El Gobierno kamikaze o Cataluña desgobernada

Después de este episodio, ¿alguien duda de que quien manda en el Gobierno de Cataluña se llama Oriol Junqueras? Todos dicen que va para próximo presidente, pero ya ejerce como tal

Foto: El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont (i), junto al vicepresidente, Oriol Junqueras (d). (EFE)
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont (i), junto al vicepresidente, Oriol Junqueras (d). (EFE)

"Haciendo averiguación
del cometido delito,

una hoja no se ha escrito
que sea en comprobación;

porque, conformes a una,
con un valeroso pecho,

en pidiendo quién lo ha hecho
responden: 'Fuenteovejuna'".

Lope de Vega

Al presidente de un gobierno de coalición se le presenta un día en su despacho su vicepresidente y supuesto socio y le pone sobre la mesa una lista con los nombres de los miembros que deben ser fulminados si es que quiere seguir contando con su colaboración.

El hecho en sí es extraordinario: cualquiera diría que la única respuesta digna es cesar al que viene con la lista, aunque ello suponga la quiebra del Ejecutivo.

Resulta aún más asombroso que todos los ejecutables pertenezcan al partido del presidente y ninguno al del vicepresidente. Además, el que exige la purga se encarga de que la extorsión se haga pública: liquidar a los consejeros “marcados” es la condición para que él se haga cargo de la responsabilidad que se le demanda. Un voto de desconfianza en toda regla a medio gobierno, al desfalleciente partido del presidente y al presidente mismo.

Antonio Fernández. BarcelonaAntonio Fernández. Barcelona

Cuando ese presunto presidente obedece sumisamente la instrucción de su presunto subordinado, entrega el poder que probablemente nunca tuvo y se dispone a aceptar públicamente su función de marioneta.

Después de este episodio, ¿alguien duda de que quien manda en el Gobierno de Cataluña se llama Oriol Junqueras? Todos dicen que va para próximo presidente de la Generalitat, pero lo cierto es que ya ejerce como tal. Por eso es lógico que la única tarea a la que esa Administración se dedica, que es organizar una insurrección con el nombre de referéndum, caiga enteramente bajo su poder. Y también que sea él quien decida el equipo, la táctica y los plazos. ¿A quién reportarán a partir de hoy los consejeros que han sobrevivido a esta purga y los recién designados? Lógicamente, a aquel al que deben el puesto.

No se buscan buenos gestores del interés público, sino muyahidines del 'procés'. No políticos capaces y responsables, sino kamikazes dispuestos a todo

Con todo, lo más desalentador es el criterio con el que se ha realizado la operación. Ninguno de los cambios responde a la gestión ordinaria de un gobierno. No se ha buscado mejorar la eficiencia de las consejerías afectadas, ni se han señalado objetivos a sus nuevos ocupantes. Solo se han tenido en cuenta la fidelidad sin matices, la determinación de inmolarse por la causa y la disposición para ir al combate sin mirar atrás y sin hacer preguntas. Los quieren de piñón fijo y cortados a pico.

No se buscan buenos gestores del interés público, sino muyahidines del 'procés'. No políticos capaces y responsables, sino kamikazes dispuestos a todo. No gente que piense –y porque piense, dude–, sino que cierre los ojos y embista. Fanáticos de la causa, mejores cuanto más sectarios. Fuerza de choque.

De paso, se envía un mensaje intimidatorio a todo el aparato administrativo que depende de la Generalitat: quien dude, que se largue ahora o calle para siempre. Aquí no caben los pusilánimes.

Fotos de archivo de los conselleros nuevos y salientes: Jordi Turull (arriba-i) sustituye a Neus Munté (abajo-i); Joaquim Forn (arriba-c), a Jordi Jané (abajo-c); y Clara Ponsatí (arriba-d), a Meritxell Ruiz (abajo-d). (EFE)
Fotos de archivo de los conselleros nuevos y salientes: Jordi Turull (arriba-i) sustituye a Neus Munté (abajo-i); Joaquim Forn (arriba-c), a Jordi Jané (abajo-c); y Clara Ponsatí (arriba-d), a Meritxell Ruiz (abajo-d). (EFE)

Describía hace unos días Nacho Torreblanca cómo el envite secesionista ha llegado al punto en que solo puede seguir adelante a costa de sacrificar la democracia. A partir de cierto nivel de confrontación, independentismo y legalidad democrática se bifurcan fatalmente, y quien cede es primero la ley y luego la democracia.

