La rebelión de los millonarios contra el sistema: esto sí que es nueva política

El éxito de Trump es revelador, mucho más de lo que parece. El Gobierno que ha puesto en marcha es todo un golpe al 'establishment' tal y como había sido concebido

Foto: El secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, llega a la Trump Tower. (EFE)
El secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, llega a la Trump Tower. (EFE)

Llegó la hora de la realidad, y ya sabemos cuál es el grado de correspondencia entre las promesas y las acciones de Trump. Acabada la campaña, el presidente de EEUU ha elegido su gabinete, y ha dejado claro cuáles son sus planes de futuro. Las personas que ha escogido, millonarios, militares y conservadores radicales, subrayan de modo muy evidente el cambio de rumbo que va a vivir el país más importante del mundo, y con él todos nosotros.

La llegada de Trump conlleva dos grandes transiciones. La primera es política, subraya que nuestro sistema está en movimiento, y cómo puede dar lugar a cambios radicales sin necesidad de grandes revoluciones. Lo de Trump es muy significativo: ha nombrado como secretario de Trabajo (figura similar a nuestros ministros) a un magnate del sector de la comida rápida; ha elegido a un negacionista como responsable de medio ambiente; a un directivo de la petrolera Exxon como secretario de Estado; a un Goldman Sachs como secretario del Tesoro; a una decidida partidaria de las escuelas privadas como secretaria de Educación; a un enemigo de la sanidad pública como secretario de Salud, y así sucesivamente. Se trata de personas cuya fortuna conjunta supera los 35.000 millones de dólares, más que el PIB de muchos países, según 'Politico'.

Han tenido éxito en la vida y han hecho mucho dinero, por lo que creen estar más capacitados para dirigir un país que esos expertos que se pierden en palabrería

El segundo cambio se podría definir como la rebelión de los ricos frente a la política. Los millonarios han copado los cargos en la administración que antes ocupaban los expertos, porque han entendido que estos sobran: para qué delegar en unos cuantos personajes que luego pueden tomar en consideración factores irrelevantes, o que pueden, solo para que su presidente no pierda popularidad, seguir las líneas de acción equivocadas. La idea de fondo es la siguiente: ellos son gente que ha tenido éxito en la vida, que ha hecho mucho dinero (o que proviene de familias que lo han tenido siempre), por lo que están mucho más capacitados para dirigir un país que unos expertos que se pierden en palabrería en lugar de ir a lo práctico. Quien sabe cómo gestionar lo privado sabe cómo gestionar lo público, sin medias tintas y sin tibiezas, por lo que quitar del medio a los técnicos es, desde su punto de vista, una acción necesaria para que las cosas comiencen a marchar como Dios manda.

Políticos, ¿para qué?

Del mismo modo, también los líderes políticos comienzan a sobrar. En el tiempo en el que la política era importante, las figuras con reconocimiento público eran esenciales, no solo por la confianza que podían generar en el elector, sino porque representaban una serie de ideas que eran compartidas y promovidas por buena parte de la población, y eso era lo que terminaba produciendo el éxito electoral. Pero desde que la política ha perdido autonomía y se ha convertido en un instrumento de gestión de lo dado, los líderes debían ante todo poseer una personalidad atractiva que convenciese a los votantes. Su tarea primera era convencer al elector de que depositase su nombre en la urna.

No era un político, concitaba odios, los grandes medios le criticaban y no tenía el respaldo oficial de su propia formación. Y terminó ganando

Trump parece haber pensado que para qué necesitaban esos intermediarios cuando él sabía desempeñar mejor ese papel. Trazó una campaña en la que decía a cada grupo de interés lo que necesitaba oír, se alejó del 'establishment' todo lo que pudo, difundió sus mensajes por redes alternativas (como Facebook y Twitter, las televisiones reaccionarias estilo Fox y portales como Breitbart), paseó a su guapa mujer todo lo que pudo e hizo ostentación de su riqueza. Tenía a los grandes medios en contra, a su propio partido, y a adversarios que difundían continuamente que sería el presidente menos adecuado para EEUU. No era un político, no era un personaje popular, sino que concitaba mucho odio, los grandes medios le criticaban y no tenía el respaldo oficial de su propia formación: nada que hacer, ¿verdad? Eso creímos, y nos equivocamos.

Hasta ahora, cuando un país no se gestionaba como era preciso, se colocaba a un tecnócrata al frente, alguien que viniera de Goldman Sachs, por ejemplo

Trump pensó que las cosas se podían hacer de otra manera, que no era necesario seguir los canales oficiales, esos que se suponía que daban el triunfo, y demostró que a partir de la incorrección política continua se podía tener éxito también. De modo que, ¿para qué se necesita a los políticos si una persona con éxito como él sabe mejor que nadie cómo ganar elecciones?

Esto sí es nueva política

Trump ha dado un paso más allá, en todos los sentidos: ha ido contra el 'establishment' político y experto, y ha ganado. Ha conseguido tener un Gobierno de millonarios para girar el país más importante del mundo hacia sus intereses. Y ha conseguido dar una patada al 'establishment', que ha llevado un paso más allá aquello que ya era tendencia. Hasta ahora, cuando un país no se gestionaba como era preciso, se colocaba a un tecnócrata al frente, alguien que, por ejemplo, viniera de Goldman Sachs (en el siglo XIX y durante buena parte del XX, se colocaba a un militar, ahora a un financiero). Lo de Trump eleva un grado esa misma dirección. Y eso sí que es nueva política; quizá poco recomendable, pero seguro que nueva.

Es llamativo cómo nuestro sistema sabe alimentarse de las tensiones que él mismo crea; cómo el descontento generado por las políticas económicas contemporáneas ha llevado al poder a alguien que no hará más que acelerar ese camino, y además lo ha conseguido con el voto de las personas que más perjudicadas resultan con esta gestión económica.

De manera que los viejos partidos y sus dirigentes harían bien en protegerse contra esta tendencia, y ser conscientes de que, en un momento cercano, si no hacen de la política algo importante para la gente, pueden resultar fácilmente sustituidos por aquellos que tienen poder de verdad, como son los millonarios. En cuanto a los nuevos partidos, en fin, poco se puede decir cuando aquí llaman nueva política a esto:

Beso Iglesias y Errejón.
Beso Iglesias y Errejón.

Postpolítica

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
7 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios