"Te voy a contar la historia de Moix y de los intocables"

"El Gobierno ha hecho el ridículo, ha perdido a dos por el precio de uno (Maza no aguantará) y el ministro de Justicia, Rafa, está en el alero"

Foto: El fiscal jefe anticorrupción, Manuel Moix, en las instalaciones de la 'Cadena Ser'. (Foto: EFE)
El fiscal jefe anticorrupción, Manuel Moix, en las instalaciones de la 'Cadena Ser'. (Foto: EFE)

“Te voy a contar lo que ha ocurrido”. Me arrellano en la butaca, bolígrafo en ristre, para tomar notas. “Es bastante sencillo pero hay que hacer un poco de historia”, me dice. “Comenzaré por el principio: hemos creído que las fiscalías especiales son una buena fórmula para desarrollar la política criminal del Gobierno, pero no es nada seguro que así sea, salvo que se ostente sobre ellas un debido control”. Enarco las cejas: “No, no me refiero a control político, sino al control que implica el principio de jerarquía y de unidad de acción que es propio del Ministerio Fiscal y ese, en determinado momento, solo lo ostentó la izquierda fiscal, especialmente durante la larga etapa de Conde-Pumpido, nada menos que entre 2004 y 2011, como Fiscal General del Estado, que fue cuando anticorrupción se amplió al crimen organizado, se dotó de más medios, se nombraron delegados y se destinaron más efectivos”.

Continua: “Fíjate que desde 1995, que es cuando se pone en marcha la Fiscalía Anticorrupción, solo ha tenido dos fiscales jefes: Jiménez Villarejo –un fiscal militante– y Antonio Salinas, que dejaba hacer y era técnicamente competente”. Sorbe un trago de tónica, me hace un gesto con la mano para que no le interrumpa y sigue: “Los fiscales en Anticorrupción –ya sabes que tengo motivos para conocerlo– se creyeron los intocables de Eliot Ness, justicieros, perfectamente informados a través del suministro de la UCO y de la UDEF. Entraron en una especie de espiral endogámica. Anticorrupción era un club privado: se accedía con bola blanca, pero no se entraba si la bola era negra”.

Me extraño con el relato. “Pues no te extrañes porque es así: con Salinas –y la complacencia de Conde-Pumpido– se constituyeron en un bastión que Torres-Dulce ya vio que no podía asaltar en cuanto el Gobierno de Mariano le nombró con muchas expectativas, y que Consuelo Madrigal no quiso porque era una buena funcionaria pero el asunto le venía demasiado grande”. Le digo que esa historia me la sé. “No del todo, querido amigo, porque no está al alcance de cualquiera. Los ratios de eficiencia de Anticorrupción son mucho más bajos de los que demostraría la memoria de la fiscalía. En ese documento habría que cuantificar cuántos asuntos han sido archivados, cuántas sentencias obtenidas por conformidad y cuántas revocadas por la Sala Segunda del Tribunal Supremo. No, no, el ratio de eficiencia es bajo, muy bajo, por más que hagan muchos ruidos las querellas y las denuncias de Anticorrupción. Esa fiscalía no funciona bien”.

"Los fiscales en Anticorrupción se creyeron los intocables de Eliot Ness, justicieros, informados a través del suministro de la UCO y de la UDEF"

“¿Maza era el hombre para asaltar Anticorrupción, reintegrar a sus funcionarios a la disciplina de la Fiscalía General y hacer homogénea la actuación del ministerio fiscal? Pues yo lo dudé siempre porque era un buen magistrado de la Sala Segunda pero muy perfilado ideológicamente, poco neutro, y estaba señalado: emitió un voto particular en febrero de 2012, cuando el TS absolvió a Baltasar Garzón del delito de prevaricación por la apertura de un procedimiento sobre los crímenes del franquismo. José Manuel Maza discrepó: él creía que debía ser condenado. Y eso, querido amigo, la izquierda fiscal no lo ha olvidado. Y el Gobierno tampoco debió hacerlo si quería recuperar la fiscalía para los propósitos de restablecer el orden entre los fiscales”. Tomo nota de la sentencia para leer luego el voto particular de Maza y mi interlocutor, relajado, sigue con el relato.

