Iglesias: "O intervenimos aquí (medios de comunicación) o estamos muertos"

Sin esos 'numeritos' polémicos y de gran repercusión mediática estarían 'muertos'. Cambian competencia parlamentaria por pericia de la agitación y la exposición pública

Foto: Pablo Iglesias flanqueado por Iñigo Errejón en la concentración del 1 de Mayo. (EFE)
Pablo Iglesias flanqueado por Iñigo Errejón en la concentración del 1 de Mayo. (EFE)

Pablo Iglesias tiene declarado lo siguiente: “Nosotros decíamos algo que se convirtió en una de las claves del diagnóstico para interpretar Podemos; decíamos que los partidos políticos son los medios de comunicación. La gente no milita en los partidos. La gente milita en la radio que escucha. Uno es de la Cope, uno es de la SER, o es de Onda Cero. Uno es de El País, de La Razón o de El Mundo. O es de La Sexta o de Telecinco, y digamos que todos ellos son lo más parecido a lo que Gramsci llamaba “el intelectual orgánico”. O intervenimos ahí o estamos muertos políticamente”. Estas afirmaciones del líder morado son respuestas a las preguntas realizadas por Fernando Vallespín publicadas en “Una nueva transición” (Editorial Akal), libro que se editó en 2015.

Basta la literalidad de las palabras de Pablo Iglesias para entender que el interés estratégico de Podemos, y mucho más con el apartamiento de Iñigo Errejón y lo que éste representaba, no se residencia en la actividad institucional, en la acción parlamentaria o en políticas de colaboración y propuesta, sino en lo que el propio Vallespín, catedrático de Ciencia Política, ha calificado como “la lógica de una acción política” en tanto característica fundamental del populismo. En ese contexto se entiende que la dinámica de Podemos sea considerada por los medios más convencionales como histriónica, improvisada e incompetente. Sin embargo, atribuir tal grado de ingenuidad o de inocuidad a sus acciones podría ser un grave error.

La “lógica de una acción política” -en este caso la del populismo de Podemos- consiste en una constante presencia en los medios de comunicación. Como ese partido y sus confluencias descreen del sistema institucional, lo provocan sustituyendo su descripción como el de una trama y de ahí se pasan al “tramabús”. Tanto con la nueva semántica -cambiar “casta” por “trama”- como con actuaciones detonantes como los recorridos del autobús-denuncia de corruptos y de personas que no lo son pero sí declaradas adversarias de Podemos, recaban la atención de los medios y se encaraman permanentemente en ellos. Objetivo conseguido.

Sustituyen la competencia parlamentaria por la pericia de la agitación y la exposición pública

Lo mismo ha sucedido con el episodio del veto a Iñigo Errejón en la SER. Podemos ha decidido dos cosas. La primera: el anterior secretario político del partido no puede ser el representante de la organización en la tertulia nocturna de la principal cadena española. La segunda: la dirección estima que su lugar debe ocuparlo un/a dirigente de la confianza del líder ganador en la Asamblea de Vistalegre II, en este caso, Irene Montero. De tal manera que, no sólo se niega a Errejón su libertad personal para participar en un programa radiofónico, sino que, además, se impone al medio una especie de cuota obligatoria a favor de Podemos. Por supuesto, tal planteamiento es inadmisible para la SER y para cualquier otro medio, pero lo que importa es que se crea una polémica que salta a la opinión pública y genera un conflicto en el que Podemos se desenvuelve como pez en el agua.

La presentación de una moción de censura a Mariano Rajoy está en la misma línea. No sólo presiona al PSOE, sino que acapara la atención mediática -el pasado viernes abrió todos los periódicos- y eleva a Iglesias y los suyos al protagonismo en una crisis -la del PP y la de los socialistas, aunque ambas sean muy diferentes- en la que ellos estaban un tanto esquinados. La sustitución de propuestas y actividad institucional por detonaciones más o menos artificiosas pero de gran repercusión consigue lo que pretende: estar en los medios, imantar críticas y elogios, provocar debate, acentuar inquinas e incrementar la irritación ambiental, al tiempo que se refuerza la táctica del antagonismo consustancial a todo populismo. Como ha escrito Ignacio Varela, se trata sí, de “numeritos”.

Pero no son meras improvisaciones. Sin esos “numeritos” -en la medida en que alcanzan gran repercusión y crean polémica- Podemos estaría “muerta”. Sustituyen la competencia parlamentaria por la pericia de la agitación y la exposición pública. Convocar movilizaciones en la calle para “censurar” a Rajoy en ella lo que Podemos no logra conseguir en el Congreso, remata una operación altamente rentable para Iglesias. Aunque sólo convenza a los convencidos, mantienen prietas las filas. No nos engañemos.

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