La CEOE tiene el remedio contra el paro: el despido libre

En pleno abismo de la crisis, con más de cuatro millones de parados llamando a las puerta del INEM, la patronal ha enseñado la patita con

En pleno abismo de la crisis, con más de cuatro millones de parados llamando a las puerta del INEM, la patronal ha enseñado la patita con tanto descaro que hasta el PP ha pedido a sus dirigentes que se cubran un poco el muslo porque van provocando. La gran propuesta de los empresarios para salir del marasmo, frenar el desempleo y evitar el colapso de la Seguridad Social, tres en uno como el lubricante, es una variante de despido libre que han denominado “contrato indefinido no fijo”, que además de ser una contradicción in terminis es, como se verá, gran tomadura de pelo.

El citado contrato indefinido no fijo establece un período de prueba de dos años, dentro de los cuales el empleador puede poner al trabajador de patitas en la calle en cualquier momento, con el único requisito de avisar con siete días de antelación y con una indemnización de ocho días. Transcurridos este plazo, si la relación laboral continúa, el trabajador se convierte en fijo, aunque el contrato podrá extinguirse en cualquier momento, sin más obligación que preavisar al empleado con un mes de antelación y abonar 20 días de salario por año con un tope de doce mensualidades. El contrato tiene una última ventaja, y es que, eliminada la tutela judicial, nos ahorramos un pico en juzgados de lo social.

"No pretendemos abaratar el despido sino la contratación, reducir el absentismo, flexibilizar los contratos a tiempo parcial (...) y reducir la temporalidad a través de contratos fijos más asumibles económicamente hablando", ha dicho sin rubor Gerardo Díaz Ferrán. Lo de abaratar la contratación tiene su guasa porque en 14,6 millones de los 16,6 millones de contratos celebrados en España en 2008 fueron temporales, la mayoría suscritos en claro fraude de ley en la medida en que se usó la contratación temporal para actividades permanentes de las empresas.

Pocas alforjas hacían falta para este viaje, en un momento en el nueve de cada diez de los empleos destruidos en la Eurozona tienen lugar en la piel de toro, lo que indica claramente que si hay un mercado laboral flexible en Europa es el español. De hecho, lo que ha disparado las cifras de desempleo es la facilidad con la que las empresas han podido deshacerse de sus trabajadores temporales -al menos uno de cada cuatro empleados no tienen contrato indefinido-, que además son los que más sufrirán la crisis porque ni han percibido indemnización –o ésta ha sido muy modesta- ni han generado el derecho a percibir las prestaciones por desempleo por un período largo de tiempo.

La patronal ha desaprovechado la oportunidad de plantear iniciativas más inteligentes o menos trogoloditas, que viene a ser lo mismo, algunas de las cuales ya han sido puestas negro sobre blanco por los servicios de estudios de los bancos que, como en el caso de las pensiones, han visto en las nuevas modalidades de contratación la oportunidad de hacer negocio. La última la ha trabajado el BBVA, y consiste básicamente en una contrato único con costes de despido crecientes en función de los años de antigüedad, combinado con el sistema austriaco, en donde cada trabajador es titular de un seguro de despido que se paga con cotizaciones sociales y se acumula de una empresa a otra.

Los analistas de Francisco González han puesto, incluso, cifras a este fondo, que sería financiado por un porcentaje del salario bruto anual, costeado por empresarios, trabajadores y hasta por el Estado, y gestionado por la Seguridad Social. Permitiría, además, complementar la pensión de aquellos trabajadores que no fueran despedidos. Un chollo, en definitiva.

Ahora bien, hay que pensar que si los empresarios han abierto este melón no es por cicatería o ruindad. A la patronal le mueve exclusivamente el altruismo y la filantropía. Su objetivo no es ahorrarse unos euros con los despidos sino lograr acabar con la temporalidad, que es, en su opinión, la causa de la baja productividad de la economía española. En otras palabras, las empresas hacen contratos temporales a su pesar y eso les impide formar adecuadamente a estos trabajadores, lo que reduce su productividad.

Aun agradeciéndoles el gesto, lo que olvidan los sucesores de Cuevas es que éste no es el único factor que resta productividad a la economía. Influye para empezar el tamaño de las propias empresas, que en el 80% de los casos no sobrepasan los 250 empleados, mientras que este porcentaje es del 60% en Alemania o del 53% en el Reino Unido. Las empresas españolas de mayor tamaño son tan productivas como sus equivalentes en Estados Unidos. El tamaño aquí sí que importa porque aminora el gasto en I+D, al que España sólo dedica el 1,5% del PIB, más de un punto por debajo de lo que se destina en las grandes economías del mundo o en los humildes países nórdicos.

Todo lo anterior sería anecdótico si, al menos, el nivel educativo fuera el adecuado, pero seguimos con una educación de insuficiente calidad y escasa duración. La productividad aumentará cuando se frene el abandono escolar, cuya tasa en España alcanza el 30% y duplica a la europea sólo por detrás de Malta y Portugal. ¿Es consciente de ello nuestra abnegada clase empresarial?

Con esos mimbres el Gobierno ha fijado el objetivo de cambiar nuestro modelo productivo, como quien sustituye una bombilla fundida por otra –de bajo consumo, claro-. Parece fácil. Sólo hay que poner a los excedentes de la construcción, especialmente a esa quinta parte que carece de formación alguna, a fabricar circuitos integrados, algo que se consigue sustituyendo el tradicional mono de trabajo y el pañuelo de cuatro nudos por la bata blanca y los guantes de látex. Y si esto falla, se les hace indefinidos no fijos y se les vuelve a despedir para que escarmienten. Menos mal que la CEOE vela por nosotros.

Sin Enmienda
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