Japón y el manga monetario: crear dinero para nada

“The Bank of Japan’s huge bet by boosting quantitative easing won’t turn the economy around and is instead sending the nation toward default” Takeshi Fujimaki
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    “The Bank of Japan’s huge bet by boosting quantitative easing won’t turn the economy around and is instead sending the nation toward default” Takeshi Fujimaki

    Esta semana se ha hablado mucho de la decisión del Banco de Japón de multiplicar su deuda para estimular la economía y comentaban algunos analistas en la tertulia de la CNBC que les sorprendía la “reacción tímida” a tan fantástica decisión. Un conocido blog (Macro Man) lo llama “el gas de la risa japonés”, porque crea una falsa ilusión de felicidad. Yo lo llamo Manga monetario, en honor a los magníficamente fantásticos e inverosímiles cómics del país nipón.

    En mi opinión, los defensores de esta política se encuentran con dos problemas: la evidencia del fracaso de los experimentos de las últimas décadas y, sobre todo, que si el resto de países se lanzan a la misma locura, los efectos colaterales serán simplemente impredecibles. En cualquier caso, el “experimento” lo pagará usted.

    A las políticas de estímulo salvaje se las adorna siempre de un objetivo “social”, casi benefactor. “Es por su bien”. “Sin ellas hubiera sido peor”. Pero son profundamente injustas, anti-sociales y, lo más importante, ineficaces. Excepto para el que parte, reparte y se lleva la mejor parte. Los estados y bancos.

     

    Algunos dicen que deberíamos hacer lo mismo. ¿Por qué? 

    La explicación simple es que asumen que, si se imprime dinero, se inunda de liquidez el sistema, se estimula la economía productiva, el ahorro se ve forzado a reinvertir, mejora la situación de deuda del país, baja el coste de la deuda de las empresas, se reduce el paro y se evita la deflación. ¡Qué maravilla! Todo a la vez. El bálsamo de Fierabrás. No hay que cambiar el modelo económico de baja productividad, ni el gasto ni las ineficiencias. Con devaluar y estimular vale. ¿No? No, porque no ocurre.

    España, un país que vivió las desastrosas devaluaciones competitivas de los años 90, debería saberlo. Un país que hundió su economía y se puso al borde de la quiebra “estimulando” desde el gasto entre 2007 y 2011 debería ser prudente y aprender de su historia. Pero no. Nos gusta Japón, pero sin Mitsubishi.

    Los datos en Japón son contundentes y nos deberían llevar a calibrar muy cuidadosamente los cantos de sirena de la solución fácil. 

     

    Tras muchos trillones gastados y años de aplicar las políticas que algunos quieren para la UE:

    - Japón alcanzará una deuda sobre PIB del 245% en 2013 según el FMI, subiendo por sexto año consecutivo. El riesgo de impago, curiosamente, se ha disparado entre febrero y abril, aunque aún sea bajo.

    - El gasto público es insostenible. Las necesidades de financiación del país superan el 60% del PIB en 2013, comparado con un 25% en EEUU. La deuda pública japonesa supera en veinticuatro veces a los ingresos fiscales del país.

     

    - El déficit comercial alcanza un record de 64.000 millones de euros. Esto es importante porque el principal socio comercial de Japón es China, y la decisión de atacar monetariamente de manera tan agresiva puede suponer un tiro por la culata si China reacciona. Japón, además, importa 87,3 millones de toneladas de gas y 3,6 millones de barriles al día de petróleo, que paga en dólares. Devaluar el yen sólo supone crear inflación en su factura energética. Lo comido por lo servido.

    - El paro no ha bajado, manteniéndose en la media de 2003-2012. De hecho, ha subido del 3,83% al 4,42% entre 2007 y 2013.

    Me centro aquí en los informes de Credit Suisse “Japan Implications” y de DBS Group “Japan: Gauging the QE Impact” y verán qué cantidad de cosas les recuerdan a nuestros países.

    El Banco de Japón ha llevado políticas expansivas desde 2001, pues bien:

    No aumenta el crédito. En Japón, como pueden ver en el grafico inferior, el crédito se ha estancado a niveles de 2003 y lo acapara el estado –deuda pública- y los mega-conglomerados. 

     

    Las bolsas reaccionan ante el principio de las políticas, como el que lanza una piedra al agua. Pero su efecto es cada vez menor. Parece que sube el volumen, pero el líquido es el mismo. Por supuesto, la bolsa japonesa ha subido un 28% en lo que va de año, pero enmascara un más modesto 13% en dólares. Al final, lo que importa son si los sectores tienen bajo crecimiento y baja rentabilidad. 

