El día en que De Guindos se traicionó y cabreó a la gran banca

Hace pocas semanas, el ministro De Guindos tomaba café con un grupo reducido de periodistas. En un momento de la conversación, el titular de Economía preguntó

Hace pocas semanas, el ministro De Guindos tomaba café con un grupo reducido de periodistas. En un momento de la conversación, el titular de Economía preguntó a los presentes: ¿De las reformas emprendidas por el Gobierno, cuál os parece la más importante? El ministro esperaba que la respuesta fuera la reforma laboral o, incluso, la ley de estabilidad presupuestaria, que obliga a las administraciones a no gastar más de lo que ingresan. Pero se vio sorprendido cuando alguien le dijo que la reforma del sistema financiero era, sin duda, la más relevante.

El Gobierno la había aprobado unas semanas antes, y, por entonces, De Guindos parecía convencido, al menos formalmente, de que la reforma financiera era suficiente para enderezar la situación del sector. No lo ha sido, y básicamente porque el propio Luis de Guindos se ha traicionado a sí mismo aprobando una reforma que dista mucho de la que con buen criterio planteaba hace pocos meses, cuando todavía ejercía como experto financiero.

De Guindos, como el propio Cristóbal Montoro aseguró a este cronista poco antes de las elecciones en el Hotel Palace, estaba convencido de que sólo limpiando los balances bancarios de tanto ladrillo, el crédito volvería a recuperarse. Pero la reforma del 3 de febrero, ni de lejos, ataca el fondo del problema, que no es otro que la fantasiosa valoración de las promociones inmobiliarias y del suelo que la banca tiene en sus balances.

La reforma del 3 de febrero, ni de lejos, ataca el fondo del problema, que no es otro que la fantasiosa valoración de las promociones inmobiliariasAquella reforma fue, en realidad, diseñada por el todavía gobernador del Banco de España, quien durante la primera entrevista con De Guindos -ya como ministro de Economía- le presentó dos documentos: uno con la propuesta de creación de un ‘banco malo’ (solución que nunca ha gustado a Fernández Ordóñez por su alto coste); el otro tenía que ver con las provisiones extraordinarias que debían hacer los bancos para compensar el desplome de sus activos inmobiliarios: 53.842 millones de euros.

De Guindos mandó el primero de los documentos al sueño de los justos, pero el segundo lo entregó a sus colaboradores. Y ese es, en realidad, el origen de del decreto del 3 de febrero, una solución de urgencia para tapar un problema político. Desde el primer momento era evidente que un Gobierno con apenas un mes en el poder, no estaba en condiciones de aprobar una reforma de calado, aunque sufriera en la nuca la presión de los mercados.

Nuestras hipotecas 'subprime'

En aquel momento, el Gobierno ultimaba la reforma laboral y antes de aprobarla necesitaba presentarse ante la opinión pública como el partido que mete en vereda a los banqueros, y eso explica las prisas con que hizo el primer decreto de reforma del sistema financiero, que no abordaba el fondo del problema. En particular, la situación de Bankia -una entidad sistémica-, pero tampoco la valoración del ‘ladrillo’, sin lugar a dudas el origen de los problemas. Y que, como alguien dijo al comienzo de la crisis son “nuestras hipotecas subprime”.

Ahora el Gobierno parece querer enderezar el fiasco de la primera reforma, pero probablemente el daño está hecho. La caída de Bankia ha arrastrado a todo el sector y ha sacado a la luz sus miserias. O lo que es lo mismo, la valoración del suelo que aparece en los balances bancarios es más falsa que la falsa moneda, que decía la copla, "que de mano en mano va y ninguna se la queda".

Lo peor, sin embargo, es que el desaguisado -y hasta la improvisación- han acabado por contaminar todo el sector financiero. Y un problema que parecía acotado a Bankia y a algunas cajas de ahorros con menos futuro que Pep Guardiola como entrenador del Real Madrid ha incendiado el conjunto del sistema financiero. Algo que explica el monumental cabreo que tienen los tres grandes -Fainé, Botín y FG- con Rajoy, y, en particular, con De Guindos, incapaz de frenar el tsunami financiero por errores de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, que es quién decide lo que va en cada Consejo de Ministros. 

El triunvirato de banqueros asegura en privado que las cosas no se hacen así. Y mucho menos, elevando de forma general las provisiones al ‘ladrillo’ presuntamente sano, lo que lisa y llanamente significa que pagan justos y pecadores.

Ante las dimensiones del incendio, el Gobierno quiere sacar ahora la artillería pesada, pero corre el peligro de tirar la palangana de agua sucia con el niño dentro. O lo que es lo mismo, sí presiona demasiado a la parte sana del sistema, es probable que el conjunto quiebre, lo cual obligaría a una nacionalización casi total de la banca, y para ello no hay recursos. De ahí la importancia del real decreto que aprobará el viernes el Consejo de Ministros.

Nueva valoración del 'ladrillo'

La caída de Bankia ha arrastrado a todo el sector y ha sacado a la luz sus miseriasLa situación es tan mala que, como decía ayer un experto financiero que trabaja en EEUU, ya sólo es posible salir del pozo “con mucho dinero público”. Así de fácil. Pero no sólo eso. La falta de credibilidad del Banco de España y de las auditoras a la hora de estimar el precio de mercado de los activos inmobiliarios, obligará al Gobierno a contratar entidades verdaderamente independientes para hacer las nuevas valoraciones. Lo peor que puede hacer Economía, de nuevo, es quedarse a medio camino. Básicamente porque no habrá una tercera oportunidad. La política de fusiones ha demostrado que se han fusionado problemas, no soluciones. 

Si el Gobierno no acierta con la nueva reforma, es muy probable que el sistema financiero se venga abajo. Entre otras porque en un contexto macroeconómico como el actual, la actividad bancaria está muerta, lo que significa que la banca española continuará sobreviviendo gracias a los préstamos del Banco Central Europeo (BCE). Pero para que sobreviva hay que meter dinero, aunque duela y sea moralmente inaceptable. Los daños colaterales de una quiebra en cadena serían más costosos que una operación de rescate, aunque sea onerosa. y aunque haya que pedir dinero en el extranjero. En este asunto no se puede ser "cicatero" o "tacaño", como sostiene un reputado economista. Aunque no a fondo perdido, sino separando lo que es viable de los que no lo es, dejando caer a las entidades sin futuro. 

De Guindos ha fracasado probablemente por un problema que no es achacable directamente a él, sino a su escaso peso político dentro del Partido Popular. El ministro era consciente como pocos de que el gobierno corporativo en Bankia -una entidad preñada de amigos de Rodrigo Rato, de políticos, de sindicalistas y hasta de empresarios sin ninguna formación bancaria- era lamentable, y que eso penalizaba al resto del sector. Perdió la batalla -probablemente sin darla- y de aquellos polvos, estos lodos.

Mientras Tanto
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