Asesor Financiero 3.0

La estigmatización de las cajas

Como se sabe, las cajas llevan creciendo durante los últimos lustros y arañando cuota de mercado a los bancos hasta llegar, más o menos, al 50%
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    Como se sabe, las cajas llevan creciendo durante los últimos lustros y arañando cuota de mercado a los bancos hasta llegar, más o menos, al 50% de la tarta del sector financiero español. Al margen del detalle que las cajas han podido comprar bancos pero al revés no, se puede decir que las cajas han logrado su cuota de mercado de manera competitiva, gracias a una buena oferta y un buen servicio al cliente, y no por motivos políticos.

     

    Desde el punto de vista del sector, es difícil negar que las cajas han aportado competitividad a la industria financiera español. Ni los bancos ni su patronal han puesto esto en duda, tradicionalmente. Las cajas han sido competitivas en uno de los sectores financieros más competitivos del mundo, y evidentemente no lo digo porque lo diga Zapatero, sino porque no hay más que trabajar en el sector fuera de España para comprobarlo. La comparación casi siempre ensalza a nuestro sector.

     

    También es evidente que las cajas lo están poniendo fácil para aparecer como una de las siete plagas de la crisis actual. Su comunicación de crisis ha sido deficiente (no estaban preparadas para la que ha caído) y su imagen pública se ha visto deteriorada por bochornos como los que forzaron la intervención de CCM. En general, la marca “caja” sale de esta crisis más quemada que el palo de un churrero. Aunque sólo sea mediáticamente, porque sus clientes son otra cosa, y no les han abandonado. Incluso muchas han seguido creciendo en clientes en medio de la tormenta.

     

    Pero la marca caja quema en muchos ámbitos y empieza a funcionar como estigma. Suena mejor ser banco que ser caja y se olvida casi siempre el hecho de que hay algunas cajas que están mejor que algunos bancos. Y en periódicos y radios se habla más de reordenación “de las cajas” que “del sistema financiero”, aunque, al fin y al cabo la mayoría de los problemas y soluciones de negocio son bastante comunes a todas las entidades (con la excepción quizás de las 2 grandes).

     

    Pero el estigma de ser caja puede ser un lastre para todas, incluso para empresas que funcionan admirablemente, como La Caixa, IberCaja, Unicaja o Caja Murcia, por dar algún ejemplo. Y otras muchas “cajitas” pequeñas que no salieron de su área de influencia y han sabido traducir su conocimiento local del cliente en los ratios de morosidad más bajos del sector. En general, las cajas ofrecen un buen servicio, están orientadas a sus clientes, y normalmente cuentan con competentes directivos y cargos medios cuyo trabajo y profesionalidad en nada desmerece el de sus colegas que trabajan en bancos, a pesar de que de media tienen un sueldo inferior.

     

    La diferencia bancos-cajas se ubica en otro plano que el profesional o empresarial y radica en su modelo de propiedad. O más bien, en el caso de las Cajas, de no propiedad: no son de nadie (al menos que se sepa). La politización de las cajas es inevitable en todas ellas. Vale que esto ha sido así de toda la vida y la cosa ha ido funcionando bien pero es evidente que la situación actual (la financiera y sobre todo la de la política, muy depauperada cuando no sencillamente corrupta), hace recomendable para estas empresas que se planteen (por su propio bien, el de sus clientes y finalmente el de los contribuyentes), su independencia de políticos que les usan de rehenes para financiar sus votos y su inagotable vanidad. Como las cajas me parecen buenas compañías no veo racional el miedo, por ejemplo, a ir convirtiéndose en sociedades anónimas, y ser juzgadas por el mercado. Ni entiendo su querencia por el abrazo de los políticos, que es cada vez más a menudo el abrazo del oso.

     

    Pero tampoco deberíamos generalizar la relación entre políticos y cajas. Aquí también hay diferencias. Hay políticos que han elegido a presidentes cualificados para la gestión y esto marca diferencias. En el vistoso caso de Cajamadrid, por ejemplo, no parece lo mismo que el nuevo presidente sea Rodrigo Rato que Nacho González (que tiene nombre de centrocampista argentino).

     

    No parece lo mismo y efectivamente no lo es, por mucho que los políticos se hayan acabado creyendo que cualquiera vale para cualquier cosa. Recomiendo este estudio de Garicano y Cuñat de la London School of Economics, en el que se mide el coste de la ineptitud. Su conclusión: las cajas que tienen un ex político al frente, tienen 0,93 puntos más de morosidad que las que no lo tienen. Si el presidente no tiene estudios de posgrado, 0,98 puntos más. En el caso en que no haya tenido experiencia financiera, 0,93 puntos más. En total, casi 3 puntos más de morosidad para las cajas presididas por políticos no preparados!

     

    Traducido a euros, la no preparación para el cargo de estos tipos puede haber salido ya a unos 20.000 milloncejos de nada, a cargo del buen trabajo que se lleva a cabo en muchas de sus entidades o finalmente, a cargo del contribuyente. El Banco de España debería tomar nota y al menos podría exigir una cualificación mínima para el cargo. Después de todo, ¿tienen capacidad estos señores para gestionar la famosa reordenación del mapa financiero en España?

    Sigo la semana que viene, que esto se hace muy largo.

     

    #1
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    Claro, es que el BCE no solo no debe, sino que ni siquiera podría embarcarse en semejante locura de empezar a comprar más deuda períferica.

    Además, si el BCE entra a comprar deuda española, la prima de riesgo se disparará, aquí explico por qué:

    http://eleconomistaprudente.com/?p=690


    Saludos.
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