Martes, 21 de mayo de 2013

Por qué hay que rescatar a la banca y no dejarla caer

10/06/2012
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El cuerpo pide encerrar en una mazmorra a un buen número de banqueros (y de supervisores) y arrojar las llaves al fondo del mar. Sería un acto de justicia y hasta un ejercicio de responsabilidad ética. Pero, desgraciadamente, de poco serviría para solucionar los problemas.

Como sostienen los economistas Reinhart y Rogoff, las causas de las recesiones económicas no son las crisis bancarias, sino que el hundimiento del sistema financiero simplemente las amplifica. Y como demostró Ben Bernanke en un estudio clásico sobre la Gran Depresión, las quiebras bancarias de los años 30 en EEUU agravaron y prolongaron la crisis. Se destruyó el canal de concesión de créditos, y ello impidió que familias y empresas dispusieran de recursos suficientes para financiar sus planes de inversión. Y sin inversión, la economía se muere.

Es de sobra conocido lo que ocurrió el 6 de marzo de 1933, cuando el recién elegido presidente, Franklin D. Roosevelt, ordenó el cierre de todos los bancos de EEUU durante una semana para hacer frente a una crisis de confianza. Pasado ese tiempo, sólo deberían abrir los bancos solventes capaces de asumir sus obligaciones. Más de 5.000 bancos no pudieron abrir sus puertas al público. La Gran Depresión tomó carta de naturaleza.

La memoria económica es corta por naturaleza. Las sociedades tienden a caer en los mismos errores, y eso explica el desastre actual, en el que la confluencia de pésimos gestores, nefastos reguladores y la propia codicia de la condición humana ha provocado la mayor crisis del sistema financiero que se conoce

Esta experiencia histórica demuestra la importancia de salvaguardar el sistema financiero. Existe, en este sentido, un luminoso estudio que han realizado los historiadores económicos Pablo Martín-AceñaPilar Nogues-Marcos que demuestra cómo, al menos en dos ocasiones, este país miró hacia otro lado cuando sus bancos estaban con problemas. Y el resultado no pudo ser más devastador.

La primera ocurrió en el siglo XVI, y la segunda en 1866, cuando la Hacienda Pública estaba en pleno colapso. Muchos han encontrado significativas similitudes entre ambos episodios y la situación actual.

En el siglo XVI, tras el descubrimiento de América, las casas de depósito andaluzas eran esenciales en el comercio peninsular gracias al monopolio en el tráfico de mercancías con las Indias, y su debacle ocasionó la quiebra del Estado. Pero España, en lugar de promover una regulación adecuada, y pese al importante desarrollo de la banca castellana, no  fue capaz de crear una entidad central de giro capaz de asegurar la liquidez hasta doscientos años después (con la creación del Banco de San Carlos).

Como sostiene Martín Aceña y Nogues-Marcos, el oficio de banquero público (que en realidad era privado) fue prohibido a los extranjeros por los reyes católicos. Se consideraba que los extranjeros “engañaban en el cambio guardando la buena moneda para exportar y sacando a la circulación la moneda mala, menguada o quebrada”. Casi un siglo después, la suspensión de pagos decretada por Felipe II arruinó al incipiente sistema bancario sevillano y destruyó la economía de la ciudad por la que transitaba todo el comercio con las Indias.

El pánico bancario

Como han señalado los especialistas, el negocio bancario va mucho más allá que un simple intercambio de bienes o mercancías. Opera con dinero fiduciario, y eso le hace extremadamente vulnerable a los pánicos. Sobre todo teniendo en cuenta su carácter estructuralmente procíclico. Cuando la economía funciona, los bancos compiten por prestar dinero (lo que recalienta la actividad), pero cuando retrocede, se raciona el crédito, lo cual acentúa la recesión.  

En 1856, ocurrió todo lo contrario al siglo XVI. Las leyes de bancos de emisión y de sociedades de crédito, dispararon el número de entidades. Una década más tarde, ya había 32 casas operando en Madrid, en muchos casos con capital francés. Pero una vez más se cruzó en el camino  una mala coyuntura económica, en este caso derivada del pobre resultado de las inversiones en ferrocarriles, hacia donde se había canalizado buena parte de la financiación.

