Ya sabemos que la declaración personal del IRPF tampoco significa nada a la hora de determinar si un ciudadano cualquiera -y mucho más un político en ejercicio- mete la mano en la caja o realiza operaciones espúreas. Pero es algo, un punto de referencia en el que fijarse.

El jefe del PSOE -que en ocasiones tiene tintes de hombre de Estado (Gibraltar)- despreció el hecho de que su oponente Rajoy decidiera hacer públicas sus declaraciones. Alguna razón no le deja de asistir, porque si alguien ha cogido dinero negro no lo va a consignar precisamente en los impresos de la Agencia Tributaria.

Pero, en cualquier caso, es un paso, un ejercicio hacia la transparencia oficial.

En numerosas ocasiones se le ha reprochado desde la bancada mayoritaria y gubernamental al líder socialista el hecho de que oculte sus declaraciones anuales al fisco. ¿Por qué? Si es darle a un botón y colgarlo en la página del PSOE.

Lo he preguntado en los aledaños del químico cántabro. La respuesta es que Alfredo no cree en esos alardes populistas fatuos que no dan respuesta a lo que realmente demandan los ciudadanos de sus dirigentes políticos. No está dispuesto a someterse a las exigencias de una “dictadura pueril” que al final no arregla nada.

Pero para que el lector se haga una idea: Alfredo Pérez Rubalcaba, casado con Pilar Goya, espléndida hermana del gran Tato, tiene un patrimonio personal y familiar (no tiene hijos) que se podría calibrar de clase media-alta, cercano a los dos millones de euros (todo incluido).