Esta purga es la muestra definitiva de que el Govern que dirige Junqueras descarta cualquier hipótesis de negociación antes del 1 de octubre, y ya solo se prepara para la batalla. Actitud que es correspondida por el Gobierno de Rajoy. Ambos han decidido que lo que haya de hablarse tendrá que esperar al resultado del choque que se producirá inevitablemente este otoño.

Por eso Rajoy recibe con indiferencia los candorosos llamamientos a abrir vías de diálogo antes del zafarrancho, y tiene alineado a un ejército de juristas y funcionarios listos para lanzarse en tromba en cuanto se den los primeros pasos efectivos de la ruptura. Y por eso Junqueras ha sustituido al Gobierno de la Generalitat por una patrulla de milicianos políticos en orden cerrado de combate.

¿Cuánto tiempo ha dedicado Puigdemont a ejercer como presidente de su país? ¿En qué medida se ha ocupado de la sanidad de los catalanes?

Cuando un gobierno ya no es un órgano de gestión sino una tropa uniformada, deja de ser un gobierno. En realidad, hace mucho que Cataluña no tiene una institución que merezca tal nombre. ¿Cuánto tiempo ha dedicado Puigdemont a ejercer como presidente de su país? ¿En qué medida se ha ocupado de la sanidad de los catalanes, de sus colegios y universidades, de sus viviendas o de sus empleos? ¿Atenderá el nuevo consejero de Educación a la educación y el de Interior a la seguridad ciudadana, o solo trabajarán para el referéndum? ¿Qué leyes ha producido en dos años el Parlamento de Cataluña que no se refieran al 'procés'?

Sin un gobierno que gobierne ni un parlamento que legisle, lo único que aún hace funcionar a Cataluña, además de la vitalidad de su sociedad civil, son los ayuntamientos. Y a ellos también se los quiere desquiciar embarcándolos en la aventura del 1 de octubre.

El mundo soberanista congregado en Montjuïc dos días después del anuncio de la fecha y pregunta del referendo. (EFE)
El mundo soberanista congregado en Montjuïc dos días después del anuncio de la fecha y pregunta del referendo. (EFE)

Ese día se resolverá temporalmente la batalla del referéndum, pero en absoluto la de la independencia –ni la de la no independencia–, que conllevaría una nueva definición de la posición de Cataluña dentro de España. Como ha visto Junqueras, esa segunda contienda comenzará realmente después de la primera; y entonces ya estará él al mando, no solo materialmente como ahora, sino también formalmente. Para preservar su futuro (y a la vez para engrosar la lista de los mártires del 1 de octubre) ha ideado esta coartada de “Fuenteovejuna, todos a una”, destinada a servir como cordón sanitario de protección de su persona sin renunciar a dirigir las operaciones.

Mientras, el Gobierno del PP parece saber bastante bien qué hacer ante el desafío del referéndum, pero no tiene pajolera idea de cómo manejar a partir de ahí el conflicto político de Cataluña.

Por desgracia, el desenlace esperable es un no-desenlace: un conflicto cronificado que nos deparará largos años de inestabilidad y de discordia

A los socialistas les sucede lo contrario: disponen de un arsenal de propuestas razonables para la futura organización territorial del Estado, pero ninguna de ellas sirve para hacer frente a lo que viene de inmediato. Aparte de la empanada conceptual en la que se han metido con lo de la plurinacionalidad, la impostada Declaración de Barcelona es más voluntariosa que útil.

Por desgracia, el desenlace esperable es un no-desenlace: un conflicto cronificado que nos deparará largos años de inestabilidad y de discordia. Apesta esto de las naciones.

Una Cierta Mirada

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