La presidenta dinamitera (¿hacia otro referéndum?)

Lo que está ocurriendo en la comunidad foral que lidera Uxue Barkos consiste en crear las condiciones sociopolíticas para que se plantee el referéndum de anexión de Navarra a Euskadi

Foto: La presidenta de Navarra, Uxue Barkos. (EFE)
La presidenta de Navarra, Uxue Barkos. (EFE)

Navarra es para el nacionalismo vasco lo mismo que la Comunidad Valenciana, las Islas Baleares y la Cataluña francesa para el nacionalismo catalán. En el primer caso, Navarra formaría parte de la gran Euskadi –siete territorios en uno: las tres provincias vascas, la propia comunidad foral y las tres demarcaciones vasco-francesas, es decir, Euskalherria– y en el segundo, esos territorios integrarían los Países Catalanes. Panvasquismo y pancatalanismo. Les motoriza a ambos un afán de expansión territorial para ganar masa crítica, en superficie, en demografía y en economía, y articular así con más potencia sus propósitos segregacionistas. Lo que está pasando en Cataluña se está viendo. Lo que está ocurriendo en Navarra no es tan visible.

Existe un diferencia constitucional de decisiva importancia: la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución prevé que Navarra pueda incorporarse “al régimen autonómico vasco” (o sea, al País Vasco) si así lo acuerda por mayoría su Parlamento y se ratifica en referéndum. En otras palabras: la anexión de Navarra es una posibilidad constitucionalmente reconocida. Y lo que está sucediendo en la comunidad foral bajo la presidencia de la nacionalista vasca Uxue Barkos –cabeza visible de la coalición Geroa Bai integrada por el PNV, Atarrabia Taldea y la Asociación Zabaltzen– consiste en algo muy sencillo: crear las condiciones sociopolíticas para que, en un determinado momento, se plantee el referéndum de anexión de Navarra a Euskadi.

El Gobierno de Navarra está dominado por una coalición que integra a Geroa Bai –es decir, el PNV– con 9 escaños; EH Bildu –izquierda abertzale próxima a ETA– con 7 escaños, Podemos con otros 7 e Izquierda-Ezquerra con 2. El actual ejecutivo dispone de 26 votos de los 50 del Parlamento Foral. La oposición la integran Unión del Pueblo Navarro (15), el Partido Socialista Navarro (7) y el PP (2). En esta correlación de fuerzas, la experiodista de la TV vasca y exdiputada por Nafarroa Bai en el Congreso (2004-2015) se ha convertido en una auténtica dinamitera del régimen foral navarro procurando, eso sí, que su labor de zapa se note lo menos posible. Para empezar, gobierna con la izquierda abertzale que ha sido desalojada por los vascos de las posiciones institucionales que tenían en Guipúzcoa. Desde que llegó a la presidencia (julio de 2015) no ha hecho otra cosa que favorecer la “vasquidad” de Navarra.

El pasado día 5 de junio, ella y su coalición aprobaron en el Parlamento una resolución pidiendo un referéndum sobre la monarquía

De forma inmediata –en diciembre de 2015– expulsó a los Reyes del acto de entrega de los premios Princesa de Viana, título de la Corona que corresponde a la Princesa de Asturias, y que el hoy Rey, Felipe VI, entregaba desde 1990 ininterrumpidamente. El pasado día 5 –la víspera de la visita del monarca y de la Reina a Navarra para conmemorar los 25 años del Centro de Tecnología Nacional y de Seguridad Alimentaria– ella y su coalición aprobaron en el Parlamento una resolución pidiendo un referéndum sobre la monarquía. Barkos sabe dónde golpea: en el sentimiento monárquico, especialmente foral, de la sociedad navarra. Pero su sectarismo –que está diluyendo la identidad navarra– ha consistido especialmente en la derogación en marzo pasado de la Ley de Símbolos (2003) que prohibía la exhibición de la ikurriña –bandera de la comunidad autónoma vasca– en las instituciones forales de Navarra y en sus ayuntamientos. El sábado pasado, esta política anexionista y pannacionalista recibió una amplia contestación con una gran manifestación en Pamplona (20.000 personas), cuyo alcalde –no se olvide– es un eminente miembro de EH Bildu.

Manifestación en defensa de la bandera de Navarra el pasado sábado. (EFE)
Manifestación en defensa de la bandera de Navarra el pasado sábado. (EFE)

Hoy por hoy, esa izquierda que fue pro etarra –lo sigue siendo– y que ha perdido posiciones en Euskadi se ha replegado en Navarra, al amparo de un gobierno “amigo” –del que forma parte Podemos como única fuerza nacional– que practica una política de dilución progresiva de las señas de la identidad navarra, entre las que se encuentra, ciertamente, el idioma vasco (se habla en la zona más occidental). Con los gobiernos de UPN el euskera no ha tenido problemas, aunque sí los nacionalistas vascos que siempre urdían estratagemas expansionistas, de modo particular a través de la radio y televisión públicas vascas. Se sabe, además, que en Navarra persisten núcleos de filoetarras, como ese que apaleó brutalmente el pasado mes de octubre en Alsasua a dos guardias civiles y a sus novias en el bar Koxka. Siguen en muchos lugares de allí ambientes muy similares a los que describe Fernando Arámburu en su novela 'Patria'.

Uxue Barkos es una política peligrosa porque da gato por liebre, parece convincente y persuasiva pero es autoritaria e impositiva, es navarra pero responde a los intereses del nacionalismo vasco, ampara a los socios radicales de EH Bildu y está amigada con la peor versión de Podemos. Si no prestamos atención a lo que allí está sucediendo, tendremos un problema abierto en canal en muy poco tiempo. Se está expropiando ante nuestras propias narices el régimen foral navarro. Y una reflexión final: cuanto antes se revise –su sentido político y social– la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución que permite la anexión de Navarra a Euskadi, mucho mejor. Se evitaría así la expectativa que Barkos y sus compañeros de partido y de Gobierno tratan de hacer realidad con unas políticas sectarias y agresivas. En menos de lo que parece, este Gobierno de Barkos plantea un referéndum para integrar Navarra en Euskadi y tendremos –ya está– otra sociedad fracturada.

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