
Cánovas, que era un político la mar de conspicuo, dijo en una ocasión que “un hombre honrado no puede tomar parte más que en una revolución, y eso porque ignora lo que es”.
Cataluña quiere tener su propia revolución, y en eso está. No es ni bueno ni malo. La revolución americana ha dado jugosos frutos y la francesa liquidó el Antiguo Régimen con el filo de la guillotina.
El problema de las revoluciones no es organizarlas, sino gobernarlas el día después. Y sin duda que muchos de los que hoy van al frente soberanista en busca de su revolución -como muchachos alegres y confiados- verán como son devorados por sus propios vástagos. No es ninguna novedad. Pocos países como España han tenido la desgracia de arruinar procesos políticos luminosos con luchas intestinas que llevaron al país al desastre.
La I República cayó aplastada por el empuje provocador de los cantonalismos; mientras que la II República murió antes de nacer por luchas fraticidas entre las facciones que la llevaron a los altares. En plena guerra civil se creó, por ejemplo, el llamado Consejo Soberano de Asturias y León, que llegó a sugerir su entrada en la Sociedad de Naciones. Incluso el resultado final de nuestra Transición democrática es muy diferente al que soñaron quienes se enfrentaron a la Dictadura.
Y es que una vez que se abre el melón, es imposible domar a la fiera. Meter la pasta de dientes dentro del tubo es mucho más difícil que sacarla. Es, simplemente, imposible. Lo que sucedió en la URSS de Gorbachov es revelador. Una oligarquía que dominaba los resortes del poder se quedó con el país y nada más se supo de glasnot y perestroika. Los Borbones volvieron a reinar en Francia 25 años después de la revolución.
Falsas expectativas
Las revoluciones, por lo tanto, tienen estas cosas. Se llevan por delante a las élites políticas que las impulsan (après moi le déluge) y arruinan el sentido último de la acción política, que no es otro que transformar la realidad para mejorarla. Sin levantar falsas expectativas que conducen necesariamente a la frustración colectiva.
Lo peor, con todo, es que la irresponsabilidad de unos cuantos pone plomo en las alas en un país acribillado por la crisis económica. Y que, en ningún caso, merece está sometido al sueño independentista de un puñado de iluminados con evidente capacidad de movilización social. Cataluña representa la sexta parte de España. Supone el 15,8% de la población, el 18,6% del PIB y nada menos que el 28% de las exportaciones totales, lo que demuestra que si estornuda Cataluña, el país entero corre el riesgo de coger una pulmonía.
Y no parece la mejor idea abrir un proceso de estas características en unos momentos en los que la economía española está más cerca de ver la luz. Y esta vez no es un tren que circula en sentido contrario ni los falsos "brotes verdes" que descubrió esa lumbreras que responde al nombre de Elena Salgado. Todo indica que la crisis financiera -no la económica- puede estar dando sus últimas bocanadas de la mano del bazooka que ha tomado entre las manos el BCE, y que ha relajado la prima de riesgo al entorno de los 400 puntos. Como dice un miembro del Gobierno, hay que tener muchas ganas de perder dinero para enfrentarse al BCE en los mercados de bonos.
Puede parecer mucho, pero a veces se olvida que lo que realmente pesa sobre las cuentas públicas no es el diferencial con Alemania, sino el volumen de déficit público. Y si los distintos gobiernos son capaces de cumplir con los objetivos -está por ver- es perfectamente posible convivir con los actuales niveles de prima de riesgo. Sólo hay que recordar que el tipo de interés medio de la deuda pública se sitúa en estos momentos en el 4,11%, todavía muy por debajo de los niveles anteriores a la crisis financiera. Y, desde luego, a años luz de los que sufrió la economía española durante las anteriores recesiones. Con todo lo que ha caído, el servicio de la deuda representa hoy casi la mitad de lo que pagaba este país en los primeros años 90.
Endeudamiento desbocado
O dicho en otros términos. Lo importante es no seguir engordando la deuda pública, que ya supera los 804.000 millones de euros por la acumulación de déficits excesivos. Incluso en un contexto de ajuste del gasto público como el actual, el endeudamiento ha crecido en apenas un semestre -gobernando ya Rajoy- en nada menos que 68.146 millones, lo que da idea de las dificultades para doblegar el desequilibrio fiscal.
El hecho de que la crisis financiera esté encauzada no significa, sin embargo, que la recuperación económica esté a la vista. Pero resolver el problemas del 30% del sistema financiero español y ordenar las cuentas públicas es una condición necesaria -aunque no suficiente- para volver a la senda del crecimiento.
