Rajoy, en proceso acelerado de canonización

Constatemos una realidad, según la cual, más allá de las políticas del gallego, no hay otra cosa que confusión, conflicto y algunas expectativas

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante la sesión de control al Gobierno en el Senado. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante la sesión de control al Gobierno en el Senado. (EFE)

En menos tiempo no pueden cantarse más bingos. Ni hay político que con menos riesgo consiga más resultados. Cambiemos los parámetros de medición de la calidad política y ajustémoslos a criterios nuevos que tienen que ver más con la inactividad y la espera, más con la emboscada que con la ofensiva, más con la paciencia que con el impulso, y nos encontraremos un nuevo paradigma de la política democrática: Mariano Rajoy Brey. Que ha conseguido entrar en un proceso acelerado de canonización laica –simétrica a la santificación confesional– al obtener en un escaso espacio temporal tres aciertos de gran envergadura. No hay en estas palabras ni un adarme de ironía, sino de constatación de una realidad, según la cual, más allá de las políticas del gallego, no hay otra cosa que confusión, conflicto y algunas expectativas. Veamos.

Cataluña

El presidente de la Generalitat no tenía el jueves consuelo. Acudió a Sitges y allí, en las tradicionales jornadas que celebra el Círculo de Economía de Barcelona, su máximo responsable, Juan José Bruguera, le instó a que se acomodase a “los márgenes de la ley” y, además, que fuese al Congreso para explicar “el malestar de Cataluña”. O sea, le decían en su terreno exactamente lo mismo que le había recomendado por escrito horas antes el presidente del Gobierno.

Quien, además, solo o por inspiración de otros, pero en todo caso cogiéndolo al vuelo, ha logrado, por fin, elaborar un relato sobre lo que sucede en el Principado: lo que allí se prepara es un “golpe de Estado”. Y lo explica: pretenden independizar a Cataluña con una ley de transitoriedad que no se dejará debatir a los diputados (se ha modificado el reglamento para que se apruebe en lectura única), se intenta que una norma autonómica derogue la Constitución y que, además, según un borrador filtrado, se imponga un régimen autoritario que interviene en el poder judicial y en la libertad de expresión de los medios de comunicación.

Rajoy ha entrado en el proceso de canonización. ¿La corrupción? No hubo santo más pecador que San Agustín de Hipona. Y ahí está, en los altares

Y –créanlo o no en Cataluña– el relato de Rajoy, de Cospedal, de Méndez de Vigo… está calando tanto, al menos, como el que con mucha habilidad (civismo, democracia, libertad) ha construido el independentismo. En Europa y en España se entiende muy bien eso tan poco sofisticado de “golpe de Estado”. Y en nuestra historia –1934, 1936, sin ir más lejos– su evocación no es inocua. Rajoy ha venido a concluir que relato por relato, el suyo es más potente y que sí hay Estado suficiente ante tan poca democracia y transparencia. Mientras, Sánchez propugnando “el perfeccionamiento” del artículo 2º de la CE para que el Estado sea “plurinacional”. La declaración de Granada, al archivo de incunables.

Moción de censura

Con el mejor criterio, Mariano Rajoy no dará réplica a Pablo Iglesias en la sesión parlamentaria en la que se debatirá la moción de censura que ha presentado Podemos. El presidente del Gobierno no hace sino explotar las burdas contradicciones de esta iniciativa de los morados dirigida a torpedear al PSOE –no se sabía entonces si el que lideraría sería Sánchez o Díaz–, de tal manera que será el portavoz socialista interino, Antonio Hernando, el que dé la réplica a Iglesias.

Rajoy y el PP han decidido que este asunto no les concierne, que es una guerra interna de la izquierda que la propia izquierda se encargará de dilucidar. Y así está siendo: Compromis ya le ha pedido a UP que retire y aplace la moción de censura y en el PSOE ha entrado la desazón sobre si la gran novedad sanchista será –o no– hacer gregarismo de Podemos y votar favorablemente la censura del presidente popular. Se impone, claro, la abstención. ¡Qué paradoja! La primera decisión de Sánchez será abstenerse en la censura a Rajoy. El discurso de respuesta de Rajoy será el mejor: su silencio sepulcral, salvo alguna simbólica intervención presidencial.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

Presupuestos

Como informaba ayer aquí Angel Collado, Rajoy, después de jugarse el físico con el PNV (5 votos), acordar con Ciudadanos sus pretensiones, conceder a la dulce Ana Oramas sus reclamaciones isleñas, ha decidido que los números dan para obtener el voto 176 a los Presupuestos Generales del Estado y ganarse para su causa a Pedro Quevedo, parlamentario “nacionalista y de izquierdas”, instalado en el Grupo Mixto pero elegido en coalición de su partido –Nueva Canarias– con el PSOE.

Rajoy no ha logrado solo un acuerdo de presupuestos, sino que ha formado una mayoría parlamentaria de mínimos suficiente para atornillar la legislatura hasta 2019, aunque no falten voces socialistas decepcionadas tras la elección de Pedro Sánchez que barrunten que si en agosto Rajoy –con los presupuestos aprobados y el conflicto de Cataluña en su versión más aguda y menos popular– disuelve las Cortes y convoca elecciones, se instalaría el centro derecha en el gobierno “unos cuantos años más”. No parece que este sea el propósito de Rajoy, pero si le aprieta el zapato, quien sabe.

Para la canonización de un beato, la Iglesia requiere tres milagros debidamente probados. En política no existe un procedimiento similar pero sí la liturgia de poner a un dirigente en la peana y atribuirle dotes excepcionales. Rajoy, con 137 diputados de 350, siendo don Tancredo para unos y semejando para otros un estafermo, ha entrado aceleradamente en el proceso de canonización política. ¿La corrupción? No hubo santo más pecador (lean 'Confesiones') que San Agustín de Hipona. Y ahí está, en los altares.

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