He participado en las dos anteriores tentativas de conseguir que Madrid fuera Ciudad Olímpica, y siempre hemos llegado a la final. La primera vez quedamos terceros, la siguiente segundos. Ojalá que el siete de septiembre consigamos ganar. Ya estamos en la gran final.

Pero las finales no se juegan, se ganan. Madrid lleva demasiados campeonatos quedándose a las puertas de celebrar unos Juegos Olímpicos y el sábado salimos a ganar el partido definitivo. Hora es ya de marcar el tanto de la victoria, aunque sea en el último minuto y al contragolpe. El sueño de Madrid es el sueño de los madrileños y de todos los deportistas españoles, y nuestro deber es hacerlo realidad.

Si ganamos este sábado, en Buenos Aires, hay que pensar en el día siguiente. Debemos organizar los mejores Juegos Olímpicos de la historia y aprovechar esta gran ocasión para mejorar la calidad de vida de los madrileños.

Por ello, ni que decir tiene que una ciudad que va a ser olímpica tiene que esmerarse, entre otras cosas, en construir un tejido de deporte de base que en estos últimos años no se ha cuidado: no se trata sólo de completar instalaciones deportivas (en su mayoría ya terminadas) sino de que niños, jóvenes y veteranos comprueben que, en realidad, su Ayuntamiento se preocupa de que todos los ciudadanos puedan aspirar al lema olímpico citius, altius, fortius ('más rápido, más alto, más fuerte'), pronunciado por el barón Pierre de Coubertin.

Los responsables de gestionar la organización de los Juegos tendrán que ser personas suficientemente preparadas, pero su éxito dependerá de que en el proyecto se sientan involucrados los vecinos, las instituciones, los deportistas y todo el que lo desee. Sin partidismos, sectarismos ni exclusiones. Por eso no pueden concebirse unos Juegos que no sean participativos y que también apuesten por los intereses de los vecinos, sean urbanísticos, de transporte, medioambientales, culturales y sociales.

Ya hemos llegado a la final; ahora sólo nos queda ganarla. Pero sabiendo que no basta ganar y presumir de ello, sino siendo muy conscientes y estando convencidos de que el sábado sólo será el principio de Madrid 2020. Quienes se lo tomen como el final de un trabajo largamente desarrollado, como un éxito personal, un triunfo político o una medallita de hojalata para colgarse en la pechera tendrán que apartarse de nuestro camino para no ser un estorbo y no frustrar los que serán, sin duda, los mejores Juegos Olímpicos de la historia. Por mi parte, intentaré fomentar un trabajo con todos, participativo y pensando en Madrid. Sólo en Madrid.

*Jaime Lissavetzky, portavoz del Grupo Municipal Socialista del Ayuntamiento de Madrid y exsecretario de Estado para el Deporte