Votemos a Susana Díaz para no volver a la España de la Restauración

La presidenta andaluza debe conducir al partido hacia la democracia total. Necesitamos un partido que se parezca a la sociedad abierta que pretende liderar

Foto:  La presidenta andaluza y candidata a la Secretaría General del PSOE, Susana Díaz. (EFE)
La presidenta andaluza y candidata a la Secretaría General del PSOE, Susana Díaz. (EFE)

El PSOE vive estos días una fiesta democrática. Nada mejor que convocar a su militancia a las urnas para que decida su futuro. Votaré a Susana Díaz. Otras alternativas lo llevarían a diluirse en una opción minoritaria, dejando en manos de los “nuevos liberales” de Ciudadanos el arrastre de la mayoría reformista.

Susana Díaz es demócrata como ha acreditado durante su vida política ganando la Secretaría Provincial del PSOE de Sevilla y la Secretaria General del PSOE de Andalucía. Debe conducir al partido hacia la democracia total. Necesitamos un Partido que se parezca a la sociedad abierta que pretende liderar. Se trata de construir oportunidades para todos los españoles que deseen asumir un compromiso temporal con la política.

Un partido que atraiga a personas con distintos horizontes profesionales, pero con un denominador común: luchar por la sociedad abierta amenazada en el mundo por sus enemigos, y perseverar en la batalla por la igualdad. Un partido que tenga un método de trabajo basado en la generosidad de oír a la gente antes de proponer. Una organización que sepa decir que sí, pero también que no, porque no se puede prometer lo que no se va a cumplir.

Susana Díaz sabe bien que la unidad del PSOE no es unanimidad. Tiene un proyecto integrador, de suma de todos los que el día después quieran ayudar en la conquista del poder público. Cree en España y en la obra de los españoles desde 1978. Hemos vivido el período de mayor prosperidad en la historia gracias al diálogo de todos los que aspiraron a una convivencia pacífica en el seno de un proyecto constitucional. El PSOE siempre ha arrimado el hombro para construir España. No hay nada más español que ser socialista. Nos sentimos orgullosos del trabajo de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero.

Susana Díaz debe contruir una organización que sepa decir que sí, pero también que no, porque no se puede prometer lo que no se va a cumplir

Los nuevos retos deben ser abordados con reformas. No es razonable defender la ruptura con el trabajo bien hecho. Conviene presentar un proyecto de país que genere afectos en todos los territorios en el marco de la construcción europea, que debe seguir con los que quieran avanzar más.

Susana Díaz entiende que puede ganar las Elecciones. Hay que trabajar para convencer de que no podemos buscar la sed de libertad, ni el bienestar, en las fuentes de la amargura y del odio.

El discurso del PSOE debe descartar los argumentos de los predicadores de la fatalidad, a los populistas refugiados en sus identidades locales, arquitectos de lo singular, que han cobrado su máxima expresión en el llamado Brexit, en la victoria de Trump en los EEUU, en la fuerte presencia política en los Parlamentos de fuerzas centrífugas del proyecto europeo y en España en los dirigentes que mostraron neutralidad en las elecciones francesas, convirtiéndose en cómplices del fascismo.

Esa misma dirigencia que no condena la barbarie y el asesinato de la dictadura venezolana. Dirigentes de la sociedad cerrada que nos avergüenzan al situarse a la 'izquierda' para, seguidamente, no tener empacho en entregar el gobierno de España a la derecha. El PSOE es un partido abierto al diálogo y así lo dice Susana Díaz. Pero también afirma su autonomía. No es necesaria la cooperación con quienes, desde los sentimientos extremos, se alejan de la mayoría reformista que otorga la capacidad de gobernar.

He visto a Pedro Sánchez defender la reforma constitucional de Zapatero y después denostarla; enarbolar la bandera del liberalismo, y alzar el puño cantando la internacional. Su credibilidad es escasa; su impostura, alta.

No hay nada más español que ser socialista. Nos sentimos orgullosos del trabajo de los presidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero

Sánchez no sería candidato en ningún lugar donde se afirme la responsabilidad por los resultados electorales. Derrotado por dos veces, debió dimitir. Así lo hacen sus colegas europeos. Se empeñó en conducir al país a un callejón sin salida, fortaleciendo al Partido Popular, y dejando a los ciudadanos a merced de sus políticas. El error de Rajoy le ofreció la oportunidad de presidir España, pero Podemos frustró su iniciativa. En ese momento, debió negociar una abstención que aprovechara la recuperación para servir a los intereses de la mayoría desplazada por la crisis, lo que le hubiera conducido a la presidencia del Gobierno. Buscó el discurso fácil y llamó a los sentimientos primarios del partido, olvidándose de liderar España desde la oposición.

Su gestión del partido ha sido mala. No ha cumplido la promesa de democratización. En el tintero quedaron las primarias abiertas a la ciudadanía para elegir al candidato a las elecciones y, visto con calma, fue bochornosa la agresión al Partido Socialista de Madrid, con la destitución de su Secretario General, y la disolución del Comité Regional, hechos que pasan inadvertidos para denunciar como “golpismo” su pérdida de una votación en el Comité Federal y su dimisión.

El candidato a la Secretaría General del PSOE Pedro Sánchez. (EFE)
El candidato a la Secretaría General del PSOE Pedro Sánchez. (EFE)

Si antes no quiso empoderar a la militancia, y a la ciudadanía, para democratizar la organización en su interior y hacia el exterior, no veo la razón de que lo haga ahora.

Nos propone un modelo contrastado en Francia tras el fracaso del Partido Socialista, desbancado por el populismo de Mélenchon. Las propuestas extremas de retorno a la sociedad cerrada no salen adelante en Francia. No comprendo las razones para que ese modelo triunfe en España.

Sánchez se empeñó en conducir al país a un callejón sin salida, fortaleciendo al PP, y dejando a los ciudadanos a merced de sus políticas

Sánchez no movilizará a la mayoría alejada de la radicalidad de su proyecto, y del de Pablo Iglesias. Con independencia de quién liderara el populismo, ambos son la garantía del triunfo de la derecha. Convierten a Ciudadanos en la referencia de la oposición capaz de atraer a la mayoría reformista, por la incomparecencia de la izquierda con un proyecto para la mayoría. ¿Nos devolverán en el siglo XXI Iglesias y Sánchez al turnismo decimonónico de la Restauración?

Me parece más razonable ensayar un camino reformista que una vía rupturista. El día 21 de mayo votamos si queremos un PSOE que pueda ganar las elecciones o si lo condenamos a la marginalidad. Yo votaré por un PSOE ganador. Ha sido el instrumento mejor desde el último tercio del siglo XX para mejorar las oportunidades y la calidad de la vida de las personas.

*César Giner Parreño es profesor titular en la Universidad Carlos III de Madrid

Tribuna

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