¿Se puede crecer de forma infinita en un planeta finito?

La expectativa racional es que una vez terminada esta crisis sistémica los países afectados volverán a crecer como antaño, con cifras cercanas al 3% de forma
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    La expectativa racional es que una vez terminada esta crisis sistémica los países afectados volverán a crecer como antaño, con cifras cercanas al 3% de forma sostenida en el tiempo. Dicho de otra forma, que una vez terminado este contratiempo todo volverá a girar y las cosas volverán a ser como antes. Pero, ¿y si no fuese así? ¿Y si la presente crisis no fuese “una más” y por la contra fuese “la crisis” que marcase un punto de inflexión con un antes y un después? Algunos indicadores que hoy veremos podrían ir en esa dirección.
     
    Tradicionalmente el debate del crecimiento infinito se ha orientado a la energía; se extrapola al crecimiento un consumo de recursos naturales que serían finitos, marcando éstos por tanto un techo al desarrollo económico.  Mucho se ha debatido sobre el tema, unos ven un “peak oil” al que no podremos responder, otros recursos suficientes y nuevas formas de producción. Al final el debate no se reduce a los recursos naturales, se reduce a cuan infinita es la creatividad humana, esos son los verdaderos “recursos” de los que disponemos y de los que dependeremos para seguir creciendo o no.
     
    El problema es que, siendo el energético el mayor reto existente, existen también otras tendencias preocupantes que podrían situar el escenario del “crecimiento cero” muy cerca. No sabemos la eficiencia que tendremos dentro de 20 años en el consumo energético, pero si tenemos por ejemplo una imagen bastante precisa de las tendencias poblacionales y por tanto de cuantas personas formarán parte de la fuerza laboral. Nos preocupamos por los recursos que consumirá en un futuro lejano una economía que crece al 3%, pero ¿y si no llegase a crecer así? Ese es el gran debate ahora mismo.
     
    El PIB no es más que la suma de dos variables muy básicas: la población y la productividad. Si a una población de 100 trabajadores se le añaden otros 100 obreros realizando exactamente la misma tarea obtendremos el doble de “output”, si por la contra no añadimos a nadie pero esos 100 trabajadores multiplican por 2 su productividad ocurrirá lo mismo. Eso es el PIB, un número que varía en función de la población y su productividad. Por ello, ¿qué ocurriría de no aumentar ni la población ni la productividad? O yendo un poco más allá, ¿qué ocurriría si la productividad no fuese lo suficientemente alta para compensar el declive demográfico? La respuesta es crecimiento cero.
     
     
    Esto es exactamente lo que se plantea uno de los inversores con más activos gestionados del mundo, Jeremy Grantham CIO de GMO una gestora con más de 97 mil millones de dólares AUM, en la última carta a sus clientes. Como puede verse en la gráfica anterior la población trabajadora del conjunto de países de la OCDE habría empezado a decrecer recientemente, es decir, esto no es un fenómeno de EEUU o de algún país en concreto (de hecho EEUU seguiría en positivo, quizá por los efectos migratorios), es un fenómeno que preocupa al conjunto de la OCDE.
     
    Por otra parte en el pasado existiría una mayor incorporación de la mujer al trabajo, tendencia que habría tocado techo y por tanto limitaría el crecimiento de la población activa a su tendencia natural corregida por las migraciones. Pero es que además de tener a menos población trabajando, los datos también nos dicen que esa población trabaja menos horas a la vez que aumenta su renta. En concreto Grantham calcula que desde 1970 en EEUU se trabajarían cada año 3 horas menos y en la OCDE 7 horas menos.
     
     
    La foto final es bastante clara, si el PIB aumenta gracias a la población o a la productividad, y la población trabajadora es cada vez menos y trabaja menos horas, ¿cómo podemos escapar del “crecimiento cero”? La respuesta es la productividad. ¿Y qué nos dice la tendencia histórica en la productividad? Pues nos dice que el ser humano es un ser que busca de forma innata la innovación, que por algún motivo buscamos la mejora continua año tras año, pero también nos dice que desde la Revolución Industrial los ratios de crecimiento no han vuelvo a ser los mismos. La siguiente gráfica es del profesor Robert Gordon de Northwestern.
     
     
    El profesor Gordon cree que de no producirse otra “Revolución” la productividad futura tenderá a converger con su media histórica, un 0.2%, un ratio que señala una mejora continua pero que sería claramente insuficiente para mantener el modelo de crecimiento actual a flote. Sin duda los recientes cambios tecnológicos que estamos viviendo serían importantes, pero al parecer no tan grandes como lo fue en su momento la Revolución Industrial, y por tanto tendríamos que ir más allá para revertir la tendencia histórica.
     
    Existen además dos factores que limitarían la productividad futura: la inversión y el sector servicios. La inversión sigue una tendencia claramente negativa en las últimas décadas, ¿existen menos oportunidades? ¿No es necesario invertir tanto? En cualquier caso el desembolso en inversión es una de las variables que se dice explican la productividad futura, y si la tendencia es negativa difícilmente podremos ver mayores incrementos.
     
     
    Por otra parte es cierto que la economía puede crecer “infinitamente” en el sector servicios, y de hecho a medida que una economía se vuelve más rica tiende a concentrar una mayor parte de su crecimiento en servicios en lugar de dedicarlo a la industria. Existe un problema con ello y es que el sector servicios es mucho menos productivo que el manufacturero, en torno a un 50% menos.
     
    Por tanto a medida que una economía se hace más rica trabaja menos horas, tiene menos crecimiento poblacional y limita su productividad por una mayor dependencia de los servicios. Teniendo en cuenta todos los factores anteriormente descritos Grantham calcula que el crecimiento potencial de una economía como EEUU sería inferior al 1% en los próximos 30 años, muy lejos del 3% que se esperaría extrapolando del pasado. En Europa las cifras serían aun peores.
     
    Podemos pensar que se trata de una hipótesis lejana, pero otros inversores se están manifestando en la misma línea últimamente (1%... The New Normal Growth Rate?), y además tenemos un claro ejemplo de que el crecimiento puede terminarse en el caso de Japón. El PIB del país nipón en 1991 fue de 476 billones de yenes, el estimado para 2012 es de 474 billones; 21 años después nada ha cambiado. ