Coches voladores y túneles bajo tierra para acabar con los atascos

Desde el punto de vista del inversor, y aunque el tema regulatorio en el caso de los coches voladores se plantea más complejo, no hay duda de que el futuro apunta a ese tipo de desarrollos empresariales

Foto: Recreación por ordenador del Hyperloop, un medio de transporte terrestre capaz de circular casi a la velocidad del sonido. (EFE)
Recreación por ordenador del Hyperloop, un medio de transporte terrestre capaz de circular casi a la velocidad del sonido. (EFE)

Aquellos lectores que sientan interés por lo que el futuro puede deparar en materia de transporte no pueden perderse las charlas TED de Elon Musk (Tesla). Cuando en 2013 abrazaba la idea de un coche eléctrico de producción en masa, pocos pensaban que el proyecto tendría futuro. Sus acciones han subido un 1.300% desde esa fecha y los que se pusieron cortos (que no son pocos) no han dejado de perder dinero. Este año, nos ha contado su proyecto para terminar con los atascos mediante la construcción de unos túneles, en varios niveles, que conseguirán un transporte rápido y eficaz. A esa idea, le ha sumado su visión de cómo construir un futuro en Marte.

Lo único cierto es que los precios de las acciones se han disparado y su capitalización supera a los clásicos fabricantes de autos como General Motors o Ford. Cuando un inversor toma una posición en una acción, las razones pueden ser muchas y de distinta índole, pero al final son dos los motivos básicos que la impulsan: crecimiento o valor. En el caso de Tesla estamos, obviamente, ante una apuesta por crecimiento.

Desde un punto de vista de valoración, no podemos comparar ratios como el PER actual o el estimado de Tesla contra GM o Ford. Y los que podemos analizar darán lecturas malas comparativamente con el resto de la industria. Algunos apuntan a este respecto que, de no ser por la entrada de nuevo dinero de nuevos inversores, la empresa estaría quebrada. Esos mismos añaden que Tesla es, sin duda, una muestra de la burbuja en la que nos encontramos y que su valoración está fuera de toda lógica. Sin ir más lejos, fíjese en la evolución de los beneficios de una y otra… Sin duda, las métricas de valoración que aplica el mercado no son las mismas.

Y es que, en el caso de Tesla, no se atiende a cuestiones de valoración sino de crecimiento esperado. Se buscan empresas que presenten buenas perspectivas en lo que a sus ventas y beneficios proyectados se refiere y que ofrezcan un modelo de negocio disruptivo.

Pero no se trata hoy de ponernos a examinar si la compañía está barata o cara. Se trata de ver cómo los proyectos de una empresa de este tipo pueden revolucionar el mundo con respecto a lo que hoy tenemos. En el primer trimestre de 2017, Tesla ha entregado 25.000 coches eléctricos, un 69% más que en el año anterior, y la compañía ha adelantado a 2018 la producción de hasta 500.000 unidades (en vez de 2020). En ese sentido, podemos afirmar que, aun siendo incipiente, un coche eléctrico 100% a un precio cada vez más competitivo y con autonomía razonable es ya una realidad.

El siguiente de los proyectos, que tal vez están ya descontando esos inversores en Tesla, radica en la construcción de túneles para agilizar y lograr un transporte eficiente. Para ello, ya creó una nueva empresa en 2016, The Boring Company, que pretende llevar sus coches bajo tierra. Dada la sofisticada tecnología existente para hacer túneles, un enfoque multidimensional sería la solución al tráfico y se optimizaría el transporte. Diferentes túneles a diferentes niveles en un entorno totalmente automatizado no es una quimera absurda, y su realización sería posible. Frente a una visión más confusa de los coches voladores, la forma de regularlo parece más simple y su financiación igualmente factible. En este proyecto, se utilizan los actuales coches de Tesla sin modificación alguna, de forma que los incorpora dentro de la estrategia y la diferencia de otros competidores que, bajo una idea similar, tienen que utilizar una especie de cápsula de pasajeros cuya puesta en marcha sería más compleja, costosa y de regulación aún más específica.

Frente a esta idea subterránea, otras compañías están intentando abrir el mercado de los coches voladores. La 'startup' Lilium electric presentó el primer test de una prueba que, afirma, puede cambiar el mundo del transporte. En una versión de conducción automática y totalmente eléctrica, el prototipo presentado podría alcanzar los 300 km/h y tendría capacidad para cinco personas. Se crearían unas especies de pista de aterrizaje (lo hace de forma vertical) mínimas y permitiría evitar el tráfico para ciertos desplazamientos. Por ejemplo y según comentan, desde la ciudad de Nueva York hasta el aeropuerto JFK, se pasaría de los 55 minutos que se tarda en taxi a unos cinco minutos en este coche volador (sin impacto en el precio).

La 'startup' alemana E-volo ha construido una especie de dron eléctrico, con capacidad para dos personas, y tiene ese mismo despegue vertical. Se espera que sea certificado en 2018. Así mismo, Uber tiene proyectado un prototipo para 2020 que permitirá despegue y aterrizaje vertical, totalmente enfocado al transporte de pasajeros. Y estas empresas no están solas pues existen varios proyectos de distinto tipo, pero similar filosofía, que pretenden encontrar la solución para mejorar la forma en la que nos movemos.

Desde el punto de vista del inversor, y aunque el tema regulatorio en el caso de los coches voladores se plantea más complejo, no cabe duda de que el futuro apunta a ese tipo de desarrollos empresariales. El potencial es enorme y se pueden tomar posiciones en este tipo de tecnología que, como el caso del Tesla, demuestra que crecimiento supera a valoración. La apuesta en este sector no equivale para nada, a comprar Ford o General Motors. Aquí se invierte en el futuro del transporte y en la convicción de que, en un tiempo muy cercano, pueden existir túneles multidimensionales para conectar ciudades y mejorar la forma en la que nos desplazamos. Pero, como siempre, no olvide que esta tarea de inversión nunca está carente de riesgos y, el presente inmediato aún pasa por tener que soportar los atascos de cada día.

De Vuelta

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