La lenta y consciente destrucción de Madrid

La capital es una ciudad congelada con meras aproximaciones a proyectos que la desarrollarían si de verdad hubiese voluntad política de hacerlo

Foto: Skyline de Madrid. (Reuters)
Skyline de Madrid. (Reuters)

Hay verdades, mentiras y puras ensoñaciones. La de que Madrid podría ser una alternativa a la City londinense forma parte de estas últimas. No porque la capital de España no disponga de potencialidades que en un plazo razonable pudieran situarla en las mejores condiciones competitivas, sino porque el actual equipo de gobierno municipal, ahormado en un apriorismo casi fóbico contra el actual modelo de ciudad europea, no solo no moverá los recursos necesarios para pujar por recibir a las empresas emigrantes de Londres, sino que está empeñado en una auténtica subversión de la urbe que la conduce lentamente a su destrucción como una referencia ciudadana en el conjunto de las europeas.

Son París y Fráncfort las dos capitales que hoy por hoy se disputan la residencia de grandes compañías que tendrán que trasladarse en un par de años desde Londres. En juego, recursos por importe de 1.800 billones de euros y 30.000 empleos de altísima cualificación. La capital de Francia ya dispone de un activo 'lobby' denominado París Europlace para promocionar su candidatura y tanto el Ejecutivo francés como el alemán están estudiando los costes laborales -en ambos países más altos que en el Reino Unido- y la fiscalidad empresarial que es más favorable en otros como Holanda e Irlanda. París ya ha recibido hasta mil empleados londinenses del HSBC y esgrime su centralidad geográfica y la conexión ferroviaria con Londres. En su distrito financiero -La Défense- se están construyendo miles de metros cuadrados de oficinas para atender la demanda tras el Brexit.

Cristina Cifuentes y Manuela Carmena (Gtres)
Cristina Cifuentes y Manuela Carmena (Gtres)

En Madrid se ocupa más de este crucial asunto la Comunidad que el Ayuntamiento. Cifuentes ha impulsado 'Think Madrid' como plataforma promocional. Todas las ventajas que este 'lobby' proclama de la capital de España son ciertas. Pero resultan insuficientes porque Madrid capital no es una ciudad pujante en proyectos realizables a corto plazo. Efectivamente, Barajas es un 'hub' aeroportuario casi imbatible. La localización geográfica de la capital es otro de sus activos. Pero el impulso debe surgir del propio gobierno municipal. Y ahí es donde la posible operación alternativa de Madrid por Londres falla de manera estrepitosa. Madrid es una ciudad congelada con meras aproximaciones a proyectos que la desarrollarían si de verdad hubiese voluntad política de hacerlo. Un consistorio -contralado por Ahora Madrid con el apoyo del PSOE- que ha logrado invertir el pasado año solo el 60% de los recursos disponibles y que no ha hecho arrancar ninguna iniciativa -por ejemplo, la Operación Chamartín (que sería crucial para esta finalidad porque desarrollaría el norte de la ciudad ofreciendo un mercado de oficinas de alto nivel)- para estirar la capital, carece de credibilidad alguna para presentar la credenciales necesarias en el mercado de las grandes urbes, más aún cuando realiza ensayos de democracia directa de ejecución deplorable.

La destrucción de la capital de España -también Barcelona ofrece con Colau síntomas de parálisis- no es resultado de una eventual incompetencia gestora. O no solo. Responde a un designio de carácter ideológico que está perfectamente explicado en 'La destrucción de la ciudad' (Premio Catarata de ensayo 2016) del sociólogo Juanma Agulles. Se trata de un alegato contra el crecimiento de las ciudades que se resume en esta frase: “El mundo urbanizado ha hecho saltar por los aires cualquier noción de límite”. El ensayista aplica a las ciudades una especie de dialéctica marxista: “La extensión de la ideología urbana consistía en ampliar el acceso a la nueva forma de vida y especular con las garantías surgidas del proceso de destrucción y construcción del espacio”. Nótese que se habla de “ideología urbana” que cuando la actual oposición al equipo de Carmena la esgrime es descalificada por insidiosa.

La localización de la capital es un activo. Pero el impulso debe surgir del gobierno municipal. Y ahí es donde la alternativa de Madrid por Londres falla

Escribe Agulles, inspirador de la concepción urbana de los equipos de gobierno de los ayuntamientos del cambio: “En las condiciones actuales, la urbanización de todo el territorio se ha convertido en un principio económico irrenunciable para el desarrollo del capitalismo. La circulación de capital entre la industria y la producción del espacio, a través de los intermediarios financieros, representa hoy la estrategia primordial para reactivar el consumo y la producción. Como la urbanización tiende a completar su ciclo, y hay cada vez menos posibilidades de incluir nuevos territorios, la destrucción de la ciudad ya construida se convierte en un valor esencial para futuras inversiones”. O en otras palabras: la autenticidad de la ciudad estaría en unas dimensiones anteriores, homogéneas y reducidas. Y también drásticamente controladas para evitar que sean territorios de desarrollo del capitalismo. Vayamos, pues, a la ciudad comuna.

De ahí que nuestro autor afirme que “limitar la urbanización es una forma de lucha política de primer orden porque en ella se juegan las condiciones, no ya de cierto grado de libertad, sino de su posibilidad misma. El encierro urbanístico actual no se podrá romper sino con la acción organizada en defensa de la ciudad limitada a su entorno físico (…)” Consigna final: “Una cultura urbana refractaria a los designios del desarrollo tecnológico puede ser (…) un buen motivo para permanecer juntos”. Y juntos, en esa tarea de jibarización de la ciudad como expresión de una ideología anacrónicamente marxista, están los miembros del gobierno municipal de Madrid. En estas circunstancias, ¿alguien piensa que la capital de España va a pujar con París o Fráncfort?, ¿no es razonable suponer que Ahora Madrid se inspira en los criterios de Agulles y lleva la ciudad a estándares del pasado, es decir, a su decadencia destructiva frente a sus referentes europeos?

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