"Corporación España": ¿una empresa que necesita reestructuración?

Despedirse de algo, terminar con todo aquello que en muchos casos fue tu vida desde casi la  adolescencia, resulta una experiencia dolorosa. Nunca es sencillo decir
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    Despedirse de algo, terminar con todo aquello que en muchos casos fue tu vida desde casi la  adolescencia, resulta una experiencia dolorosa. Nunca es sencillo decir adiós. Esta es la desagradable realidad de un gran número de empresarios que, tras intentar luchar contra la mala coyuntura y la falta de liquidez para seguir adelante, están obligados a cerrar o vender sus empresas, algo que va mucho más allá que cambiar el modo de ganarse la vida.

    Según datos del INE, en España existen cerca de 3,5 millones de empresas, de las que un 80% son consideradas PYMES, que generan entre el 65-70% del PIB y el 75% del empleo. Son con frecuencia negocios familiares, en primera o segunda generación, donde no existe una matriz que responda ante dificultades, ni capacidad para presionar en la concesión de líneas de crédito, o poder de opinión sobre las medidas que actualmente toman nuestros gobernantes para intentar salir de esta crisis, que durante el último año ha llevado a casi 3.000 empresas a presentar concurso de acreedores, el triple que el año anterior.

    A finales de 2008 ya se predijo que en primavera empezaríamos a ver los primeros síntomas de recuperación. Como probablemente esta marejada macroeconómica seguirá, por lo menos, un año más, es conveniente que, aunque no vaya a peor, nuestros gobernantes se esfuercen en remar en la dirección adecuada para llegar antes a buen puerto, y no navegar sin rumbo, dejándose llevar por la corriente en medio del gran océano mundial. Inmersos en una tormenta como ésta, poco consuela saber si estamos comparativamente mejor o peor que el vecino, si nuestro PIB disminuye más o menos que el de otros países europeos, o si la culpa es de uno u otro; tras hacer el diagnóstico, tanto a nivel macro como microeconómico, lo más práctico es tomar decisiones que, además, eviten en lo posible la reaparición de los mismos síntomas en el futuro.

    Recientemente, un amigo empresario hacía un curioso paralelismo entre su compañía y lo que llama “el negocio de todos”. Calificaba como injusto estar obligado a afrontar ajustes salariales, laborales, y todo tipo de recortes y parches en su PYME, mientras que en esa “gran compañía propiedad de todos llamada España”, el equipo directivo realiza una gestión empresarial nefasta y está más preocupado en poder renovar sus contratos cada cuatro años, o sea, ser elegido para ser reelegido, que en generar un modelo de negocio saneado y competitivo. El cáncer del sistema de la economía de mercado es el “todo vale”. Ese es el gran problema al olvidarnos de que hay que premiar al que lo hace bien y castigar al que lo hace mal.

    Mi amigo reconoce que los gestores cuentan con un excelente departamento de “marketing y promoción”, pero existe una cosa en cualquier negocio que se llama cuenta de resultados, y es en esto donde fallan clamorosamente, despreocupándose por el aumento de nuestro endeudamiento, o por que cada vez seamos menos competitivos frente a la amenaza de economías emergentes, o restando importancia al riesgo de hipotecar e incluso amenazar las pensiones de nuestros hijos.

    Estoy de acuerdo con que parte de los males que han provocado nuestra situación actual son globales, pero la mejor manera de salir adelante en nuestra “Corporación España” no es endeudándose más y concediendo subvenciones masivas, sino preparando la economía para ser más competitiva. La “Corporación España” se ha convertido en una familia que gasta un 10% más de lo que gana.

    Soy consciente de que esta reflexión será acogida desigualmente según la situación que atraviese cada uno, y veremos qué ocurre con una posible reforma del mercado laboral, pero insisto en mirar más allá para no repetir situaciones como las que vivimos hoy. Además, cuesta mucho encajar cómo, siendo privados los beneficios de las empresas, en el momento que aparecen las pérdidas, éstas se socialicen; es decir, las pagamos todos.

    Tenemos la oportunidad de sentar las bases de un nuevo modelo económico y así romper con algo que todos llevamos oyendo desde hace décadas: España es un país de servicios donde no hay tejido industrial, dependemos demasiado del ladrillo, nuestra balanza comercial siempre es deficitaria, debemos apostar por el I+D… Ahora es el momento de transformar en hechos algo que siempre queda en poco más que promesas para los accionistas de este país llamado España, seamos contribuyentes o empresarios.

    Probablemente es exagerada la famosa frase acuñada por Emilio Botín para arengar a sus directivos: “Lo que no son cuentas, son cuentos”; la gestión de nuestra “Corporación España” es demasiado compleja como para poder reducir todo a esta máxima. Sin embargo, no debemos olvidar que, al margen de la gran empresa, bancos y cajas, gran parte de la riqueza productiva depende de las PYMES, y muchos echamos de menos que al timón de la nave existan gestores con visión más empresarial, estratégica y global que política. En definitiva, que sean capaces de tomar decisiones valientes y audaces en estos momentos de cambio, en lugar de tanto “marketing, paño caliente y café para todos”.

    Daniel Galván, vicepresident GBS Finanzas

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