La conspiración que hay detrás del caso Blesa

La muerte del expresidente de Caja Madrid ha generado numerosas tesis sobre sus posibles causas. Pero quizás el complot más preocupante no tenga que ver con su fallecimiento

Foto: Miguel Blesa, cuando compareció en la Asamblea de Madrid. (EFE)
Miguel Blesa, cuando compareció en la Asamblea de Madrid. (EFE)

Hace unos años publiqué un artículo acerca de los Skulls and Bones, el 'final club' de la universidad de Yale, al que han pertenecido personas bien conocidas de la política y la economía estadounidenses. Alguien de la radio lo leyó y me llamó para entrevistarme. Supongo que el resultado fue decepcionante para el presentador, porque me limité a describir lo que se sabe sobre la fraternidad. Quizás esperaba rituales satánicos, redes ocultas de poder que conectan la masonería con el gobierno secreto del mundo y cuestiones similares, pero solo señalé lo evidente: cuando eres el hijo de un multimillonario y te juntas en un centro educativo de élite con otros como tú, con hijos de políticos, militares, banqueros e inversores, es más que probable que ese grupito que formáis termine teniendo una gran influencia en la sociedad.

Ocurre lo mismo con el Club Bilderberg. No sé de lo que habla en sus reuniones, más allá de lo que ellos hacen público, pero es evidente que cuando se juntan buena parte de las personas más poderosas del mundo en la misma habitación, lo que analizan, discuten y deciden va a tener repercusión en nuestras vidas. No hacen falta conspiraciones ocultas, basta con su misma existencia.

¿Qué tal si lo llamamos 'tendencia inextirpable de los poderosos a influir en los acontecimientos con vistas a su máximo beneficio'?

Este tipo de historias quedan muy bien reflejadas en un fragmento del libro más incorrecto que se ha publicado este año, 'Manifiesto Redneck', de Jim Goad, un tipo de espíritu punk cuya obra salió a la venta hace 20 años en EEUU y que solo ahora ha sido traducida al español. En él, Goad, que reparte para todos sitios, pero que se centra en la estupidez izquierdista en su país, afirma algo muy sensato y poco popular acerca de las conspiraciones, que se debe suscribir si todavía se guarda un poco de sentido común: existen. “Pero no se trata de Mau Mau ni del Klan. Ni de los nazis o de los judíos. No es la extrema izquierda ni la ultraderecha, ni cualquiera de los don nadie sin definir que se acobardan en medio. Ni siquiera son los italianos. Es el PODER, estúpido. Es la tendencia de la naturaleza humana, cuando se la deja sola, a tratar de salirse con la suya en todo lo que pueda. El gobierno es el mayor embustero porque tiene el mayor MOTIVO para mentir. Es absolutamente comprensible. Quienes detentan dinero y poder quieren protegerlos. No es de locos, es de sentido común. Es el modo en que fluye el dinero. 'Conspiración' es un término tendencioso: ¿qué tal si lo llamamos mejor 'tendencia aparentemente inextirpable de los poderosos a intentar influir en los acontecimientos con vistas a su máximo beneficio y prolongado afianzamiento'? ¿Suena más sensible? (sic). No estoy hablando de Redes Como Telarañas Mundiales Satánicas Bolcheviques Kosher Extraterrestres Psicóticas y Malignas, ¿de acuerdo? Estoy quejándome del hábito históricamente demostrable de los poderosos a pasarse más tiempo intentando SEGUIR SIENDO poderosos que ayudando a quien sea. Los que no conspiran no se mantienen mucho tiempo en el poder porque siempre hay alguien por ahí ansiando ser más despiadado”.

