¿Qué está pasando?

Que se busque el apoyo de condenados por terrorismo para defender el independentismo, como han hecho los políticos catalanes con Otegi, no puede por menos que escandalizar
Foto: La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, junto al líder 'abertzale' y secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi. (EFE)
La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, junto al líder 'abertzale' y secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi. (EFE)

En España, algunos acontecimientos recientes han puesto de manifiesto la existencia de un clima moral, no ya político, que yo calificaría de enrarecido, por no calificarlo directamente de pervertido. Lo que resulta especialmente preocupante en estos momentos preelectorales.

Ahí está la 'tournée' de Arnaldo Otegi por las instituciones de Cataluña para demostrarlo. El miércoles pasado, el terrorista no arrepentido Arnaldo Otegi ha ido a Barcelona y, en el curso de la jornada, ha sido recibido por la presidenta del Parlamento de Cataluña (a la que acompañaba un vicepresidente), se ha reunido con la Comisión de Acción Exterior y Cooperación, Relaciones Institucionales y Transparencia de esa Cámara, y ha hecho declaraciones dentro de la sede del Parlamento. Y, después, ha sido homenajeado en un acto organizado en un local cedido por el Ayuntamiento de Barcelona, por representantes de Junts Pel Sí, la CUP y Catalunya Sí que es Pot, que le dedicaron discursos de encendida admiración y rendidas alabanzas.

Otegi está libre porque ha cumplido sus condenas y el Estado de derecho que rige en España así lo ha decidido, pero es un terrorista no arrepentido, que ha participado en terribles actos de terrorismo que han sembrado de dolor toda la sociedad española. Y lo será hasta que no condene inequívocamente el terrorismo, pida perdón a las víctimas y colabore con la Justicia en la resolución de los más de 300 asesinatos de su banda que aún siguen sin que sus autores hayan sido descubiertos y condenados.

Solo el PP y C's han salvado el honor de los ciudadanos al reprobar expresamente la visita de Otegi y reunirse con las víctimas de ETA

Que instituciones democráticas le reciban con los brazos abiertos y le den un tratamiento de vip tendría que escandalizar de forma extraordinaria a los ciudadanos de Cataluña y de toda España. Por el contrario, hasta el presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, ha defendido ardorosamente la presencia de este individuo en el Parlamento, como si sintiera no haberle recibido él mismo.

En una democracia liberal y avanzada como la española, que es la forma política que nos hemos dado para ser una sociedad abierta, se pueden defender posiciones independentistas, por supuesto. Siempre, claro, que se respeten la leyes. Pero que se busque el apoyo de condenados por terrorismo para defender esas posiciones, como han hecho estos políticos catalanes, no puede por menos que escandalizar a los ciudadanos que creemos que existen valores morales que tienen que estar por encima de cualquier estrategia política.

Solo el PP y Ciudadanos han salvado el honor de esos ciudadanos, al negarse a participar en esas pantomimas, al reprobar expresamente la visita y, por el contrario, al reunirse con representantes de las víctimas de ETA, la banda del visitante. El PSC es verdad que no ha asistido a los actos, pero se ha negado a unirse al PP y a Ciudadanos en su reprobación y en su reunión con las víctimas. ¡Ellos sabrán a qué juegan!

El secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi, en un acto organizado por la CUP. (EFE)
El secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi, en un acto organizado por la CUP. (EFE)

Pero la perversión del clima moral de España se manifiesta cuando, al mismo tiempo que algunas instituciones abren las puertas de par en par a un terrorista, todos los partidos niegan incluso la presunción de inocencia a cualquiera que aparezca en alguna lista de presuntos defraudadores.

Me parece muy bien que con los corruptos se sea inmisericorde, me parece muy bien que sean duramente castigados por el daño que han hecho a los ciudadanos, a los que les han robado el dinero que era de todos, y por el daño que han hecho al sistema democrático, que está en crisis, precisamente, por culpa de esos corruptos. Me parece muy bien que sean expulsados de los partidos y que nunca más vuelvan a aparecer en ninguna lista electoral.

Todo eso me parece muy bien, pero que, junto a esa necesaria inflexibilidad con los corruptos en materia económica, coexista esa tolerancia, cuando no exaltación, con los terroristas, me parece, como ya he dicho, una muestra de perversión moral. Porque no existe ni puede existir mayor corrupción moral que el asesinato, el secuestro, la amenaza o la extorsión.

La perversión del clima moral se manifiesta cuando los partidos niegan la presunción de inocencia a quien aparece en alguna lista de presuntos defraudadores

¿Se imagina alguien, y es un ejemplo, que a alguno de los que han aparecido en los Panama Papers (de los que por ahora nadie ha demostrado que hayan cometido delito alguno) le invitaran a un Parlamento autonómico, le agasajaran, le homenajearan y pusieran a su disposición todas las tribunas institucionales de esa comunidad? ¿O que algún partido político los llevara en sus listas para el 26-J?

No, ¿verdad?

Pues si a estos, que apenas son presuntos, hacemos bien en tratarles así, porque hay que defenderse de la corrupción y de los corruptos, ¿qué pasa hoy en España para que sí se haga así con no presuntos, sino condenados por terrorismo?

Para intentar una respuesta a esta pregunta moralmente clave, hoy tengo un consejo: compren y lean 'Lluvia de fango. Un diario personal 2003-2016' (Editorial Confluencias), de Maite Pagazaurtundúa. Mientras en España haya personas como ella, aún podremos conservar la esperanza de recuperar el clima moral, que ahora está como está.

Mirada libre

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