El stop de pérdidas no existe... la forma más rápida de morder el polvo

Esa corriente argumenta que nunca debe utilizarse y lo fundamenta en que los recortes son de duración limitada y a medio plazo se demuestra que el mercado se recupera siempre

Foto: Señal de Stop con una torre energética al fondo. (Reuters)
Señal de Stop con una torre energética al fondo. (Reuters)

Una de las formas que tiene el inversor medio para gestionar el riesgo una vez abierta una posición, consiste en el uso de ciertos instrumentos como el 'Stop de pérdidas'. Llegado el caso, éstos pueden sacarle de mercado ante movimientos adversos y evitar males mayores con el objetivo de preservar al máximo el capital. Sin embargo, se trata de un tema muy complejo que no puede ser tratado en toda su extensión en esta tribuna, pues necesitaríamos días de debate para terminar admitiendo que no existe una regla válida para todos los inversores. Y más si quien lo escribe es un claro devoto del uso del 'Stop de protección' siempre que se acude al mercado y sea cual sea el activo.

Lo vimos ya en esta misma sección de 'Aprender a invertir', pero dada la cantidad de comentarios, críticas y motivos dados para el debate, me ha parecido importante poder analizar el otro punto de vista que defiende la no utilización de stop de protección. Esa corriente argumenta que nunca debe utilizarse aquel y lo fundamenta en un discurso similar a los que apuestan por la gestión pasiva; los recortes son de duración limitada y a medio plazo se demuestra que el mercado se recupera siempre. El uso constante de esos límites a las pérdidas hace que se vendan posiciones de forma reiterada ante la menor corrección, y eso tiene fatales consecuencias en la rentabilidad de la cartera. Asimismo, el principal argumento reside en que toda inversión se debe apoyar en una buena selección de activos, en un buen análisis y en una clara estrategia operativa. De ese modo, se supone que no será necesario el uso de esos sistemas de control de riesgos pues una vez abierta una posición larga, las razones que llevaron a comprar son de tal peso que no deberían dar lugar a errores. O si los hay, la diversificación realizada compensará ese posible deterioro en el tiempo de ese valor concreto que forma parte del portfolio global.

La diversificación realizada compensará un posible deterioro en el tiempo de ese valor concreto que forma parte del portfolio global

Así las cosas y volviendo al principio, cuando hablamos de utilizar un nivel de protección lo que se persigue es no quedarse atrapado en un valor una vez que éste toma la dirección contraria a la planificada. Si adquirido el título resulta que el precio no evoluciona acorde a lo previsto, significará que algunos de los puntos de partida estaban equivocados o que simplemente, no era el momento adecuado para tomar la posición de riesgo. En ese caso, y dando el lógico margen de error, uno debería replantear la posición y cerrarla asumiendo una mínima pérdida. Otra cosa distinta es dónde debe colocarse esa referencia de forma correcta para que, movimientos terciarios de corto plazo, no hagan saltar cada vez el stop y provocar pérdidas mientras que, seguidamente, vemos recuperarse a los precios. Si quiere información al respecto, muy interesante es lo publicado por Carlos Doblado sobre la materia.

Pero los partidarios de no usar ese límite indican que, basándonos por ejemplo en el mercado norteamericano y dada su estructura alcista de largo plazo, los momentos de desplomes o fuertes caídas no eran sino una oportunidad para comprar.

El que un inversor haya salido por el uso del stop significa que ha vendido barato y entrado caro posteriormente y de forma reiterada. Esos momentos de pánico no deben utilizarse para vender, sino para comprar acciones buenas, de crecimiento y de sólida base. Si esa tarea de escoger a los futuros ganadores se hace a conciencia, no hay que utilizar sistemas de control de riesgo. Únicamente debería venderse un título si el negocio principal de la empresa se ha deteriorado. Es decir, ante caídas de toda índole sólo se vendería si esas obedecen a razones fundamentales que afectan directamente a la capacidad de generar beneficios. Hay que analizar cada caída de precios intentando identificar las razones existentes, pero no vender llevados por el pánico, situación puntual de los mercados o una excesiva valoración. Esa corriente concluye afirmando que el uso del stop provoca que se pierdan los grandes movimientos del mercado y, en el caso actual, muchos inversores se han quedado fuera por aplicar esos sistemas. Lo sucedido en el momento del Brexit es un claro ejemplo que podría demostrar la validez de este pensamiento.

Veamos un ejemplo y supongamos que un inversor compra una cartera equiponderada con acciones de Coca Cola, Exxon Mobil, Apple, General Electric y SunEdison. Lo hace en febrero del año 2000 y quiere aplicar esta técnica del no uso de stop. Es decir, ha hecho su análisis lo más profesional posible, se ha estudiado la cuentas anuales, los planes de negocio futuro, las expectativas que descuenta el mercado y todo ello en el entorno económico de la economía norteamericana y global. Suponemos una cartera equiponderada para simplificar y selecciono los valores de varios sectores simple modo de ejemplo.

Si miramos HOY la evolución tras 17 años, nos encontramos con esta variación de precios y estas rentabilidades en total return de los componentes.

Si hubiéramos invertido 100 USD, colocando un 20% en cada acción, hoy tendríamos 835 USD. De esta forma, en el caso de Coca Cola, los 20 USD invertidos se han convertido en 45, en el caso de Apple los 20 serían ahora 704 USD. Y en el caso de SunEdison que ha caído en quiebra, se ha perdido casi todo.

En base a esta teoría, mientras las cuentas no se degeneren no hay que hacer nada. En el caso de SunEdison tal vez se hubiera podido cerrar la posición con pérdidas menores pues existió un tiempo suficiente para poder reaccionar. Pero, en el resto de los casos, todas las caídas no van unidas a una caída tan fuerte de los resultados como para tener que cerrar las posiciones. En este gráfico quitamos Apple para ver más claramente la evolución del resto de componentes. Arriba ya vemos que las correcciones de Apple siempre fueron seguidas de recuperaciones.

En definitiva, esta teoría incide en que el inversor debe guiarse por la correcta selección y diversificación, buscando empresas solventes y de buenas perspectivas y no actuar en base a las fluctuaciones del mercado ni a la posible exuberancia reinante.

Así escrito hasta yo admitiría mi error y podría pensar que se trata de un buen sistema. Pero claro, ni la selección es tan fácil como la que me ha salido sin querer, ni el inversor es capaz de aguantar con una posición 17 años y ni mucho menos todos los mercados son tan alcistas (Japón en un claro ejemplo de ello). Si supiéramos cuales son las 10 acciones que debemos comprar, todos seríamos millonarios y eso como sabe, no cuadra. Asimismo, esto podría aplicar a ese inversor a más largo plazo, pero nunca al especulador cuyos principios giran en base a otros objetivos. El tema de que podrían comprarse más acciones en caídas para hacer cambios medios, es otra de las cosas que argumentan aquellos detractores del uso del Stop. Yo sigo apostando por esa técnica sólo cuando se promedia al alza, nunca a la baja. Pero ya vimos multitud de opiniones contrarias aquí mismo y es un tema que suscita igual debate y no fácil consenso.

Así las cosas, es el inversor y su estrategia de posicionamiento la que debe delimitar el uso de una técnica u otra. Las posibilidades son varias y cada cual debe aplicarlas según le convenga y funcione. Está claro que nada es infalible y que, al final, lo suyo es enfrentarse al mercado cargado con el máximo conocimiento posible y sólo una vez realizados los deberes oportunos. En eso sí coincidimos. Sólo eso ayudará, que no garantizará, que el proceso de asignación de ahorros tiene mayor probabilidad de éxito.

Buen fin de semana.

Aprender a Invertir

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