Cole Porter y la independencia

Hay algún problema más que deberían resolver antes. Por ejemplo, las garantías ciudadanas para poder celebrar el referéndum

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y su vicepresidente, Oriol Junqueras (i), durante la reunión semanal del Gobierno catalán. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y su vicepresidente, Oriol Junqueras (i), durante la reunión semanal del Gobierno catalán. (EFE)

El dúo Puidemont-Junqueras ya ha conseguido elaborar una pregunta para el futuro (no) referéndum de autodeterminación. Finalmente, el parto de los montes ha dado lugar a una pregunta simple pero compleja en su enunciado. ¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república? Veamos. Estado independiente y república. Convergentes y republicanos han participado en la pregunta. Se nota. Si solo se hubiese preguntado por Estado independiente, seguramente quedaba abierta la puerta a que Felipe VI fuera el soberano del Estado independiente como conde de Barcelona. Estilo británico con 'glamour'. Añadir república cierra la puerta a recuperar el condado. Qué pena. Entonces no se entiende que se no se pregunte directamente, ¿quiere que Cataluña sea una república? Aquí nos invade una duda. Si se contabiliza la proclamada por Pau Clarís, estaríamos hablando de la II República catalana. Es un matiz, ya que Artur Mas es el 129º presidente de la Generalitat y siguiendo la línea histórica, la I República es de la época de la Guerra dels Segadors de 1640. Es una precisión para el presidente 130º y el que quiere ser el 131º y segundo de la república.

Al fin, la Cataluña Insurgente tiene cita con las urnas. El día elegido es también muy interesante. Domingo, 1 de octubre. Para las nuevas generaciones, esta fecha es un día cualquiera. Pero ya que estamos camino de la II República catalana, el domingo de octubre escogido tiene algún problema. Ese domingo se celebran los 80 años de la asunción de la jefatura del Estado del general Franco. Durante el largo periodo dictatorial, ese día era celebrado como el Día del Caudillo. ¿No era mejor el domingo 8? Más cercano al famoso 6 de octubre. Más épico y menos franquista. Cierto, la historia común no es el tema favorito de una parte de los estrategas de la secesión.

Además, Carles Puigdemont se imagina como un protomártir camino de la cárcel por defender sus ideales y sus convicciones. En un sistema democrático, nadie va a la cárcel por estos motivos. En todo caso, puede ser inhabilitado para ejercer cargos públicos, y si hay malversación de caudales públicos, es otro cantar. Pero ya sabemos que en la lógica presidencial solo el Parlament puede inhabilitar al 'president'. Única fuente de soberanía en el momento de la desconexión. Y ese es el problema. La fuente de la soberanía.

Hay algún problema más que deberían resolver antes. Por ejemplo, las garantías ciudadanas para poder celebrar el referéndum. Primer problema, la Constitución española (ni otra conocida en Europa) no permite la secesión de una parte de su territorio. Se puede argumentar como se quiera, pero lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Todo el entramado jurídico se basa en pasar de una legalidad (española) a otra (catalana). Hasta ahora, la mejor definición ha sido: de la ley al vacío.

Segundo, Cataluña no tiene ley electoral y se necesitan dos tercios de diputados para aprobarla. Es más difícil aprobar la ley electoral que la independencia. La pregunta es ¿con qué Junta Electoral? ¿Con qué censo electoral? ¿Cómo se garantizan los derechos de los ciudadanos para celebrar un referéndum con las mínimas garantías democráticas? La respuesta de los insurgentes es a partir de una ley de desconexión aprobada sin debate en una lectura única en agosto aplicando el rodillo parlamentario y levantando la bandera de ¡somos los únicos demócratas! Ese rodillo representa al 48% del electorado.

Tercero, los funcionarios tienen un papel fundamental en esta historia. Son funcionarios y conocen la ley y no van a jugar un partido sin reglas conocidas. Pero ya sabemos que los que se han arrogado la representación del pueblo catalán serán los voluntarios para llevar las urnas hasta el último rincón del país. Lo que no sabemos es si se podrán utilizar las urnas para votar un referéndum o una consulta. O nada.

Cuarto, el presidente Puigdemont ha afirmado que solo convocará elecciones si gana el NO en el referéndum. Hoy no hace falta ser un adivino para saber que la participación será baja y que ganará el SÍ. Además, no se cumplen los requisitos de la Comisión de Venecia, tan nombrada y celebrada. El referéndum debe estar contemplado en la Constitución, pactado con el Gobierno y debe celebrarse transcurrido un año. Interesante. Por lo tanto, pasamos de los 18 meses para desconectar a mantener la legislatura, salvo que se aplique la declaración unilateral de independencia. Y como diría Cole Porter, 'Begin the Beguine'. Canción como himno del 'procesismo'. Y vuelta a empezar.

*Gabriel Colomé, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Tribuna

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