Economías de laboratorio: así funciona la devaluación interna

  Nadie parece saber qué puede pasar con nuestro país, hay quien se pone en lo peor y hay quien cree que pronto volveremos a

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    Nadie parece saber qué puede pasar con nuestro país, hay quien se pone en lo peor y hay quien cree que pronto volveremos a ver la luz. De hecho ni siquiera parecemos saber qué camino hemos de coger: ¿El de la austeridad? ¿El del estímulo? ¿Una mezcla de ambos? En realidad nadie lo tiene claro porque estamos ante una situación difícilmente extrapolable por nuestra pertenencia a una zona monetaria, recurriendo así a la creencia o a la inferencia para ofrecer respuestas. Existe otra vía, y es la vía de las economías de laboratorio, economías donde se ha experimentado con la devaluación interna aún cuando no era obligatorio. Son la mejor estimación del futuro de España, hoy trataremos de ver qué nos enseñan.
     
    Durante la última década el PIB creció de forma sorprendente, pero dicho crecimiento no era sostenible pues se basaba en crédito barato, ladrillo y consumo, y no en la industria. La competitividad iba resintiéndose poco a poco a la vez que grandes cantidades de dinero externo entraban al país apuntándose al “boom”, llevando a territorio negativo la cuenta corriente y aumentando la deuda externa año tras año. ¿Les suena esta historia? Pues es la historia de Estonia, Letonia y Lituania, tres países que rodean el Mar Báltico con una población agregada inferior a los 7 millones de personas y que han servido como experimento de cómo funciona la devaluación interna.
     
    Los síntomas son los mismos, pero ¿por qué motivo iban estos países a ofrecerse como “cobayas” de la devaluación interna sin tener por qué? Tras la caída de la URSS los países bálticos tratan de reducir la influencia de Rusia y acercarse más a Europa, y para ello tienen un objetivo claro: entrar en la moneda única. Eso les proporcionaría estabilidad, un gran mercado interno en el que vender, menores tipos de interés y un tipo de cambio fijo para su gran cantidad de préstamos denominados en euros. Es así como Estonia, Letonia y Lituania se comprometieron a soportar un duro programa de ajustes y servir como laboratorio de lo que a continuación se haría a gran escala. Tenían mucho que ganar y poco que perder.
     
    EL MODELO BÁLTICO
     
    Pongámonos en situación. En los años 2006 y 2007 la economía de estos tres países bálticos crecía en torno al 10%, pero sus cuentas corrientes eran muy negativas debido a la entrada de capitales foráneos y a la pérdida de competitividad; la cuenta corriente de Estonia marcaba un -15% en 2006, la de Letonia un -22% y en Lituania -11%. ¿Qué ocurrió? Lo que todos conocemos, la crisis financiera secó los mercados y frenó en seco el dinero que hidrataba la economía báltica. Sabían que eso llevaría a la economía a una grave crisis por la dependencia del crédito, había que tomar medidas drásticas y rápidas.
     
    Tenían dos opciones: la devaluación de la divisa o bien la devaluación interna. La primera opción era menos dolorosa pero existían dudas sobre qué pasaría con los préstamos en euros que poseían (sobre el 90% del total), una devaluación de la divisa podría provocar una oleada de “defaults”. La segunda opción proporcionaba mejores bases para el futuro aunque con ajustes más dolorosos, si bien contaba con el visto bueno del núcleo de la Eurozona y el FMI. Esa fue la elección, los gobiernos comenzaron una etapa de austeridad, con recortes del gasto público cercanos al 10% del PIB en algunos casos y profundas reformas estructurales.
     
          
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    El gasto público se había incrementado una media del 50% entre 2004 y 2008, por lo que cuando la crisis llegó se pudo comprobar que los ingresos que supuestamente debían hacer frente a dicha carga habían desaparecido para siempre. No de forma coyuntural, sino estructural, el boom del endeudamiento se había terminado. Es por ello que los gobiernos llevaron a cabo uno de los ajustes más fuertes de los últimos años, incrementando impuestos indirectos y recortando gasto, a la vez que implementaban medidas estructurales para incrementar la competitividad.
     
         
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    Solo en 2009 el PIB de Estonia cayó un 14.3%, un 17.7% el de Letonia y un 14.8% el de Lituania, alzándose con los primeros puestos de las recesiones, o depresiones, más duras a nivel mundial (Letonia 1er puesto). Existían serias dudas sobre si la devaluación interna podría funcionar, numerosos economistas profetizaban una recesión que se retroalimentaría hasta llevar a los países bálticos al colapso, pero no, las reformas surtieron efecto y el deterioro de su cuenta corriente remitió; Estonia pasó de un -10% en 2008 al +4% en 2009, Letonia del -13% al +9% en el mismo período y Lituania del -13% al +5%. La caída de la demanda interna fue brutal, Letonia incluso necesitó ayuda del FMI y la Eurozona, pero sobrevivieron y la cuenta corriente se equilibró.
     
    Obviamente no todo fue positivo, el desempleo pasó de cifras cercanas al 4-6% en 2007 al 17-19% en 2010, numerosos trabajadores que antes habían disfrutado el boom ahora se encontraban apartados del mercado laboral de forma estructural. Además, la caída de salarios, rentas, beneficios y el aumento del paro provocó que la morosidad se disparase, llevando los ratios a niveles del 20% en Letonia y Lituania, y al 8% en Estonia.
     
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    En 2011 el crecimiento de estas economías superó el 5% empujado por la industria y la exportación, situándose a la cabeza de los rankings en Europa, y esperándose que la recuperación sea duradera y el PIB permanezca en positivo en los próximos años, dependerá mucho de lo que ocurra en el resto del mundo pero actualmente esas son las previsiones del FMI. Además estos países han recuperado la confianza de los mercados, tanto de las agencias de calificación como en las emisiones de deuda. Estonia ha entrado en el euro y otros están en proceso. E incluso hay quien pone a Estonia como ejemplo de “boom” emprendedor tras presentar uno de los mayores crecimientos a nivel mundial de creación de empresas. En la otra parte de la balanza hay quien acusa al ajuste realizado de un aumento de la pobreza y la desigualdad, como también de incrementar el éxodo de la juventud del país al extranjero.  
     
    CONCLUSIONES
     
    ¿Qué conclusiones podemos sacar del experimento realizado con la devaluación interna en las economías bálticas? Para empezar que la devaluación interna puede funcionar, no sabemos si el éxito puede ser repetido en otras circunstancias, pero sí que no estamos ante un camino seguro hacia el desastre. No obstante, también economías como Islandia se encuentran en plena recuperación sin haber pasado una situación tan amarga como la instaurada por el “modelo báltico” como podemos ver en la siguiente imagen, por lo que, ¿es la devaluación interna la mejor alternativa viendo los resultados obtenidos?
     
     
    En realidad la comparación carece de sentido, Letonia por ejemplo era el país que más crecía por encima de su potencial y presentaba cifras de crecimiento en el crédito bancario por encima del 50%, dichos antecedentes son difícilmente replicables en otras economías. Por ello, una segunda conclusión es que las comparaciones a corto plazo entre países no sirven, y solo el largo plazo nos dirá quien lo ha hecho bien y quien lo ha hecho mal. Que a los países bálticos les haya ido bien no quiere decir que sea mejor ni peor que lo hecho en Islandia y no quiere decir que sea más o menos extrapolable a España, estamos ante aproximaciones pero sin garantías de veracidad.
     
    Así, algunas diferencias entre las economías bálticas y los países mediterráneos es que ellos contaban con una deuda pública muy reducida, inferior al 10% del PIB, por lo que pudieron aumentar el endeudamiento público para compensar el desapalancamiento privado. En los países mediterráneos la deuda pública está en niveles altos. Asimismo el hecho de ser economías pequeñas, abiertas, y con baja renta per cápita provoca que sean mucho más flexibles y les resulte más sencillo tener éxito en las recuperaciones.
     
    En cualquier caso una regla que siguen todos los países que se recuperan rápido es actuar rápido, retrasar las medidas o esconder la suciedad debajo de la alfombra solo lleva a una enfermedad más duradera y dolorosa, que el sufrimiento no sea tan intenso no quiere decir que no sea mayor. Además, los mercados suelen reaccionar extremadamente bien ante el cumplimiento, los diferenciales en los CDS de los países bálticos empezaron a mejorar tan pronto como se comprobó con números que iban a cumplir su palabra. Necesitamos cumplir los compromisos para generar confianza.
     
    La política de comunicación de los gobiernos bálticos fue muy buena, desde el principio se explicó que lo que hacían era por su bien, no por peticiones internacionales. Desde el principio dijeron la verdad aun siendo muy dura. Desde el principio dijeron qué se necesitaba para solucionar el problema y qué pasaría en caso de escoger la alternativa. Fueron los ciudadanos los primeros propulsores de la austeridad y compartían el objetivo de cumplir para entrar en el euro, tenían una meta común. Sorprende que en la recesión más dura del mundo actual, el Primer Ministro letón saliese reelegido, ¿merece la pena mentir Señores Políticos?
     
    Por último, algo que garantizó el éxito del plan trazado fue la colaboración de los acreedores internacionales, en general bancos de los países vecinos que comprendieron que mantener la exposición al país era la única forma de poder perder lo menos posible. Se crearon iniciativas como “The Vienna Initiative” (Serbia, Rumanía, Letonia, Hungría y Bosnia) para ello, y en los casos en los que hubo que reestructurar se hizo con diligencia. Hay quien esto lo extrapola a la necesidad de una “Unión Bancaria” que evite la fuga de capitales de la periferia.
     
    Estas son algunas de las lecciones que podemos extraer de las "economías de laboratorio", países en donde se ha aplicado la "devaluación interna" antes de ir más allá en su implementación a gran escala. Dichas lecciones ya han sido tenidas en cuenta por Irlanda, consiguiendo financiarse actualmente más barato que España, y es probable que pronto lo sean también en nuestro país. Tomen nota, dicen que la historia siempre se repite. 
     
    Perlas de Kike
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