La crisis, como sostienen los especialistas, fue terrible y una de las más graves del sistema financiero español. En pocos años, 25 entidades quebraron o se disolvieron, reduciéndose de forma drástica la circulación de dinero. El resultado fue que cuatro años después de que estallara la crisis, el valor de los títulos cotizados en Bolsa se había reducido a la mitad (¿les suena?). Y el país acabó en la ruina.

Lo que se decidió ayer, en realidad, es un rescate del propio Estado a través del Frob, que ha nacionalizado entidades inviables que ahora la Unión Europea obliga a sanear para que el estiércol no llegue al cuello y Obama pueda ganar las elecciones. Si el Gobierno -el anterior y este- lo hubieran hecho antes, es muy probable que este país se hubiera ahorrado muchos quebraderos de cabeza

La crisis de 1866 ha sido considerada la primera del capitalismo español, y nació, como dicen Martín-Aceña y Nogues-Marcos , por la confluencia de escasos capitales y gestores inexpertos que llevaron a cabo inversiones arriesgadas tomando recursos a corto (cuentas corrientes) e inmovilizándolas en activos de larga maduración, por ejemplo hipotecas.

Pero como dicen Reinhart y Rogoff, la memoria económica es corta por naturaleza. Las sociedades tienden a caer en los mismos errores, y eso explica el desastre actual, en el que la confluencia de pésimos gestores, nefastos reguladores y la propia codicia de la condición humana ha provocado la mayor crisis del sistema financiero que se conoce. Algo que es especialmente sangrante en un país como España, bancarizado como pocos. Hasta el extremo de que la financiación al sector privado equivale a dos veces y media el PIB: 2,48 billones de euros. O lo que es lo mismo, nada menos que el 66,3% de lo que prestan los bancos va a parar a familias y empresas debido a su especialización minorista.

Un enorme masa de dinero que si se deja caer arrastraría no sólo a las propias entidades; sino, también, a los acreedores, en particular bancos alemanes y franceses, pillados en España por una alocada concesión de créditos. La quiebra del sistema financiero español sería, de hecho, el fin de muchos bancos europeos y de ahí que el eurogrupo ponga dinero para evitar la metástasis.

Patente de corso

Impedir que caigan los bancos, sin embargo, no es lo mismo que facilitar una patente de corso a los banqueros, como sucedió en la anterior crisis bancaria. Como reflejó Isidro Fainé en este estudio, de los 110 bancos que operaban en España a finales de 1977, 51 se vieron afectados por problemas de solvencia entre 1978 y 1983. Inicialmente se trató de entidades de menor tamaño; sin embargo, las dificultades acabaron extendiéndose a entidades de dimensiones considerables. La crisis alcanzaría su punto álgido con la expropiación de los 20 bancos de Rumasa, y se alargaría hasta 1985. Lo más curioso es que de  los 51 bancos afectados por la crisis hasta 1983, nada menos que 47 correspondieron a estos nuevos bancos y banqueros, que lograron su ficha gracias a su cercanía al régimen. Eran los advenedizos del negocio bancario, como muchos de los gestores de las cajas de ahorros.

Más allá de las responsabilidades penales y administrativas, sin embargo, las autoridades deben enviar un señal de que quien la hace la paga. Y en este sentido, va en la dirección adecuada la nueva Directiva sobre servicios financieros que obliga a pagar el desaguisado no sólo a los accionistas (que en buena medida ya lo han hecho), sino a los acreedores. Es decir, a quienes de forma irracional -los bonistas- han prestado dinero sin asumir riesgo alguno sabiendo que al final el Estado pone los avales para garantizar las emisiones.  

Y lo que se decidió ayer, en realidad, es un rescate del propio Estado a través del Frob, que ha nacionalizado entidades inviables que ahora la Unión Europea obliga a sanear para que el estiércol no llegue al cuello y Obama pueda ganar las elecciones. Si el Gobierno -el anterior  y este- lo hubieran hecho antes, es muy probable que este país se hubiera ahorrado muchos quebraderos de cabeza.

