Miércoles, 1 de mayo de 2013

Álvaro Robles Cartes*

TRIBUNA

Meando contra el viento en la Diada

11/09/2012
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Es tradicional que el digno recuerdo del Once de Septiembre se complemente con actividades, discursos y provocaciones desde el nacionalismo más o menos radical. A menudo, sus instigadores no reparan en el hecho de que gobiernan, viajan en coche oficial y gastan nuestros impuestos gracias al orden constitucional que les legitima (y contra el que tan ardorosamente combaten) y despachan la efeméride revisitando los lugares comunes con tópicos reivindicativos conocidos y más o menos descontados: la amenaza a la cultura catalana, a su lengua, al autogobierno y al Estado del bienestar en general.

Este Once de Septiembre es distinto.  Cataluña está en quiebra y refinanciada por su Estado opresor, y el trazo de cualquier discurso victimista requiere un plus de sutileza. La demagogia no es lo mismo, pero es más fácil de encontrar. Como aperitivo, la petición urgente de 5.000 millones al Gobierno central para refinanciar vencimientos y cubrir el agujero contable mensual de la Generalitat no es tal, ha dicho Homs, días después de llamar macarra a Montoro; es la “devolución de impuestos catalanes gravados en exceso y retenidos en Madrid”.

Por supuesto, a cambio del rescate no cabe contraprestación política alguna. A Rajoy no se le había ocurrido presentárselo así a Merkel para gestionar el paquete español, y eso que España es ya contribuyente neta a la UE. Pero para un nacionalista pedir dinero a su estilo podría parecer servil y humillante.

Lo dicen el BCE, el FMI, la CE, los mercados financieros, la prensa internacional y los máximos representantes de los principales países de nuestro entorno: Cataluña antes que víctima es, con su déficit y con los vencimientos de sus empréstitos, una parte importante del problema español y, por lo tanto, una amenaza para el euro.Corrigiendo actitudes pasadas, Artur Mas no se manifestará físicamente tras la pancarta ¨Cataluña, próximo Estado de Europa¨.  Sí lo hará alguno de sus consejeros para encontrarse con el ánima del president (que, según declaración propia, asistirá espiritualmente) y probablemente -de modo carnal- también con diputados del PSC,  aunque la facción oficial del partido condene sus excesos. Al que especula, Dios le ayuda, deben pensar unos y otros tras décadas de éxito cultivando la fórmula de cubrir los riesgos apostando el capital que les dan las urnas en posiciones antagónicas.

Introducir el criterio de ordinalidad en un pacto fiscal para que las comunidades autónomas no alteren el orden de prelación de sus rentas tras el pago de impuestos es un objetivo sensato.  Ahí debiera terminar el contencioso con el Gobierno central. Pero ese es un agravio que puede tasarse e incluso enmendarse y, por lo tanto, es insuficiente para mantener henchidas las velas de la insatisfacción permanente y al votante nacional victimista movilizado. Hace falta más madera, dice el manual.

Lo cierto, sin embargo, es que las condiciones de contorno se han endurecido tanto y en tan poco tiempo para el Gobierno catalán que el choque de trenes (con el Ejecutivo español) con el que amenazaban algunos políticos y periodistas y del que responsablemente nos prevenían otros, es un escenario improbable. Las rodalies (cercanías) catalanas no colisionarían contra la herrumbrosa RENFE, sino contra los Grandes Expresos Europeos.

Así se deduce no de los titulares de la caverna mediática madrileña, sino los dictámenes y opiniones de entidades del máximo prestigio entre el europeísta establishment convergente. No es Intereconomía, son las agencias internacionales de rating, con Moody´s y Standard & Poor´s calificando de bono basura la deuda emitida por la Generalitat. Son  el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional,  la Comisión Europea, los mercados financieros , la prensa internacional y los máximos representantes de los principales países de nuestro entorno: Cataluña antes que víctima es, con su déficit y con los vencimientos  de sus empréstitos, una parte importante del problema español y, por lo tanto, una amenaza para el euro.

La estrategia defensiva del president previniendo el rescate ha sido errática. Confundió el prestigio de la marca internacional Barcelona con la situación real de Cataluña. Culpó a España de su quiebra en lugar de responsabilizar a sus propios gobiernos, que llevaron la deuda hasta los 40.000 millones antes de que el de Mas sumara un pico adicional con su gestión.  Intentó sin éxito abanderar un movimiento de corte comunero de las comunidades contra el Estado en el Consejo de Política Fiscal y solo añadió a su voto el de Andalucía, tantas veces denostada desde sus filas. Ha recibido críticas y recelos de otras comunidades y ha fracasado clamorosamente en la búsqueda de apoyo internacional -político y financiero- a su causa. Hasta dentro de casa se acepta que una Cataluña Independiente (Sala i Martí) con esa herencia habría sido ya intervenida.  