Redes de interés

Una de las maneras en que tradicionalmente se han forjado estas conspiraciones ha sido a través de la creación y consolidación de redes de interés entre miembros de la élite, quizá porque, como decía Ralph Miliband, los ricos sí suelen tener conciencia de clase. Y esto explica bien lo de Blesa, un técnico de la Administración que habría permanecido en el anonimato de no haber tenido la suerte de coincidir y confraternizar con José María Aznar en los tiempos en que este impulsó desde el Gobierno un extraño híbrido público-privado con oscuras consecuencias, por lo que estamos viendo. Compañeros de pupitre pasaron a dirigir grandes empresas, más que por sus méritos por esa afinidad personal, de la que se esperaba lealtad, lo que no siempre ocurrió. Blesa fue uno de esos amigos que por estar junto a la persona adecuada en el momento justo formó parte de un entramado de poder del que salió beneficiado.

La disparidad de intereses entre distintos grupos de las élites no ha hecho más que crecer, así como la intensidad de sus conflictos

Este tipo de acceso al éxito ligado a la pertenencia a redes concretas, que ha sido común en las últimas décadas, está alterándose e intensificándose con la preeminencia del capitalismo financiarizado, según cuentan los profesores Aeron Davis y Karel Williams en 'Elites and Power after Financialization'. Ya que el entorno financiero, el decisivo hoy, opera a través de coyunturas cambiantes, los procesos de transformación van a ser más cortos e inestables. La continuidad y el largo plazo que eran característicos de las élites, y a través de los cuales establecían las condiciones de su reproducción, ya no están asegurados. Las oportunidades de hacer dinero cambian sustancialmente de una coyuntura a otra, lo cual provoca que la movilidad entre organizaciones y la posibilidad de reinventarse sean imprescindibles para sobrevivir.

Unidad rota

Como Mizruchi señaló, cuando las élites estaban ligadas de un modo sólido a los estados en los que operaban, existía cierta unidad de acción, que comenzó a desaparecer en los tiempos de la globalización. Y con el asentamiento de la financiarización, la disparidad de intereses entre los diferentes grupos que conforman las élites no ha hecho más que crecer, así como la intensidad de sus conflictos, lo que también aumenta las redes, formales e informales, que se establecen dentro de ellas.

Las conspiraciones, es decir, las acciones del poder para seguir siéndolo, van a ser más numerosas, intensas y fragmentarias en los tiempos que vienen

Estas redes son menos visibles que en otras épocas, ya no están ligadas a los territorios, operan informalmente y son flexibles, según describe Janine Wedel, profesora de la George Mason University, en 'From Power Elites to Influence Elites: Resetting Elite Studies for the 21st Century'. Sus formas de acción les permiten evadir la 'accountability', esa rendición de cuentas típica de los estados democráticos, y están articuladas a través de conexiones entre personas que ocupan una elevada posición social y económica y que se hallan dentro y fuera de las estructuras oficiales. Pero, además, avisa Wedel, están continuamente examinando las diferencias de poder entre ellos, midiendo las posibilidades de asentarse mejor o de perder pie en el siguiente escenario. Por lo tanto, las conspiraciones, es decir, las acciones del poder para seguir siéndolo, van a ser más numerosas, intensas y fragmentarias en los tiempos que vienen.

Blesa

A lo mejor hay otras conspiraciones, pero ni idea. La muerte de Blesa en extrañas circunstancias ha dejado muchas dudas abiertas, que se han reflejado rápidamente en tesis diversas en las redes e incluso en medios de comunicación. Yo no puedo decir mucho al respecto, porque carezco de la información que me permita ofrecer un juicio sólido. Pero tampoco tú, querido lector, porque todo lo que sabemos, lo que se ha transmitido, es una conclusión (“fue un suicidio”), pero no los elementos de convicción que la apoyan. En fin, ya saldremos de dudas (o no). En mi caso, prefiero centrar la mirada en esta nueva configuración de las élites y en la nueva clase de influencia que detentan, porque eso sí que forma parte de la tendencia históricamente demostrable de los poderosos a seguir siéndolo. Y está ocurriendo ahora.

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