriorismos y sin necesidad de echar mano de los célebres espejos deformantes que colgaban del Callejón del Gato, y que tanto asombraban a Valle-Inclán. Nací en Madrid en el mismo año en que Bardem estrenó Calle Mayor y soy Licenciado en Ciencias de la Información. He escrito un par de libros sobre el capitalismo español -Los Nuevos Amos de España y Dinero Fresco- y he trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Y al final he descubierto que Internet es todo eso y algo más. Carlos Sánchez es Director adjunto de El Confidencial.