Un día sin bañador

Pese al esfuerzo de la oposición, el día sin bañador permitió pasar por alto la paralización de la operación Chamartín por vía de una propuesta perversa

Foto: Vista general del salón del plenos del Ayuntamiento de Madrid donde se celebró el debate sobre el estado de la ciudad, primero para Manuela Carmena. (EFE)
Vista general del salón del plenos del Ayuntamiento de Madrid donde se celebró el debate sobre el estado de la ciudad, primero para Manuela Carmena. (EFE)

He decidido subirme al carro, y aquí tienen un titular, que nada tiene que ver con el contenido, pero he escogido a conciencia con el único fin de atraer la atención a lo que realmente está aconteciendo en Madrid, y les puedo asegurar que el no novedoso naturismo de piscina es el menor de nuestros problemas. Si es que merece tal calificativo.

A estas alturas, difícil será que ustedes no hayan leído todo tipo de opiniones sobre el 'día sin bañador' que se anuncia para algunas piscinas municipales. Lo que probablemente no sepan es que nunca un destape había servido para tapar tanto. Porque ese anuncio se hizo en el contexto del debate sobre el estado de la ciudad, momento clave de cada año en el que Gobierno municipal y oposición repasan y confrontan acontecimientos y políticas.

Un desvío de atención perfectamente calculado en un debate extraordinariamente desigual. La alcaldesa Carmena abrió el debate con una extensísima disquisición -casi dos horas- sobre la importancia de rebajar el tono del debate político municipal, de que las críticas se hagan en voz baja y de que lo más importante es el cambio cultural, la cercanía y la transparencia que han desarrollado este año. Eludió referirse a su gestión directa, a cualquiera de las áreas temáticas de la actividad municipal, para a continuación soltar ese titular que los medios cazaron al vuelo, ya que acompañado de la foto adecuada, genera muchos clics y comentarios. Y así, el resto del debate quedó desactivado.

Las intervenciones de Carmena, Maestre y su socia de gobierno socialista totalizaron tres horas y 22 minutos frente a la hora que se dio a la oposición

Sin embargo, los que participamos en él y quienes lo siguieron de forma más directa pudimos darnos cuenta perfectamente de dos cosas. Una, que a la alcaldesa se le sirve un Madrid tan distorsionado como poco realista, en realidad está por saberse si sus concejales le ofrecen datos engordados o ella no se quiere enterar -llegó a decir que se están construyendo 770 viviendas públicas, cuando no hay aún ni proyecto ni parcela-; y otra, que no había otro objetivo que silenciar a la oposición: las intervenciones de la alcaldesa Carmena, de su portavoz, Rita Maestre, y de su socia de gobierno socialista totalizaron tres horas y 22 minutos de debate en contraste con la hora y 19 minutos que se concedieron a la oposición. Algo tan insólito que nunca se dio en los debates de Botella y Gallardón.

La alcaldesa se ahorró así dar cuenta del histórico 'sorpasso' de comunidad a la ciudad en tasa de empleo, confirmado con el peor dato de paro en junio de los últimos años. Se ahorró hablar de cómo hizo caso omiso al pleno y subió el IBI a los que crean empleo -como el 9% de subida a la industria- y a las familias numerosas. De por qué se ponen menos multas a manteros y falsificadores y se ponen más a hosteleros.

Este primer año de nuevo Gobierno tras 26 años del PP, los madrileños nos hubiéramos merecido un debate mejor, más completo, más igualado

Pese al esfuerzo de la oposición, el día sin bañador permitió pasar por alto la paralización de la operación Chamartín por vía de una propuesta perversa, en la que el propietario del 10% del suelo -Ayuntamiento y EMT- exige incondicionalmente que el 90% restante -Estado, ADIF y privados- acepte su propuesta, algo inaudito en los constantes actos conciliadores entre administraciones que se dan en España.

No hubo sitio en los titulares para la chapuza de que la M-30 y Madrid Río queden inacabados, ni para la altivez con que el Gobierno municipal trata a las cooperativas de vivienda -familias que ahorran para su casa-, pese a que estas han actuado de forma totalmente legal. Y es que rehuir el debate en materia de vivienda era una prioridad: no pueden reconocer ante sus votantes que en Madrid sigue habiendo 300 desahucios al día, y que su propuesta estrella de paralizarlos era un simple anzuelo electoral.

No respondió la alcaldesa sobre el descenso de inspecciones y multas a las empresas de limpieza, mientras que las quejas -expresión de la percepción ciudadana- crecen exponencialmente. No habló de los viajes de sus concejales a actos de partido con dinero municipal, ni de cómo se ha convertido en la primera alcaldesa de la democracia expedientada cuatro veces por saltarse la Ley Electoral a base de actos de autobombo.

Quedó la sensación de que se buscó deliberadamente el desinterés de los madrileños por la política de su ciudad gracias a la distracción de un titular elocuente

Este primer año de nuevo Gobierno tras 26 años del PP, los madrileños nos hubiéramos merecido un debate mejor, más completo, más igualado. Una verdadera rendición de cuentas y una batería de propuestas útiles para consensuar. Un debate como el que dice la alcaldesa que le gustaría tener, pero que hizo todo lo posible por no tener. Porque no se puede hablar de cercanía y diálogo reduciendo el tiempo de la oposición, y no se puede hablar de transparencia y datos abiertos y enviar la documentación y temas del debate a la oposición solo una hora antes de empezar.

No se puede hablar de cercanía y al mismo tiempo ver en el boletín cómo poco a poco se convierten en una nueva casta, con 384 nombramientos de libre designación en un año, olvidando su programa electoral. Y no se puede hablar de transparencia y a la vez cesar a la Interventora General con el criterio del Estado en contra.

Se quedaron muchas cosas en el tintero, como el hecho de que no haya una sola propuesta nueva en materia de política social, como el hecho de bajar el IBI a los barrios que les votan y no a los demás. Pero sobre todo, se quedó la sensación de que se buscó deliberadamente el desinterés de los madrileños por la política de su ciudad gracias a la distracción de un titular elocuente. Esperábamos otra cosa de esta nueva etapa y de momento no ha sido así.

Mirada Ciudadana

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