Las tres graves consecuencias del fracaso de Íñigo Errejón

Con el triunfo de Iglesias, Podemos se radicalizaría definitivamente, la recomposición de la izquierda no sería verosímil y el PP mantendría su suelo electoral por encima del 30%

Foto: Íñigo Errejón. (Gtres)
Íñigo Errejón. (Gtres)

Podemos ha llegado a su Vistalegre II en situación bélica entre las facciones de Iglesias y de Errejón. Todas las sugestiones positivas que Podemos transmitía a su electorado –transversalidad, fraternidad entre sus dirigentes, nuevos hábitos de comportamiento partidista, democracia directa– han quedado reducidas a una percepción añosa de pelea por el poder, aunque en el fondo lata algo más que una disputa por el mando entre los dos líderes de la organización.

A día de hoy, parece que la propuesta de acción y la lista que encabeza Errejón serían perdedoras y él y su gente resultarían, seguramente, purgados o apartados de la dirección. Todo el poder para Iglesias, que ya ha depurado a los más próximos al hasta ahora secretario político de Podemos. Primero, al que fuera encargado de la organización, Sergio Pascual, al que sustituyó por su fiel Pablo Echenique y, una vez Ramón Espinar se hizo con Madrid, siguiendo instrucciones de Iglesias, descabalgó al errejonista José Manuel López de su cargo de portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid.

La victoria de Iglesias sobre Errejón, de producirse, va a tener tres consecuencias verdaderamente serias, porque aunque el secretario político de Podemos no resulte menos terminante, sí es más persuasivo y, en todo caso, apuesta por una estrategia más institucional y menos desestabilizadora que la del secretario general.

1.ª Podemos se va a radicalizar definitivamente. Y lo hará, bajo el mando de Iglesias, en dos órdenes de cuestiones. En primer lugar, en el ideológico. Iglesias no ha sido nunca un populista. Su perfil responde mucho más al de un neocomunista en los términos que utiliza para esa definición el filósofo José Luis Pardo en su 'Estudio del malestar'. De ahí su empeño en acumular fuerzas con la Izquierda Unida de Alberto Garzón enlazando con la significación de Julio Anguita, una reliquia fracasada de los noventa a la que se abrazó efusivamente. La adición de IU a Podemos no dio resultado en las elecciones del 26 de junio pasado porque el electorado percibió que de la transversalidad populista había migrado a la instalación de la oferta de Podemos en la extrema izquierda.

Iglesias apoyará los aspectos más radicales del independentismo catalán de izquierdas. Él está más cerca de la CUP que de Colau o de ERC y Junqueras

En segundo lugar, en el táctico. Iglesias va a restar fuerza institucional a Podemos y potenciar su energía movilizadora en la calle. Se trata de “asaltar” el poder y de agitar el sistema constitucional que atraviesa por una cierta precariedad. Iglesias, además, apoyará los aspectos más radicales del independentismo catalán de izquierdas. Iglesias está más cerca de la CUP que de la alcaldesa de Barcelona o de ERC y Junqueras.

2.ª Con Iglesias la recomposición de la izquierda no es verosímil. El actual secretario general sigue pretendiendo una sustitución del PSOE, primero, y, después, su liquidación como partido con hechuras de poder. Desea machacarlo con un discurso impermeable a cualquier colaboración. Errejón, más realista, estaría por la labor de enhebrar relaciones con los socialistas para explorar una alternativa de Gobierno o de oposición al PP y a Ciudadanos más eficiente que la actual. El secretario político de Podemos prefiere una mejor relación con el PSOE que la vinculación con IU y valora que una acción conjunta con los socialistas, siquiera puntual, podría restablecer la plataforma quebrada ahora de la izquierda española.

En el socialismo se duda de cuál de las dos opciones –Iglesias o Errejón– es mejor para sus intereses. Quizás al PSOE, a corto plazo, le interesase más Iglesias (causa más rechazo hasta el punto de que en el último CIS es el líder peor valorado), pero Errejón tiene el peligro de resultar persuasivo para las bases más escépticas del socialismo español.

Errejón estaría por la labor de enhebrar relaciones con el PSOE para explorar una alternativa de Gobierno o de oposición al PP y a Ciudadanos

3.ª Iglesias garantiza que el PP mantendrá su suelo electoral por encima del 30% (ahora en el 33% según el CIS, clavado en el porcentaje que obtuvo en las generales del pasado mes de junio), aglutinando en torno a Rajoy a una derecha española que se siente más cohesionada por sus adversarios que por sus consensos internos y por el liderazgo de un Rajoy que no deja de ser un dirigente de emergencia eficaz para contener –no para mermar– el populismo y las corrientes políticas revisionistas de la transición y los fundamentos de la Constitución de 1978.

Mariano Rajoy, si como parece muy posible, no obtiene colaboración parlamentaria suficiente para aprobar los Presupuestos de 2017, adelantaría elecciones a 2018. El PP volvería a alzarse en garante de la estabilidad ante una fuerza política como el Podemos de un Iglesias triunfante que a día de hoy sería segunda fuerza política pero ya no con casi el 22% de los votos que le acaba de atribuir el CIS. Los populares, pese a la sentencia del viernes en la rama valenciana del 'caso Gürtel', tienen amortizada la corrupción que les afecta. En esa interpretación de la situación política convergerían, sin duda, la mayoría de los medios y amplios sectores económicos que, aunque maltratados por el Gobierno del PP, lo serían mucho más por Podemos aliado al PSOE.

Un liderazgo de Íñigo Errejón cambiaría este panorama no de forma radical pero sí significativa. Por el contrario, un triunfo de Iglesias y la subsiguiente purga de los errejonistas plantearía un horizonte en el que el PP podría mover ficha electoral en condiciones muy favorables: con el PSOE en un debate permanente sobre sí mismo y con Podemos radicalizado. Ciudadanos, que se mantiene firme en su 13-14% de intención de voto, podría completar una nada improbable mayoría absoluta de centro derecha. Reducir Podemos a la menor expresión posible tendría, además, un efecto adicional porque supondría una merma de apoyos al independentismo catalán.

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