18-D, la pesadilla que pudo ser real

Esta crónica es solo una pesadilla vertiginosa. Pudo suceder, la bala pasó rozando; pero, afortunadamente, el desastre no se consumó. Todo se jugó en aquel sábado en Ferraz

Foto: Carteles electorales de los candidatos a las elecciones generales. (Reuters)
Carteles electorales de los candidatos a las elecciones generales. (Reuters)

Lo que viene a continuación es la crónica de actualidad que podrían ustedes estar leyendo en este periódico tal día como hoy, 14 de diciembre:

“Faltan solo cuatro días para que se celebren en España las terceras elecciones generales en un año. De Navidad a Navidad, los partidos políticos han sido incapaces de alcanzar un acuerdo para formar Gobierno. Llevamos casi 500 días con el Parlamento paralizado y el Gobierno en funciones. No se ha aprobado una ley desde el 15 de octubre de 2015.

Este lunes se celebró el debate electoral entre los cuatro candidatos ya habituales: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Con mínimas cifras de audiencia, el debate resultó tedioso y repetitivo. Se consumió en un intercambio de acusaciones sobre la repetición electoral; una discusión que perjudicó claramente a Pedro Sánchez, señalado por todos como el responsable principal.

El otro plato fuerte del debate fue la bronca entre los dos candidatos de la izquierda, Sánchez e Iglesias, que se culparon mutuamente por haberse frustrado un Gobierno alternativo con los independentistas.

En su intervención final de petición de voto, Rajoy afirmó: “Nosotros no hemos querido estas elecciones. Pero si nos dan su apoyo una vez más, ahora sí podremos dar a España un Gobierno estable”.

Este debate es el único hito de una campaña de solo una semana, tras aprobarse apresuradamente una reforma legal para evitar que la votación se celebrara el día de Navidad.

No hay ambiente de campaña electoral: ni carteles en las calles, ni grandes actos ni nuevas ofertas programáticas. Se respira un clima de hastío social y de indignación hacia los dirigentes políticos por obligar a los ciudadanos a votar por tercera vez. Varios influyentes líderes de opinión han pedido públicamente el voto en blanco para expresar el rechazo al irresponsable comportamiento de los partidos. Se especula con la posible cifra de un millón de votos en blanco, lo que supondría un récord histórico.

Todas las encuestas anuncian la mayor abstención desde el principio de la democracia. Se calcula que 14 millones de ciudadanos con derecho a voto no participarán en la elección. La abstención castigará sobre todo a la izquierda, cuyo electorado está desmoralizado ante la imposibilidad de que de estas elecciones salga un Gobierno progresista.

Las estimaciones pronostican una fuerte subida del PP, que podría superar los 150 escaños. Con el apoyo de Ciudadanos, Rajoy podrá formar un Gobierno de centro-derecha con una confortable mayoría absoluta.

El Partido Socialista llega a esta cita electoral prácticamente destruido tras los dos meses más convulsos de su historia reciente. En el traumático comité federal del 1 de octubre, Pedro Sánchez impuso su posición del “no es no” a la investidura de Rajoy y la convocatoria de un congreso exprés, que incluía su reelección como secretario general en unas primarias que tuvieron lugar 20 días más tarde, a las que concurrió como candidato único.

Tras ganar la batalla interna, Sánchez anunció la negociación de un Gobierno con Unidos Podemos y con el apoyo del PNV y de los dos partidos independentistas de Cataluña. La intentona, que provocó de nuevo gravísimas tensiones en el PSOE, fracasó finalmente por la exigencia de los independentistas de que el nuevo Gobierno garantizara la convocatoria de un referéndum de autodeterminación en Cataluña durante el año 2017.

Ante la inexistencia de un candidato que pudiera obtener la investidura, una vez transcurrido el plazo legal, el Rey se vio forzado a convocar las elecciones.

El congreso del PSOE, en plena precampaña electoral, fue una sucesión de enfrentamientos entre el reelegido secretario general y los dirigentes territoriales, especialmente aquellos que gobiernan en las comunidades autónomas. Estos denunciaron operaciones de desestabilización interna en sus propias federaciones por parte del aparato sanchista, dispuesto a debilitar a sus adversarios para hacerse con el control político de esos territorios.

Según las encuestas publicadas durante este fin de semana, el PSOE solo conserva a la mitad de sus votantes del 26-J. La mayoría de las estimaciones le auguran entre 60 y 65 escaños.

La crisis interna también ha afectado gravemente a Podemos. Íñigo Errejón ha sido desplazado de la dirección de la campaña y sus partidarios barridos de las listas electorales. La campaña está siendo protagonizada en exclusiva por Pablo Iglesias y Alberto Garzón, quienes han anunciado su voluntad de convertir Unidos Podemos en un nuevo partido político. No obstante, la extrema debilidad del PSOE asegura la segunda posición a UP y el liderazgo de la oposición a Iglesias.

Mientras, España sigue sufriendo los efectos del bloqueo. En el mejor de los casos, no habrá Gobierno hasta el mes de febrero de 2017. Se han tenido que prorrogar los Presupuestos del año anterior. España ha incumplido de nuevo sus compromisos con la Unión Europea: no han podido aprobarse el techo de gasto ni los objetivos de déficit, lo que deja a las comunidades autónomas en una difícil situación para financiar la Sanidad y la Educación. Las autoridades de Bruselas han anticipado severas sanciones a nuestro país. Además, la incertidumbre política está perjudicando a la economía: el crecimiento se ralentiza y repunta el desempleo.

En un mundo conmocionado por la victoria de Trump en Estados Unidos, la situación de Europa es agobiante: tras el Brexit, la renuncia de Hollande a la reelección y la caída de Renzi en Italia, Alemania es el único de los cinco grandes países de la UE que mantiene la estabilidad política. La prensa mundial muestra asombro y preocupación por estas insólitas terceras elecciones en España”.

Esta crónica es solo una pesadilla vertiginosa. Pudo suceder, la bala pasó rozando; pero, afortunadamente, el desastre no se consumó. Todo se jugó en aquel sábado en Ferraz. Los socialistas tomaron 'in extremis' la mejor decisión para el país y para ellos —la única que los salvaba de la catástrofe—, pero tuvieron que hacerlo de la peor forma posible. Por este camino les tomará tiempo y trabajo recuperarse, pero les queda una esperanza. Lo otro era fatal de necesidad.

Una Cierta Mirada

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