La coalición portuguesa de Sánchez: no puede ser y además es imposible

Se puede dudar de la capacidad política del líder del PSOE, pero no está loco de remate. Su plan es transparente y de momento no busca llegar a La Moncloa, sino sobrevivir en Ferraz

Foto: Pedro Sánchez saluda al primer ministro de Portugal, António Costa, el pasado 7 de enero en Lisboa. (EFE)
Pedro Sánchez saluda al primer ministro de Portugal, António Costa, el pasado 7 de enero en Lisboa. (EFE)

Hermosa ciudad, Lisboa. Cualquier pretexto es bueno para gozarla. Cuentan los voceros de Pedro Sánchez que ha ido allí a inspirarse en el ejemplo del actual gobierno portugués para importar el modelo. Mala fuente de inspiración, porque todo son diferencias entre la realidad política y parlamentaria de Portugal y la de España después de las elecciones del 20-D. Por ejemplo:

En el Parlamento portugués hay seis fuerzas políticas, todas ellas de ámbito nacional. En el Parlamento español hay 13 partidos, de los que sólo 5 son de ámbito estatal y los 8 restantes son nacionalistas de distintos pelajes.

En el Parlamento portugués hay 2 partidos de derechas que suman 107 escaños y 3 partidos de izquierdas que suman 122 (más un diputado de lo que aquí sería el Partido Animalista). Las mayorías se establecen con claridad en el eje derecha-izquierda, sin otros elementos que lo perturben.

La pregunta es por qué el líder del PSOE sigue empeñado en pregonar un gobierno de coalición de izquierdas a sabiendas de que no es viable

En Portugal no ha quebrado el bipartidismo: entre los dos principales partidos suman el 82% de todos los escaños de la Asamblea Nacional.

En Portugal no hay investidura parlamentaria, es el jefe del Estado quien designa directamente al primer ministro. El socialista António Costa esta ahí porque el gobierno de la derecha dimitió por falta de apoyos y él ofreció al presidente de la República pruebas convincentes de que disponía de una mayoría alternativa capaz de sostener establemente a un gobierno.

La pregunta es por qué el líder del PSOE sigue empeñado en pregonar un gobierno de coalición de izquierdas a sabiendas de que no es viable ni desde la aritmética ni desde la racionalidad política. Para ser investido, hay que tener más votos afirmativos que negativos. Pues bien, empecemos contando los noes: 123 del PP, eso es seguro. 40 de Ciudadanos, Rivera ya ha anunciado que no cuenten con él para este viaje; y 8 de Convergencia, ¿qué otra cosa puede hacer el partido de Artur Mas en estas circunstancias? De entrada, 171 votos negativos procedentes de lo que Sánchez llama “las derechas”.

¿De dónde pretende sacar los 172 votos positivos que necesita?

Primero tiene que convencer y/o someter a su propio partido. Demos por bueno que lo consigue: 90 votos.

Pedro Sánchez tras su reunión con Antonio Costa el pasado jueves. (EFE)
Pedro Sánchez tras su reunión con Antonio Costa el pasado jueves. (EFE)

Lo segundo es convencer a Pablo Iglesias de que abandone toda su estrategia para favorecer la de su rival y acepte ocupar una posición subalterna en un gobierno presidido por Sánchez. No parece tarea sencilla, pero supongamos que también lo consigue: 42 votos más, que son los que tiene Podemos. Si añadimos los 2 de IU, vamos por 134.

Después vienen los 27 nacionalistas catalanes, valencianos y gallegos que han hilado con Podemos una alianza exclusivamente electoral pero han dejado muy claro que mantienen su autonomía y que Iglesias no habla en su nombre. Así que habrá que sentarse también con Ada Colau y su referéndum de autodeterminación, con Mònica Oltra y con Beiras: tres radicales poco propensos a la simpatía por el PSOE o a la sensibilidad por las cuestiones de Estado.