“Maza ni por lo más remoto pensó que podía llegar al puesto y desde el primer momento los fiscales le tomaron la medida. Es verdad, sí, que cambió algunas cosas, al fiscal jefe de la Unidad de Apoyo, al de la Audiencia Nacional… pero siempre con precariedad y recelo de sus subordinados a los que, además, adulaba. Su prueba de fuego era Anticorrupción y ahí demostró Maza que no tiene instinto”.

Le pregunto sobre lo que él entiende por instinto. “Algo sencillo, si apuestas, hazlo a lo grande, sin asumir riesgos innecesarios. Se lo advirtieron: Moix aparece en las grabaciones de ese diálogo de carmelitas tan publicitado entre el inefable Zaplana con el cara dura de Ignacio González. Le dijeron 'no, José Manuel, no lo hagas, te meterás en un lío'. Pero se metió en el lío por inexperiencia y por tozudez, y los intocables vieron que el personaje era pan comido y fueron a por él. Activaron sus terminales mediáticas –que no son pocas–, se conocieron las conversaciones aunque se violaba el secreto del sumario y no hubo día sin polémica en los medios. Además, a Rafa, como le llama González, o sea, al ministro de Justicia, le dio por hablar más de la cuenta y se formó un 'totum revolutum' hasta que –por las torpezas de Moix en el caso Lezo y el respaldo que obtuvo de Maza y Catalá– el Congreso les reprobó a los tres de una tacada, lo que, como bien sabes, no tiene precedente”.

El fiscal general del Estado, José Manuel Maza. (EFE)
El fiscal general del Estado, José Manuel Maza. (EFE)

“Ya has visto cómo ha acabado de momento este asunto: Maza ha contraído la responsabilidad de haber nombrado a un fiscal con una sociedad en Panamá. No, no es delito, en absoluto. Pero caben dos dudas: por qué mantuvo la sociedad tras el fallecimiento de sus padres (seguramente porque tenía que pagar una pasta en impuestos) y por qué no se lo contó a Maza (seguramente porque quería el puesto a todo trance). Pero los intocables conocían el 'pecadillo' de Moix y esperaron al momento oportuno para lanzarlo a la plaza pública. Y les ha durado tres días.”

Le digo que es lógico porque el que la hace la paga. “Sí, claro, pero vamos a ver: el Gobierno tiene razón en que la Fiscalía Anticorrupción está desmandada, pero su torpeza es infinita en tratar de resolver ese problema”. Le pregunto cómo podría resolverlo. “Desde luego, no como pretende Catalá. No es cuestión de nombrar a un sargento de varas. Hay que dar un vuelco al ministerio fiscal total, histórico y completo”. De nuevo, enarco las cejas.

"Los intocables conocían el 'pecadillo' de Moix y esperaron al momento oportuno para lanzarlo a la plaza pública. Y les ha durado tres días"

“Comprendo que te extrañes. Pero esto no es cuestión de personas, de disciplina, sino de concepción general del proceso penal y de la política criminal. Y la solución es la más generalizada en nuestro entorno europeo: hay que ir al Código Procesal Penal que, en borrador, elaboró un consejo de expertos en la X legislatura y atribuir al fiscal la instrucción penal bajo la supervisión férrea del juez que lo sería de garantías. Hay que cambiar el Estatuto de ministerio fiscal y que, bajo la vigilancia del juez, los fiscales instruyan y no se limiten a ejercer la acción penal".

“Sí, sí, como hay mucha ignorancia de los sistemas comparados esto aquí suena raro, pero es la solución, amigo mío. Si te parece, de eso hablamos otro día porque ahora, compra palomitas, siéntate cómodo y espera a que el Gobierno remate su propia derrota a manos de los intocables y Maza nombre a uno de ellos para sustituir a Moix. Después a Maza le van a dar mus y Catalá las va a pasar moradas. Esto –querido José Antonio– ha sido una implosión y no una explosión, es decir, un ejemplar ejercicio de descabalgamiento de un cargo público por sus subordinados, que, además, lo han hecho con razones inapelables. Ya sabes cómo pienso y me duele decirlo, pero el Gobierno ha hecho el ridículo, ha perdido a dos por el precio de uno (Maza no aguantará) y el ministro de Justicia, Rafa, está en el alero”. Pregunto por algún detalle más: “De momento, hasta aquí puedo leer”.

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