¿Dónde invierto ahora mi dinero?

Si no hay plazos fijos ni cuentas renumeradas interesantes, y los fondos de rentabilidad objetiva y garantizados van a dar mínima rentabilidad ¿qué hago con mi dinero?

Foto: Foto de recurso de monedas en las manos. (Reuters)
Foto de recurso de monedas en las manos. (Reuters)

Para el ahorrador acostumbrado a los depósitos y cuentas a plazo, que le permitían antaño obtener un mínimo de rentabilidad, enfrentarse ahora a un vencimiento de productos comprados hace un tiempo o a cualquier fuente de liquidez nueva es, ciertamente, un dolor de cabeza. Nunca antes el tener dinero rentó tan poco y nunca antes el camino para sacar partido a esos ahorros fue tan duro. Y para quien no quiere asumir el riesgo de comprar bolsa o cualquier fondo de inversión donde el capital no está garantizado, la cosa se convierte en misión imposible. Seguridad y rentabilidad son características que ya no van juntas y, el futuro no pinta mejor con respecto a recuperar parte del terreno perdido y obtener más por nuestro dinero.

En este río revuelto, los bancos han podido pescar a gusto y aprovechar el despiste generalizado para recuperar parte de las comisiones perdidas en los últimos años. De esta forma, muchos clientes han terminado pasando sus clásicos depósitos y nuevas aportaciones a fondos de inversión de capital garantizado (más del 60% de las nuevas suscripciones del año pasado), pero de improbable rentabilidad futura. El éxito ha sido tal que el número de partícipes no ha dejado de crecer y se sitúan ya por encima de los 8,25 millones (fuente Inverco), lo que supone más de 3,8 millones respecto a 2012. Viendo dónde ha ido a parar el dinero en 2016, el círculo se cierra y podemos recoger la red.

Pero entonces y para ese inversor conservador, si no hay plazos fijos ni cuentas renumeradas interesantes, y los fondos de rentabilidad objetiva y garantizados van a dar mínima rentabilidad ¿qué hago con mi dinero?

De un lado podría seguir el método tradicional, ayudado por algún buscador al uso, y lanzarse a una exploración desesperada para terminar colocando los 15.000 euros al 3% en la Cuenta 123 (mientras queda vinculado a la entidad para largo), otros 5.000 euros los podría invertir en Bankinter al 5% el primer año y al 2% a partir del segundo (a cambio de domiciliar su nómina, algún recibo y utilizando la tarjeta que te darán), puede también consumir el 1,75% de Openbank por su cuenta bienvenida o, si aún le quedan ganas, investigar cualquier otra de las posibilidades seguras que existen.

O puede, de otro lado, abandonar su zona de confort y dar un paso más. La revolución fintech, aunque no lo crea, es el futuro inmediato en banca y en todo proceso de inversión. No se trata de incrementar riesgos o acceder a productos que no entienda, sino de optimizar la asignación de una parte de sus ahorros abriendo el abanico de posibilidades. Tenemos por ejemplo plataformas europeas donde, desde una única cuenta a su nombre, puede moverse por distintos depósitos (al abrigo de la garantía de depósitos) alcanzando tipos del 1% a 18 meses o del 0,75% a 6 meses. No le sacará de pobre, pero en cuanto venza ese depósito, lo cambia de banco (sin más papeleos) y consigue el mejor tipo, no español sino europeo. Puede también colocar algo de dinero en una plataforma de financiación (registrada en la CNMV) dirigida a empresas y obtener un 2%+ euríbor. En este caso, existe una sociedad de garantía recíproca que asegura la inversión y el plazo es de 36 meses. Pensando que el bono español a ese plazo está en -0.03%, las opciones no son malas dada la situación de los tipos de interés.

La revolución fintech, aunque no lo crea, es el futuro inmediato en banca y en todo proceso de inversión

Así las cosas y hablando de ese perfil de riesgo concreto que no quiere riesgo alguno (y que mueve más de 760.000 millones de euros en depósitos), lo que tiene que tener claro es que, hoy día, las mejores ideas y productos no vendrán de la banca tradicional, sino del uso correcto que haga el inversor de las nuevas fórmulas que van apareciendo. Sabiendo que el usuario de internet pierde, de media, dos horas al día en redes sociales no parece imposible que dediquemos algo de tiempo a esa labor ahorradora.

molina1
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En este nuevo orden financiero, el no hacer nada le cuesta dinero y las opciones clásicas son ya literatura del pasado. Si hablamos del inversor que sí quiere asumir algún tipo de riesgo, el proceso de selección deberá incorporar la búsqueda de talento y el uso de la tecnología para no caer en las redes tradicionales de nula rentabilidad. No es tarea sencilla, pero dado el objetivo perseguido, todo esfuerzo sí es aquí recompensado.

Buen fin de semana.

Aprender a Invertir

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