Parece que hay alguna gente sobrecogida con la historia de la atleta somalí Samia Yusuf Omar, abanderada de su país en los Juegos Olímpicos de Pekín. Ha perecido intentando llegar a Italia en una patera. Allí abajo, en la inmensa fosa común del fondo mediterráneo, yacerán sus restos, como sobras de un festín, junto con las de otros miles de africanos desconocidos. A mucha gente le ha conmovido porque acabamos de vibrar con otros Juegos Olímpicos y nos ha cautivado una vez más su narrativa de esfuerzo y lucha, su brillo estelar y su glamour. De pronto, en el mismo contexto, se ha cruzado una atleta que subió de noche a una patera y desapareció. La gloria y la muerte, tan cercanas.
A buen seguro, algunos miembros del Gobierno se habrán estremecido también al conocer la muerte de Samia. Los ministros no son seres de otro mundo, al fin y al cabo. Sin embargo, se muestran convencidos de que si la atleta somalí hubiera logrado la proeza de llegar con vida a España, lejos de recoger una medalla, no hubiera merecido siquiera recibir atención en los servicios públicos de Salud.
Así son los tiempos: los informativos sirven puntualmente una historia desgarradora, entretenida, con el componente de tragedia necesario para arrancar al público una lágrima compasiva y que así nadie deje de sentirse buena persona. La siguiente noticia -o tal vez la anterior- informa de las políticas oficiales, que destruyen el concepto de sanidad universal para excluir a los supervivientes de las pateras. No hay conexión aparente entre los hechos. Todo ocurre en un mundo gaseoso e incierto, donde el único mensaje seguro del poder es: cada cual debe salvarse. El espectador-votante contempla las noticias, convencido de que en nada le afecta esta reforma sanitaria, puesto que no es inmigrante irregular. Por eso, aprueba la medida con entera serenidad. Pero nada sucede de forma aislada: somos seres sociales y vivimos en sociedad. Parece mentira que haya que insistir en algo tan obvio.
La regresión al pasado es evidente. La historia se frustra al ver que no consigue enseñarnos nada. La repetimos o volvemos a fórmulas cuyo fracaso quedó demostrado. En España existió un Ministerio de Sanidad como tal por primera vez en el año 1936. Hasta entonces era un departamento del Ministerio del Interior. “¿Y por qué de Interior?”, podríamos preguntar desde nuestra perspectiva actual. Sencillo, porque muchas enfermedades -especialmente las que degeneran en epidemias- pueden convertirse en un problema de orden público. Por esa misma razón, en EEUU se sometía a cuarentena en Ellis Island a los pasajeros que llegaban por cientos en barcos procedentes de Europa hace poco menos de 100 años. El Estado no gastaba dinero en prevenir la enfermedad, sino el problema de orden público.
Esa vieja idea está de regreso. Se halla en camino: si llega un inmigrante tuberculoso a un hospital y no lo atienden, pondrá en peligro a la población. Y cuando los medios difundan esa amenaza, habrá llegado el momento de aprobar medidas de excepción para confinamientos masivos de inmigrantes. Y entonces la sociedad lo consentiría, temerosa de una epidemia de la que nadie estaría a salvo. Si nadie se resiste ahora -como están haciendo los médicos-, se consumará lo que no es una reforma, ni una política de austeridad, sino un cambio conceptual brutal para conducirnos a otro modelo de sociedad. Nos lanzan a la pendiente de la deshumanización. Se nos aboca al miedo y al afán de supervivencia. Samia debió de sentir algo muy parecido la noche que subió a la patera.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
39sudaca2 24/08/2012 | 23:27
Srta. Irene, ¿Cree usted que los problemas del mundo se van a solucionar trayendo a todos los pobres y enfermos a España para que les alimentemos, les demos trabajo, educación y sanidad? Todo gratis, por supuesto. Srta. Irene, usted viene de un mundo feliz donde vas por la calle y te caen regalos de todo tipo. Te vas a comer con Rosa y te cae un puesto en el Congreso. Pero mirusté, ese mundo es todo una mentira. Gente como usted no sabe lo que es la vida, el sacrificio, la auténtica generosidad [con lo de uno, no con lo de los demás]. España ante el abismo gracias a gente que no sabe lo que es la vida. A papanatas como usted.
38Fernan Gonzalez 24/08/2012 | 22:57
#31 Le animo encarecidamente a que continúe usted con su línea argumental en un futuro.
Por seguir sus directrices es por lo que han hundido a este país y así que espero que si siguen con los mismos argumentos no les vuelvan a votar nunca.
37Fernan Gonzalez 24/08/2012 | 22:38
La sanidad Universal es un concepto utópico porque literalmente quiere decir que cuando llegemos a la nebulosa de Andrómeda tendremos derecho a sanidad así como cuando ellos vengan a nuestro país.
Cuando esa situación sea reciproca habremos alcanzado el mito de la sanidad universal.
Pero mientras un español vaya a EEUU o Marruecos y no tenga asistencia si no la paga o simplemente no tenga asistencia ninguna entonces no podemos dar a la inversa el mismo servicio aunque el ciudadano en cuestión venga de nuestro mismo Planeta.
36Fernan Gonzalez 24/08/2012 | 22:24
#1 Finalmente encontré la historia completa de Samia en un buen artículo biográfico no de opinión, el enlace lo he puesto aquí.
Mantengo mi opinión del otro día, son los padres de África los que tienen que cambiar su entorno para que sus hijos no tengan de emigrar en busca de oportunidades y pongo un ejemplo de superación que no le quita mérito a esta historia y es esta de aquí,, a alguno de estos niños soldado que estudian en la universidad de Almería me lo he cruzado por el campus, conocía su historia y supe que era uno de ellos por la entereza y madurez de su expresión.
Este es el ejemplo que tiene que seguir el pueblo Africano porque son los de su mismo país los que tienen que levantarlo, lo cómodo para estos chicos es tener la oportunidad de venir y quedarse, su gran mérito es volver y ayudar a los suyos.
Un saludo para usted, su señora y la tortuga.
Cuando una puerta se cierra otra se abre.
35don lucio 24/08/2012 | 20:52
-34-
precisamente el hecho de que AFRICA este tan mal como esta, nos deberia hacer pensar que en la peninsula podemos ayudarnos los unos a los otros,
1-apretandonos el cinturon.
2-arrimando el hombro.
3-evitando jolgorios politicos, protestas y manifestaciones que
lo que hacen es perjudicar a los parados.
NO AFRICANIZAR A LA PENINSULA.
Aseguran que soy diputada, pero yo digo que trabajo como diputada nacional de UPyD.Soy ensayista de vocación y periodista de profesión, aunque cada día tiene su afán y ahora mi prioridad es representar a los ciudadanos. Concibo esta columna como parte de esa triple calificación, si es que Standard&Poor’s no me la rebaja. He publicado varios libros, he trabajado para una larga lista de medios de comunicación y hasta he recibido algún premio. Mi biografía exhaustiva, en www.irenelozano.com y mis gorjeos, en @lozanoirene.