Con semejante ensalada, aún estaríamos en 161 votos y faltarían al menos 11 para alcanzar la cumbre.

¿Se sumarían a la aventura el PNV de Urkullu y el diputado de Coalición Canaria? No responden exactamente a la idea de una “coalición de izquierdas”, pero aceptemos pulpo como animal de compañía y elevemos la cuenta a 168. De momento, seguimos perdiendo.

Si tal milagro negociador llegara a consumarse, el producto sería un engendro ingobernable compuesto por 3 partidos nacionales y 6 partidos nacionalistas

Ya sólo quedan en el mercado 9 diputados de ERC y 2 de Bildu. Material altamente inflamable. Con los de Otegui no llegamos, así que no hay más remedio que subir al barco a Esquerra: y estos ya han dicho que pasan del referéndum y van directos a por la independencia, o sea que ustedes verán, esto son lentejas.

Si tal milagro negociador llegara a consumarse, el producto resultante sería un engendro ingobernable compuesto por 3 partidos nacionales y 6 partidos nacionalistas -varios de ellos metidos hasta las cejas en proyectos de ruptura del Estado y de desobediencia constitucional-.

¿Es esto lo que realmente pretende Pedro Sánchez? Ni por asomo: se puede dudar de su capacidad política, pero no está loco de remate. Para mí, su plan es transparente y de momento no busca llegar a La Moncloa, sino sobrevivir en Ferraz. Para ello necesita:

a) Que se dilate al máximo la investidura de Rajoy.

b) Que, fracasada esta, él protagonice su propio debate de investidura (decenas de horas de televisión y su partido obligado a cerrar filas tras su persona);

c) Que todo ello, mezclado con la repetición de elecciones en Cataluña, tapone cualquier intento de meter al PSOE en un Congreso o en unas primarias;

d) Y en consecuencia, llegar a las nuevas elecciones de mayo como Secretario General y candidato del PSOE por la inercia de los hechos consumados.

La presidenta de Andalucía, Susana Díaz, en la reunión del Comité Federal del PSOE el 28 de diciembre. (EFE)
La presidenta de Andalucía, Susana Díaz, en la reunión del Comité Federal del PSOE el 28 de diciembre. (EFE)

Teniendo en cuenta que con ese calendario no habría nuevo gobierno hasta bien entrado el mes de junio y que el Congreso del PSOE tiene que convocarse con dos meses de antelación, ¡magia potagia!: nos querían matar en febrero y seguimos vivos como mínimo hasta el otoño.

Todo el plan actual de Sánchez recuerda el antiguo cuento del condenado a la decapitación que pidió al sultán que aplazara un año su ejecución y le prometió que en ese tiempo enseñaría a hablar a su caballo. Explicación: “en un año puede morirse el sultán, puedo morirme yo o puede hablar el caballo”.

La irremediable verdad de estas elecciones es que, de tanto querer debilitar al bipartidismo, hemos desembocado en su versión más indeseada

“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, cantaba Serrat. La irremediable verdad de estas elecciones es que, de tanto querer debilitar al bipartidismo, hemos desembocado en su versión más indeseada: ahora ya no se necesita a uno de los dos grandes partidos en el gobierno, se necesita a ambos.

Con este Parlamento el PP no puede gobernar, pero no se puede gobernar sin el PP. Y el PSOE no puede gobernar, pero no se puede gobernar sin el PSOE. Dicho de otro modo: no hay una mayoría de gobierno viable en la que no participen al menos el PP y el PSOE. Y como esto no gusta o no conviene o no se quiere asumir, van a obligar a los ciudadanos a votar de nuevo hasta que se porten bien y voten lo que los políticos desean.

En todo caso, no engañemos ni nos engañemos. Si lo que se quiere es que de este Parlamento salga un gobierno, hay que mirar a Berlín. Y si se quieren referendos imposibles y repetir elecciones una y otra vez, hay que mirar a Atenas. Pero no a Lisboa.

Una Cierta Mirada

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