El último CIS del año: radiografía del malestar

El 88% de los españoles condenaba la situación política tras la salida de Pedro Sánchez de la secretaría general del PSOE. Imaginen lo que podría haber ocurrido en las urnas en unas terceras elecciones

Foto: Centenares de personas se manifestaron en octubre frente a la sede de Ferraz para pedir el no a la investidura de Rajoy. (EFE)
Centenares de personas se manifestaron en octubre frente a la sede de Ferraz para pedir el no a la investidura de Rajoy. (EFE)

Un antiguo director del CIS solía responder con ironía cuando se le preguntaba cómo iban las cosas en las encuestas: “salvo la política y la economía, todo lo demás va bien”.

La economía y la política es lo que va mal en España para la mayoría, según muestran reiteradamente los estudios del instituto oficial. Lo que, por cierto, es compatible con un grado muy razonable de satisfacción personal. Según el último barómetro del año, en una escala de 1 a 10 los españoles sitúan su nivel de felicidad en una media de 7,55 sobre 10: notable alto. Además, sólo el 16% considera que su situación económica personal es actualmente mala o muy mala; y sólo el 13% teme perder su puesto de trabajo próximamente (llegó a ser el 40% en el peor momento de la crisis).

No obstante, hemos vivido –y aún estamos en ello- un ciclo infernal que se desató con una crisis económica demoledora y desembocó en una crisis política aún más destructiva. Que el cuestionamiento del sistema político y la pérdida de confianza en las instituciones, los partidos y los dirigentes es una consecuencia directa de la crisis económica, es algo que ya casi nadie discute. Los estudios del CIS nos permiten ver cómo ha evolucionado este doble malestar social –el económico y el político- durante los últimos años; y quizá nos ayuden a interpretar algunas de las cosas que han sucedido en la política española.

Consideremos una expresión de malestar cuando alguien responde en una encuesta que la actual situación económica o la política son malas o muy malas. Esto es lo que ha ocurrido desde el principio de la crisis (tomamos siempre como referencia el último dato del año, obtenido durante el mes de diciembre):

Al arrancar la crisis, el malestar económico (valoración negativa de la situación) era 25 puntos superior al descontento político, que afectaba a menos de la mitad de la población. La visión negra de la economía alcanzó su punto culminante en 2012: a finales de ese año, nueve de cada diez españoles afirmaban que la situación era mala o muy mala.

Pero en paralelo, comenzó a crecer el malestar político. Y a partir de 2013, ocurrió algo curioso: mientras el malestar económico comenzaba lentamente a descender, el político seguía aumentando sin parar hasta rebasarlo.

Los estudios del CIS pueden ayudarnos a interpretar algunas de las cosas que han sucedido en la política española

2014 es el año del sorpasso de los malestares para la tormenta perfecta. En ese momento, el 82% de los españoles valoraba negativamente la situación económica pero, a la vez, el 84% hacía lo propio con la política. Máximo nivel de indignación combinada. ¿Recuerdan lo que ocurrió en 2014 en la política española? Que apareció Podemos, haciendo bueno el análisis de Pablo Iglesias que considera el empobrecimiento de las clases medias y la ira social consecuente como “la condición estructural de posibilidad de Podemos (sic)”.

Observen que la escalada del malestar hacia la política cedió ligeramente a finales de 2011 (victoria electoral del PP y expectativas positivas en su electorado), pero a partir de ahí se disparó: los dos primeros años del gobierno de Rajoy marcan el período de mayor furibundia social respecto a la economía y la política: ahí se gestó el desplome del bipartidismo y la emergencia fulgurante de los nuevos partidos.

A partir de 2015, ambos malestares comienzan a relajarse. Pero desde entonces, la crisis política afecta más al cuerpo social que la económica. Hasta hoy.
¿Qué ha ocurrido durante el año 2016? Recordemos el marco: bloqueo político persistente acompañado de crecientes síntomas de recuperación económica. Observen este gráfico:

El nivel de malestar con la economía se ha mantenido básicamente estable durante todo el año. En la actualidad, el porcentaje de quienes califican negativamente la situación económica es 31 puntos inferior al de diciembre de 2012. Sí, las heridas de la crisis siguen abiertas pero, se diga lo que se diga, el paciente nota la recuperación.

Durante todo el año, el malestar político ha superado holgadamente al económico. Observen la línea roja: durante la primera legislatura frustrada hay una cólera elevada (82% en mayo), pero hasta cierto punto controlada. Tras las segundas elecciones, al comprobarse que el bloqueo continuaba, la cosa se desató. En el mes de octubre, el de Pedro Sánchez jugando con fuego mientras el plazo se agotaba, el del 'sábado negro' de Ferraz, el 88% de los españoles condenaba la situación política del país: récord histórico en 40 años de encuestas del CIS. Y el PSOE perdía intención de voto a raudales. Con semejante clima de opinión, imaginen lo que podría haber ocurrido en las urnas si se hubiera consumado la convocatoria de las terceras elecciones.

El pesimismo por la economía del país es 31 puntos inferior al de diciembre de 2012. El paciente nota la recuperación pese a notar aún la crisis

Fue despejarse la gobernación del país y comenzar a relajarse la irritación de la opinión pública. Y no sólo por la satisfacción de los partidarios del PP. Al comenzar el otoño, en pleno apogeo del noesnoísmo, el 91% de los votantes socialistas aseguraba que la situación política del país era mala o muy mala. Dos meses más tarde, ese porcentaje es casi 20 puntos inferior. El desbloqueo institucional ha sido un alivio para todos.

Todo parece indicar –crucemos los dedos- que la sensación de emergencia económica va poco a poco amainando (o quizá es que nos hemos acostumbrado a coexistir con la crisis, o una mezcla de ambas cosas). Pero nos ha dejado en herencia un quilombo político que sigue siendo como un volcán activo. Que alguien pruebe a resucitar la atmósfera de octubre de 2016 o a amagar con otra repetición electoral, y lo veremos entrar en erupción.

Lo cierto es que, según todos los indicios, en aquel mes de octubre y con aquella sufrida abstención los socialistas salvaron in extremis el penalty descalificatorio que se habían autoseñalado, aunque al hacerlo se estamparan contra el poste y aún estén en la UVI recuperándose de la conmoción cerebral y tratando de recordar su nombre y sus coordenadas. Es lo que tiene jugar con fuego sin ser Copperfield.

Ah, y enhorabuena a ese 75% de españoles que, a pesar de lo mucho que gruñen, se dan a sí mismos más de un 7 sobre 10 en la escala de la felicidad personal. Ya me dirán cómo lo hacen.

Una Cierta Mirada

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