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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96bulldog 24/06/2012 | 12:50

Creo recordar que recientemente algun banco aleman de ámbito limitado a un lander a quebrado sin ningun problema y en EEUU solo hay que recordar que de los 3 bancos de inversion solo queda uno, Golmand.
¿Porque puede quebrar un banco aleman y no lo puede hacer uno español?
Muy sencillo, por los compromisos adquiridos, pues se des-adquieren

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95rialto 12/06/2012 | 12:10

No pongo en duda que la mayoría de los créditos bancarios estén en manos de pequeños solicitantes de crédito, pero no podemos obviar que las grandes cajas, han sido la hucha de los partidos políticos de todo pelaje y de los sindicatos , a través de los sueldos en los consejos de administración , de los créditos para obras faraónicas, ese es el gran agujero de la banca , así como la financiación a empresarios del calibre del pocero, del propietario de Urbis, si esos son los grandes empresarios españoles apaga y vámonos, lo j... de todo esto es que seremos todos los que pagaremos los intereses de la avaricia de una panda de inútiles, ineptos y discapacitados, ¿ o acaso los políticos saben de todo ? me hubiera gustado ver por un agujerito alguno de los consejos de administración de estas cajas..

Para mi esta gente debería acabar en la cárcel, sin derecho a ejercer cualquier tipo de cargo relacionado con la administración , ya sea como político o como barrendero, han demostrado ineptitud, falta de moral, desvergüenza,

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94Eleanor Rigby 11/06/2012 | 19:46

Empecé a leer muy interesada pero no he encontrado por qué hay que salvar a la banca. Especialmente cuando la deuda española es privada. Que queden solo los bancos solventes y esos nos prestarán. Es muy interesante la frase: Cuando la economía funciona, los bancos compiten por prestar dinero [lo que recalienta la actividad], pero cuando retrocede, se raciona el crédito, lo cual acentúa la recesión.
Está claro que los bancos tal y como están diseñados no ayudan. Me recuerda a la teoría de colas. Como almacenan dinero éste se atasca, al igual que las retenciones en el tráfico. Si hubiera un sistema distribuido quizá no habría tantos problemas. Qué pensáis?

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93ganivet 11/06/2012 | 19:46

quien dice dejar caer los bancos
lo que la gente dice es que esos politicos y algun que otro no politico que se ha llevado burradas de dinero en los ultimos siete años yo diria que doce años que devuelva ese dinero, bien con euros bien con bienes.
la gente no pide prision para todos esos mangantes, la gente dice primero que se les requise, expropie, embargue lo que sea, con el fin de que devuelvan el dinero reoogido a traves de engaños, engaños fiscales, engaños contables etc., primero esto.
luego si hay delito a prision sea quien sea.

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92corrupcracia 11/06/2012 | 19:19

Estamos en un periodo[últimos 30 años] de decadencia de valores en la sociedad y ello se refleja también en nuestra clase política, empresarial, financiera, económica etc..

El esfuerzo, el mérito, la capacidad, la excelencia, la honradez han pasado a un segundo plano dando paso al clientelismo, al amiguismo, al pelotazo, al materialismo[enriquecimiento como sea],a la mentira..

Nuestros políticos no son más que un reflejo de una gran parte de la sociedad porque emanan de ella, esto se ha venido engendrando desde hace décadas y era/es sabido por todos.

Esta sociedad creada con escasos valores, donde el dinero lo compra todo, donde se mira para otro lado porque no me afecta, donde el esfuerzo y mérito son desechados, donde la honradez es de tontos, donde la justicia es arbitraria, donde tener un amigote con poder nos hacía conseguir beneficios a costa de los demás[ ser más listos que nadie] etc nos ha llevado a donde estamos.

Ahora empezamos a abrir los ojos y ver que ese camino no nos lleva más que a más desigualdades, a mantener ciertos privilegios, a que nos roben o se repartan el dinero entre ellos...y ahora nos toca decir a nosotros HASTA AQUI HEMOS LLEGADO!

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Quise ser periodista para viajar; pero al final algo debió fallar y he acabado siendo una especie de tecnócrata del periodismo económico. No me quejo. Ello me permite aprender todos los días y contar lo que sucede. Sin apriorismos y sin necesidad de echar mano de los célebres espejos deformantes que colgaban del Callejón del Gato, y que tanto asombraban a Valle-Inclán. Nací en Madrid en el mismo año en que Bardem estrenó Calle Mayor y soy Licenciado en Ciencias de la Información. He escrito un par de libros sobre el capitalismo español -Los Nuevos Amos de España y Dinero Fresco- y he trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Y al final he descubierto que Internet es todo eso y algo más. Carlos Sánchez es Director adjunto de El Confidencial.

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