El baile de disfraces y la política encriptada

Los dirigentes socialistas están escenificando una controversia incomprensible, como si todo el problema de España tras estas elecciones fuera decidir la fecha de celebración de su Congreso

Foto: Pedro Sánchez durante la reunión del Comité Federal del PSOE, el pasado 28 de diciembre. (EFE)
Pedro Sánchez durante la reunión del Comité Federal del PSOE, el pasado 28 de diciembre. (EFE)

Detesto la política codificada, la que consiste en montar polémicas enormes sobre cuestiones adjetivas que ocultan lo que en realidad se dilucida o plantear dilemas falsos para camuflar contradicciones insalvables. Aquí todo lo que se dice y hace necesita interpretación y traducción. Todo es táctico; y cuanto más táctico, más confuso.

Algunos ejemplos:

1. El PSOE. Se repite mucho que los ciudadanos castigan las polémicas internas de los partidos. Pues mire, depende. Lo que los ciudadanos castigan son los conflictos que no comprenden y además no tienen nada que ver con ellos. Y todos las debates encriptados pertenecen a ese género.

Los dirigentes socialistas están escenificando una controversia incomprensible, como si todo el problema de España tras estas elecciones fuera decidir si el Congreso del PSOE se tiene que hacer en febrero, en junio o en octubre.

La presidenta de Andalucía, Susana Díaz, durante la reunión del Comité Federal del PSOE. (EFE)
La presidenta de Andalucía, Susana Díaz, durante la reunión del Comité Federal del PSOE. (EFE)

Naturalmente, es un debate trucado. Lo que de verdad se discute es si Pedro Sánchez se tiene que quedar o se tiene que ir. Muchos dentro del PSOE están ya convencidos de que la elección de Sánchez fue un error y buscan el camino para enmendarlo sin cometer otro aún mayor. Otros opinan que Pedro Sánchez tiene derecho a mantenerse al frente del partido y tener una segunda oportunidad.

Así planteado, el debate se comprende. Pero si se convierte en una gresca de derecho administrativo sobre una fecha congresual, no sólo no se entiende, sino que lo confunde todo.

Si el tema es el fracaso de Sánchez y la necesidad de relevarlo, probablemente tienen razón los que así piensan. Otras elecciones en mayo con “pedro-nos-une” al frente es hacerle la vida fácil a Podemos en su camino hacia el 'sorpasso'.

Desde que comenzó la crisis en 2008, el PSOE ha perdido votos a razón de 2.000 por día y durante ese tiempo ha habido tres secretarios generales

Pero si el problema es la fecha del Congreso, lo que dicen en la cuarta de Ferraz es sensato: resulta absurdo que un partido se meta en un proceso congresual -que incluye la definición de su línea política para los próximos cuatro años- en plena negociación sobre la formación de un gobierno y en vísperas de una probable repetición de elecciones en España y en Cataluña.

Pero hay otras cosas que no se mencionan en este debate trucho de los socialistas:

Por ejemplo, que el problema de ese partido no son sólo los últimos 15 meses, sino -al menos- los últimos 7 años. Desde que comenzó la crisis en 2008, el PSOE ha perdido votos a razón de 2.000 por día. Y durante ese tiempo ha habido tres secretarios generales y varios intentos de cambiar la imagen y los programas. Es obvio que Sánchez no ha arreglado nada y ha estropeado unas cuantas cosas más, pero es escapismo superficial convertirlo en el único culpable de todo.

Si Díaz abandona la presidencia de la Junta de Andalucía para ponerse al frente del PSOE, eso sólo tendría sentido para hacer un giro estratégico

Por ejemplo, que “pasar a la oposición” no es una opción real. Como el PSOE no puede formar gobierno con 90 escaños pero a la vez no hay gobierno viable sin la colaboración del PSOE, no habrá tal “pasar a la oposición”, lo que habrá son elecciones en mayo.

