Sábado, 13 de abril de 2013

El 'caso Dívar' como espejo de un sistema caduco

17/06/2012
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Lo peor del ‘caso Dívar’ no es que el presidente del Supremo hubiera olvidado la ejemplaridad pública durante sus continuados viajes a Marbella y a otros lugares del país. Lo peor, sin duda, es que los propios jueces no hayan sido capaces de juzgar el comportamiento de su jefe de filas. Porque si algo ha quedado claro tras la dimisión de Dívar es que el Poder Judicial carece de instrumentos objetivos e independientes -como los de que justicia reclama para sí- para investigar el comportamiento de sus propios responsables.

La causa, sin duda, tiene que ver con un pecado original de composición del propio poder judicial, donde los vocales -nada menos que veinte, más  que el consejo de administración del Banco Santander-, se deben a criterios políticos y no profesionales.

Esa es, en última instancia, la tragedia del ‘caso Dívar’, la certeza de que los jueces no saben juzgarse a ellos mismos al margen del sistema jurisdiccional. En cualquier país bien organizado, se hubiera podido crear una comisión verdaderamente independiente para juzgar los hechos sin apriorismos ideológicos, pero aquí, ya sabe, el más rancio partidismo lo invade todo. Hasta el punto de arrasar con el santa sanctórum del poder judicial.

Dívar no es más que un peldaño superior en el camino sin retorno que ha emprendido este país desde que la clase política decidió un día invadir todas las instituciones. Y no es fácil entender cómo España va a salir de la crisis si ni siquiera es capaz de resolver problemas menores. La previsible dimisión de Dívar este jueves, en este sentido, es simplemente una anécdota -por amarga que sea- si no se cambian las reglas del juego.

A veces se olvida que una de las cosas que diferencian a los grandes países de los que no lo son es su arquitectura institucional, y parece evidente que el actual sistema de elección del Gobierno de los jueces es un contrasentido. Un sistema que favorece las rencillas internas y las conspiraciones de salón. Y el hecho de que haya sido el abogado de Garzón el denunciante -por mucha razón que tenga al presentarla- sólo pone de relieve las miserias del órgano de gobierno de los jueces. Cabe preguntarse si Gómez Benítez hubiera presentado la denuncia en caso de que su defendido hubiera salido ileso de los tres procesos judiciales en los que se ha visto inmerso. Benítez lo ha hecho porque ahora es un verso suelto que no se debe a ningún partido.

Sentido de la impunidad

Pero el abogado de Garzón no es, en todo caso, el culpable de lo que ha sucedido. El responsable es, sin duda, el propio Dívar, mecido en la cuna de la impunidad. Al igual que otras altas magistraturas del Estado, cuyo comportamiento ruin y mezquino sólo puede interpretarse en clave de sentirse protegido. Cuando un político comete actos indignos sin ni siquiera ocultar las pruebas de la fechoría es, simplemente debido a que está convencido de que saldrá indemne. O dicho en términos más directos, está convencido de que está protegido por la impunidad que arropa a buena parte de la clase política.

Por eso, precisamente, no es suficiente con la dimisión de Dívar. Lo razonable sería que el propio gobierno de los jueces investigara los gastos en viajes de los vocales en los últimos años. No como fruto de un interés ilegítimo o desmedido, sino como un ejercicio de responsabilidad para satisfacer el interés de muchos ciudadanos que lo están pasando mal. Y que no pueden comprender como altos funcionarios derrochan el patrimonio público y hasta mienten para salvar su indigno comportamiento.

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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49arija 21/06/2012 | 09:21

Divar no es el espejo de ningún sistema, ese perla le pertenece a Salas y a los miembros del Constitucional que han legalizado SORTU brazo político de ETA contra toda legalidad vigente.

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48arija 19/06/2012 | 09:38

Las fuerzas más reaccionarias y sectarias encabezadas por El Psís ya tienen su chivo expiatorio, Carlos Divar, un nombre bueno y honrado, cuyo máximo delito es ser independiente y guiarse por su conciencia y por la ley porque por mucho que los sepulcros blanqueados se rasguen las vestiduras, no han encontrado cosa alguno que se oponga a los normas que rigen el Consejo General del Poder Judicial. La maosonería
judicial ha ya tienen su víctima. Carlos Divar es católico practicante, algo que la masonería no sólo no perdona sino que trana de aniquilar como sea , incluso con mentiras tomadas del modelo de proponganda nazi de Göebels.

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47cachamuinha 18/06/2012 | 19:21

"A veces se olvida que una de las cosas que diferencian a los grandes países de los que no lo son es su arquitectura institucional, y parece evidente que el actual sistema de elección del Gobierno de los jueces es un contrasentido."

¿Sólo el actual sistema de elección de los jueces? ESPAÑA es una puta MIERDA!!! Uno para todos, y todos para uno. Los tres poderes controlados por empresas políticas. Y el Borbón sobrevolándolo todo. Ni democracia ni leches. UNA PUTA MIERDA. A ver si revienta de una puñetera vez, porque sin borrón y cuenta nueva, esto no se arregla.

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46Matayotes 18/06/2012 | 16:41

Ya hace dieciocho siglos, más o menos, el jurista Paulo afirmó que no todo lo lícito -permitido por las leyes- es honesto [Digesto 50, 17, 144 pr.]. Los presupuesto públicos ponen a mi disposición un dinero porque soy alto representante del estado, y en cuanto tal: ¿puedo gastármelo en mi recreo? no creo. Si lo hago, ¿cometo delito? tampoco.Pero, al frente de nuestras instituciones ¿queremos personas honestas o nos basta con que no sean delincuentes?

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45don lucio 18/06/2012 | 15:08

-44-
y al ciudadano medio cabreado le gusta apuntarse alguna por meritos propios y la bordo, con acento en la o, con lo de decimononico.

cuando veo el videotape, aparece el hombre seriecito,
engalanado y condecorado hablando de la cosa de 1812.

saludos. cambio y fuera el hombre.

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Quise ser periodista para viajar; pero al final algo debió fallar y he acabado siendo una especie de tecnócrata del periodismo económico. No me quejo. Ello me permite aprender todos los días y contar lo que sucede. Sin apriorismos y sin necesidad de echar mano de los célebres espejos deformantes que colgaban del Callejón del Gato, y que tanto asombraban a Valle-Inclán. Nací en Madrid en el mismo año en que Bardem estrenó Calle Mayor y soy Licenciado en Ciencias de la Información. He escrito un par de libros sobre el capitalismo español -Los Nuevos Amos de España y Dinero Fresco- y he trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Y al final he descubierto que Internet es todo eso y algo más. Carlos Sánchez es Director adjunto de El Confidencial.

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