Tanto en lo bueno como en lo malo, la prima de riesgo se ha convertido en nuestra inevitable y fiel compañera de viaje. En los primeros cinco años de esta larga y prolongada crisis global, ha sido el elemento de preocupación constante para los medios, sin excepción, principales narradores todos de su evolución pues, no sin razón, su gráfica expone los peores momentos vividos en este último lustro.

La prima de riesgo detalla la cronología de un aluvión de sucesos negativos desde que en mayo de 2010 abandonara definitivamente la barrera de los 100 puntos. Desde ahí ha desgranado cuatro rescates a países (Grecia -dos-, Portugal e Irlanda), tres asistencias financieras (España -dos- e Italia), y un amago de macro intervención sin precedentes que, ironías de la vida, sin materializarse fue la que más efecto tuvo sobre su evolución (el whatever_it_takes_gate de Draghi).

Su llegada fue traumática para la gran mayoría de los que no están vinculados o interesados con lo que ocurre en los mercados financieros. Los paganos desconocían, y siguen sin entender realmente lo que significa, pero atemorizados por su efecto y por la propaganda mediática no han tenido más remedio que hacer un esfuerzo por entender, o al menos intuir, qué es eso de un diferencial de rentabilidad.

Lo más importante de todo de todo es entender que lo que vive España es una crisis financiera. Y no solo porque haya tenido a los bancos en el epicentro. Los bancos son parte del problema central pero no la causa única. Lo que yo tengo absolutamente claro es que sin ellos, sin resolver sus problemas ni limpiarlos, no hay salida posible.

Históricamente, es decir, tomando como referencia las crisis bancarias más importantes acontecidas en la posguerra hay factores que permiten determinar el momento, vamos a llamar razonable, de salida de una crisis. A saber:

  • Caída promedio del precio de la vivienda de un 35% con una extensión de seis años
  • Fuerte caída del desempleo (7pp) con una duración de cuatro años
  • Un incremento de la deuda pública de hasta un 86% en promedio

Esos datos pertenecen al prestigioso e imprescindible estudio desarrollado por Rogoff y Reinhart, cuya obra debería ser de obligada lectura en los colegios en lugar de tanta chorrada propagandística como se enseña hoy en día. Pero eso es imposible que entre en la mente obtusa de los que, reforma tras reforma educativa, tratan de adoctrinar a nuestros hijos ya que entonces pensarían con criterio y se les cuestionaría. Batalla perdida, no sigo con eso.

Pues bien, tomando como referencia los puntos anteriores, es muy posible que 2013 suponga el punto de cierre definitivo al proceso de ajuste inicial de la crisis financiera. Y dejo bien claro que es inicial pues en una crisis de estas dimensiones, las secuelas de la macro siguen su propio proceso de ajuste natural, lo cual no significa una prolongación de la misma. Un error común de percepción, pues por ejemplo rebajar la tasa de paro y corregir los errores estructurales, como el gasto y la deuda que nuestros políticos se niegan a hacer, en lógica llevará un período cuando menos igual a la duración de la crisis financiera como tal. 

Pero ese factor de ajuste económico no va aparejado a la prima de riesgo, rompiéndose por tanto la correlación natural que se le presupone. En otras palabras, que la esperada relajación, yo lo llamo normalización, en los diferenciales de riesgo exigidos irá mucho más rápido que las señales de mejora que se puedan emitir.

Volviendo a esos tres factores que identificaba, establezco un paralelismo que ayuda a entender porqué creo que 2013 cierra esa fase inicial.

El precio de la vivienda acumula una caída del 44% desde 2007, superior por tanto en nueve puntos porcentuales al promedio histórico. Sólo la crisis financiera de Finlandia en 1991 supera ese porcentaje si bien mucho me temo que ese liderazgo se verá pronto superado, viendo el deseo a que el precio sume al menos otros diez puntos de recorte. Japón por ejemplo acumula dos décadas de descensos y no ha corregido ni el 40% en precios. La anterior crisis financiera vivida por nuestro país en 1977 generó una caída de algo más del 30% en cinco años.

Si tomamos como referencia el precio de otro activo como el de las acciones, por eso de salir así del debate que abre el inmobiliario, el promedio de caída en las bolsas ha sido del 56% en un período no mayor a tres años y medio. Pues bien, la bolsa española desde el momento de pánico hasta su punto más bajo ha supuesto una caída de casi el 50% pero en más tiempo, algo más de cuatro años. En 1977 el ajuste del mercado de acciones fue muy superior en tiempo y caída.

El ciclo de desempleo puede romper el record establecido en Estados Unidos con el crash del 20, pues el incremento de la tasa más que triplica la comparativa inicial y el pico, si lo damos por bueno en el 27,2%, supone acumular casi seis años de incremento. Muy por encima de los 12 puntos que ajustó en 1977.

Y finalmente, pues qué decir de la deuda pública. Sólo en los tres años posteriores al estallido de la crisis la deuda aumentó más de un 50%, pero es que cinco años después se habrá más que duplicado al sobrepasar holgadamente el 100% del PIB. Aquí sí que hay una diferencia notable respecto a nuestro precedente, pues en 1977 el aumento fue superior al 200%.

Con todo esto qué quiero decir: pues que además de que España se ajusta e incluso superar el guión de crisis documentadas, personalmente encuentro motivos para pensar que, fuera de negativismos y juicios de valor sesgados por la ira que muchos sienten hacia los políticos, el patrón de salida se ha cumplido. Lo cual no significa que el paro, el déficit y el gasto público vayan a ajustarse en progresión lineal a la prima de riesgo. Para nada.

Son dos movimientos totalmente diferentes. La prima de riesgo es muy posible que acabe el año cerca de los 200 puntos básicos. No trato de ser adivino, solo de ser razonable. Primero porque corre el bono español, y eso es confianza hacia nuestro país, pero también porque lo hace el alemán, lógico teniendo en cuenta que su país crece y sus tipos son insostenibles.

Quizás sobra decirlo pero es obligado, y es que todo esto que comento está supeditado a la ausencia de factores extraordinarios, lo cual en si mismo puede resultar en una incongruencia pues hemos visto que Europa es capaz de lo peor, ya veremos si lo es también de lo mejor.

El caso es que la prima de riesgo vive una clara involución. El recorte reciente, y no hablo del acontecido en las últimas semanas, es consecuencia de un factor inequívoco que me confirman los movimientos de algunas grandes gestoras y las evidentes apuestas que hay detrás.

Woody Allen dijo que la única señal que necesitaba de Dios era que le hiciera un ingreso a su nombre en la cuenta del banco. Yo sería más pragmático y menos ambicioso y lo único que hago es no esperar a que las agencias de rating modifiquen sus calificaciones para tomar decisiones.