Como ha escrito el economista Kenneth Rogoff, las posibilidades de que se repita en lo inmediato la aguda crisis financiera de 2008 son marginales. La mayoría de los inversores, reguladores, consumidores y hasta políticos van a recordar durante bastante tiempo una experiencia financiera que llevó al planeta al borde del desastre.
Otra cosa bien distinta es saber cuánto tiempo pasará antes de que la imprudencia y hasta la temeridad vuelvan a correr por las venas de los agentes económicos y de los gobernantes. Pero sin duda que, en el caso español, nada hace vislumbrar un serio agravamiento de la situación, lo que no significa que no puedan reproducirse episodios de turbulencia.
Sofocada la crisis financiera, sin embargo, hay que tener en cuenta que algunos estudios han sugerido que en presencia de una crisis bancaria, los ciclos de desapalancamiento de las familias se han alargado durante siete años ¿Qué quiere decir esto? Pues que dando por bueno que el ajuste comenzó en 2008, los agentes económicos altamente endeudados (empresas y familias) comenzarán a ver la luz (a pagar menos deudas al banco y, por lo tanto, a aumentar su propensión al consumo) en 2015.
Sólo falta, por lo tanto, que se cumpla aquello que decía Erasmo de Rotterdam: “aquel que recibe la misión de gobernar los pueblos ha de ocuparse de los negocios públicos y no privados, y no ha de pensar en otra cosa que en la utilidad general, sin apartarse un ápice de las leyes”.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
45winstonarcher 18/09/2012 | 09:44
#25 El primer nombre que me llega es...Barraquer,prestigioso oftalmologo catalan español.
la lista es larga.
No sera que los complejos u otra carencia psiquica nacional impiden ver la valia de este pais?
44crack123 17/09/2012 | 21:57
En 10 gráficos una comparativa de la situación Económica Global. Pensar en el fin de la crisis de 2008 es una quimera. - www.economyandworld.com
42mcmillan 16/09/2012 | 19:48
A ver si hay suerte y no se echan atrás y podemos quitarnoslos de encima de una vez!!!
Rajoy por lo que mas quieras no cedas ni un milimetro con Más, que viene a por la pasta fijo.
Desde Valencia les animo a que pidan la independencia el mes que viene mejor que el siguiente. A ver si para el año que viene por estas fechas y tenemos fronteras.
Para Valencia y los valencianos es una gran noticia, animo a los empresarios instalados en cataluña que no estén de acuerdo con los postulados independentistas a trasladarse a esta tierra donde serán recibidos con los brazos abiertos.
Valencia debe aprovechar esta oportunidad úinica para convertirse en la alternativa a Barcelona de las multinacionales en España, tenemos las infraestructuras, puerto, aeropuerto y personal adecuado.
A los catalanes les deseamos mucha suerte en su nuevo camino, los cambios pueden ser buenos para todos.
PD. Que bola quitarnos de paso a Francino, Angels Barcelo, Gemma Nierga, Jorge Javier Vazquez, El follonero, Susana Griso, Julia Otero, Buenafuente ...etc que copan los medios de comunicación en España.
41windomaker 16/09/2012 | 19:47
El banco malo no es más que un sistema para aglutinar bajo una única sociedad todos los activos calificados como de dudoso cobro para contabilizar su valor en libros y provisionar con cargo al bolsillo de todos la diferencia entre ese valor en libros y el valor razonable que deberían tener en este momento. Una de las ventajas de tener todos esos activos juntitos es que se pueden emitir cédulas, participaciones sobre las cuales se pueda generar un rendimiento una vez se haya hecho efectiva su venta en el mercado. Pero ya sabéis aquí de lo que va el tema es de socializar las pérdidas y privatizar los beneficios con lo que me da que nos abrirán la cartera para provisionar y luego si te he visto no me acuerdo. Disfruten.
Quise ser periodista para viajar; pero al final algo debió fallar y he acabado siendo una especie de tecnócrata del periodismo económico. No me quejo. Ello me permite aprender todos los días y contar lo que sucede. Sin apriorismos y sin necesidad de echar mano de los célebres espejos deformantes que colgaban del Callejón del Gato, y que tanto asombraban a Valle-Inclán. Nací en Madrid en el mismo año en que Bardem estrenó Calle Mayor y soy Licenciado en Ciencias de la Información. He escrito un par de libros sobre el capitalismo español -Los Nuevos Amos de España y Dinero Fresco- y he trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Y al final he descubierto que Internet es todo eso y algo más. Carlos Sánchez es Director adjunto de El Confidencial.