Elecciones, no por ahora

En estas circunstancias, anticipar elecciones parece más una amenaza que una urgencia. Subrayar el monotemático eslogan electoral del agravio ante España, su avalista y único banco (Mas Colell a la BBC) rebelándose contra Madrid significa disparar al Estado en la pierna propia. Y pugnar ahora por una mayoría absoluta para ser percibido como el responsable exclusivo de que Cataluña no llegue a fin de mes no es inteligente. Otra cosa es que el PP no facilite aprobar los presupuestos de 2013. La prórroga de los mismos impediría emprender nuevos recortes y todo podría pasar.

España no saldrá de la crisis sin Cataluña. Mas acierta al decirlo, pero a estas alturas no es el único que sabe que lo contrario también es cierto. Las posibilidades de Cataluña sin España son cero. España hoy no es el agua pútrida que ahoga a Cataluña, que decía Oriol Pujol en la convención de su partido en Reus. Es el agua -tirando a sucia, eso es cierto- sobre la que todavía flotan su administración y su Gobierno.

*Alvaro Robles es economista y consultor.

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COMENTARIOS

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13ciudadana Jane 11/09/2012 | 22:51

Razón lleva Joaquim, cuando hablo del "daño causado por el españolismo centralista" quiero decir el nacionalismo españolista, aquel que no ha entendido que Pais Vasco y cataluña tienen hechos diferenciales amparados por la Constitución que avalan un autogobierno mayor y diferente que el del resto de España. Centralismo no tenemos ciertamente, por culpa del café para todos que nos convirtió en un Estado puzzle con tal de no conceder a vascos y catalanes más que al resto...progresista es entender esta realidad. Es cierto que la lucha por intentar que toda cataluña se sienta cómoda en el proyecto global de España es una lucha perdida, como demostró el Estatut, el nacionalismo siempre querrá más porque sus partidos y su ideología sólo se justifican pidiendo cada vez más y en el sentimentalismo identitario. Lo de la "plenitud nacional" tiene un punto metafísico patriotero tragicómico.

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12Joaquin Gomez Moya 11/09/2012 | 21:25

#7 Estimada Jane,

El silencio no es bueno.

No me queda claro si según Vd. el centralismo de España ¿? es mayor o menor que el de otros países de Europa Occidental como nuestros vecinos Francia y Portugal.

No me queda claro a cuando se refiera con tal centralismo. Desde luego no se refiere a la época actual. Será un ejercicio histórico.

Puestos a hacer preteribles yo me preguntaría si en el siglo XVIII, el del absolutismo, los Austria "españoles" habrían hecho algo distinto a los Borbones españoles.

Y finalmente no me queda claro en qué sentido pueda ser progresista el nacionalismo; una ideología basada en la manipulable emotividad.
-

Deberíamos preguntarnos qué problemas soluciona cada curso de acción. No veo ninguno, ninguno que una independencia solucione. Quizá uno: algunas verdades quedarían desveladas.-
Nuestra interdependencia.
La lengua catalana existe porque existe España y se extinguió donde no la había.
Madrid tiene un presupuesto público per capita inferior al de Cataluña.
El Estado nos brinda enormes, trascendentes y carísimos servicios a todos [Defensa, Diplomacia, ...] -
Largo Etc. La independencia obligaría a asumirlos.

Reciba un cordial saludo,
JGM

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11Soyforeeero 11/09/2012 | 20:09

Una cosa mas. Cuanto han costado los casi mil autobuses fletados desde cada rincón de Caraluña parahacer bulto en la manifa , quien los ha pagado y con que fondos?
Sin reparar en otros gastos los buses con gasolinas, choferes idas y vueltas [ y peajes, claro, sin maldad ] suman unos cientos de miles de euros...

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10Soyforeeero 11/09/2012 | 20:01

Perece q la comisión europea ha recordado hoy a los manifestantes q ls improbable secesión se traduciría en un estado independiente extracmnitario.
Cat no seria Luxemburgo, sino Argelia...

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9ciudadana jane 11/09/2012 | 19:15

¿Cómo puede ser que en Cataluña, tierra del seny, del pragmatismo del botiguer, de la mediterranía europeista y de la de la sociedad civil ilustrada y activa, algo tan básico y primitivo como el sentimentalismo patriótico orquestado por la clase política nacionalista cale cada vez más??? España y su centralismo habrán cometido muchos errores, muchísimos, pero que CIU gane su juego de azuzar la emotividad primaria para que el debate político esté en términos de confrontar a la sociedad catalana [ sólo la mitad querría eventualmente la independencia], con el resto de España para consolidar su nicho de mercado y desviar la atención de sus propios errores de gestión y de los de los gobiernos CATALANES, es lamentable. Desde sectores progresistas no deberíamos avergonzarnos de recordar que el independentismo es respetable como opción pero NO tiene legitimidad alguna amparar permanentemente desde las instituciones un proyecto rupturista con el Estado [ ni plantear un referéndum], con el esquema electoral y la situación parlamentaria en Cataluña hoy. No hay atajos para quebrar así la legalidad y escudarse en agravios fiscales es una treta en los vasos comunicantes de la economía

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