     

    - Se sostiene a las industrias de baja productividad. Devaluar y estimular perpetúa los modelos poco competitivos y saca dinero del bolsillo del ahorrador, solo para que esos sectores puedan mantener su actividad unos años más, pagar algo de impuestos e intentar sostener un gasto público enorme. 

     

    - Añádale a esta combinación una pirámide de población que el propio primer ministro considera “insostenible”. Es una bomba de relojería sobre un sistema de pensiones y gasto público insostenible.

     

    Vamos… El camino que lleva la UE.

    Entonces, ¿por qué se hace? Fácil, déjenme decirles dónde está el dinero de los japoneses. En depósitos y moneda, un 56% del total. Los japoneses ahorran. Mucho. Hay que meter la mano en ese bolsillo… devaluando. Pero los japoneses, igual que los europeos, no invierten más. El gran problema es que la velocidad del dinero –que refleja la actividad económica- sigue cayendo a pesar de la liquidez salvaje. Se queda todo en bonos de estados y bancos extremadamente endeudados. La desconfianza del consumidor y del empresario no se disipa manipulando las variables monetarias porque la mayoría teme que detrás vienen shocks de deuda y subidas de impuestos.

    Japón, el 'Hedge Fund' de una sola apuesta.

    La economía japonesa es extremadamente dependiente del ciclo económico global –el doble de correlación de beneficios empresariales a la producción industrial global, comparado con EEUU o Reino Unido- y genera unos márgenes muy bajos. Varias de sus grandes empresas obtienen rentabilidades muy por debajo de su coste de capital. Exportan, pero no generan casi ingresos fiscales -por los bajos márgenes- para sostener un estado hipertrofiado y una población envejecida.

    La decisión del Banco de Japón es como un enorme especulador endeudado decenas de veces con una sola apuesta: que Japón volverá a exportar con rentabilidad y a generar ingresos fiscales suficientes a costa del resto del mundo. Esa apuesta es exactamente la de todos los países de la OCDE que sigo. Solo que mucho más apalancada. Hecha con el dinero de las generaciones futuras. Claro que puede tener algunos beneficios sobre los demás:

    - Al comprar deuda de países europeos, bajan las primas de riesgo, pero puede tener un problema: las propias necesidades de financiación del estado japonés.

    - Que los ahorros de los japoneses, buscando huir de la devaluación, vayan a proyectos y acciones o bonos globales, europeos en particular. Pero el riesgo es que ese dinero falso, como el de los QE, se queda en activos de riesgo financieros a corto plazo, no va a inversiones productivas reales a largo.

    Y una desventaja. Al apreciarse el resto de las monedas, Japón busca rascar del barril de las exportaciones de los demás. Pero eso no es un problema si el resto compite en calidad y tecnología, no en coste de productos de bajo valor añadido. Precisamente esa competencia es la que ha desbancado a Japón de muchos podiums exportadores.

    Las consecuencias de seguir la política monetaria japonesa son claras:

    - Las deudas de los países no se reducen, se disparan. Con más dinero, gastan más, dejan de reformar y mantienen modelos improductivos.

    - Se vuelve, como en 2001, a incentivar la toma de riesgo financiero excesivo, pero en un momento en que los bancos, empresas y familias están aún muy endeudados, lo que puede llevar a shocks superiores en economías aún muy frágiles.

    Y, por supuesto, igual que al Japón de las dos décadas perdidas, veríamos que los grandes problemas no cambian y no se reforma. Entonces, Japón perdería su apuesta y no sólo seguiría en una situación insostenible, sino aún más débil.

    Si Europa y EEUU quieren ganar esta carrera a Japón, lo peor es cerrar los ojos y pisar el acelerador a ver quién se despeña en la siguiente curva. Lo mejor es aprovechar esa liquidez y burbuja de activos financieros que se pretende crear –si se crea- para reformar, ser más competitivos y reducir gastos. Por eso estoy totalmente de acuerdo con la postura de Alemania y Finlandia en la Unión Europea y defiendo no participar en el concurso de “a ver quién se endeuda más y hace impago primero”. Si no tengo razón, estaremos mejor de cualquier manera. Y si tengo razón, no seremos el tonto que se queda con el palillo más corto en el reparto del “tú quiebras”. Buen fin de semana.

    Lleno de Energía
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