Por ejemplo -y esto es lo más importante-, pensar si no ha llegado la hora de plantearse seriamente que a lo mejor no es casualidad que el único partido socialdemócrata europeo que está manteniendo el tipo sea el SPD alemán: se llama apechugar y hacerse cargo. Y puestos a descodificar: que si Díaz abandona la presidencia de la Junta de Andalucía para ponerse al frente del PSOE, eso sólo tendría sentido para hacer un giro estratégico. No para encabezar una lista perdedora en mayo, sino para abrir paso a una fórmula de gobierno amplio, con presencia del PSOE, que permita afrontar las cosas importantes (la reforma de la Constitución, la salida de la crisis, el problema de Cataluña) que o se hacen desde los grandes consensos o no se harán.

2. El PP. “Que gobierne el más votado”. Sonseras, en la democracia parlamentaria gobierna el que suma más votos en el Parlamento. Y con 123 diputados sobre 350 es ridículo reclamar el derecho a gobernar en solitario.

Mariano Rajoy durante una rueda de prensa, el pasado 29 de diciembre. (EFE)
Mariano Rajoy durante una rueda de prensa, el pasado 29 de diciembre. (EFE)

Rajoy exige que lo apoyen porque sí. Que el PSOE se abstenga en su investidura porque sí. Y anuncia que será de nuevo candidato porque sí. Le sobran soberbia y Bárcenas y le faltan méritos y votos.

Cuando el PP pone sobre la mesa un gobierno compartido con el PSOE y Ciudadanos, puede que esa fórmula sea lo mejor para el país, pero de ello se derivan dos consecuencias necesarias:

Primera, que ello exige que el PP rectifique muchas cosas y acepte otras que hasta ahora ha rechazado, como abrir paso a la reforma de la Constitución, reconocer su responsabilidad en la corrupción o rehacer un pacto social que repare el daño causado por sus recortes.

Rajoy exige que lo apoyen porque sí. Le sobran soberbia y Bárcenas y le faltan méritos y votos

Y segunda, que hay que hacer eso compatible con el deseo de cambio de la sociedad española: un nuevo acuerdo de Gobierno y nuevos rostros en el Gobierno. Si Rajoy ofrece al PSOE y a C’s un gobierno de amplia base y en el mismo discurso anuncia que él pretende seguir al frente del Gobierno y de su partido, una de las dos cosas es mentira. O las dos. Si tanto le importa el interés de la patria, lo primero que tiene que hacer es estar dispuesto a hacerse a un lado.

3. Podemos. Cartas sobre la mesa: Pablo Iglesias no tiene 69 escaños en el Congreso, tiene 42. Menos de la mitad que el PSOE y sólo dos más que Ciudadanos.

Pablo Iglesias tras la reunión que mantuvo con Mariano Rajoy el pasado 28 de diciembre. (EFE)
Pablo Iglesias tras la reunión que mantuvo con Mariano Rajoy el pasado 28 de diciembre. (EFE)

Iglesias está como loco por unas elecciones anticipadas; no tiene el menor interés por ser el vicepresidente de Pedro Sánchez, lo que busca es sustituir al Partido Socialista. La exigencia de un referéndum en Cataluña es a la vez una exigencia de sus socios y una coartada para hacer imposible el acuerdo con el PSOE e intentar en mayo el 'sorpasso' que no logró en diciembre.

4. Ciudadanos. Muy meritorio lo suyo, pero en tres semanas ha pasado de tener en la mano la llave del Gobierno de España a la irrelevancia a la hora de definirlo. Necesita una autocrítica que ni siquiera ha iniciado. Y necesita saber qué quiere ser a partir de ahora: puede intentar consolidarse cono la bisagra liberal-progresista que muchos echan de menos desde que voló la UCD o puede autocondenarse a ser la muleta del PP.

5. Los nacionalistas. Si lo contamos en cantidad de diputados, han sido los únicos y verdaderos ganadores de esta elección. Observen esta tabla:

53 diputados nacionalistas, récord absoluto: y la mitad de ellos, elegidos en confluencias diversas con el partido de Pablo Iglesias. Podemos ha transformado su plataforma política en una coalición de hecho entre el populismo izquierdista y el nacionalismo radical, y ha contribuido decisivamente a dar entidad parlamentaria a la España más centrífuga desde que recuperamos la democracia.

¿Por qué no hablamos de los debates de verdad y no de los de mentira? No sé si las cosas irían mejor, pero al menos todo se vería más claro.

Una Cierta Mirada

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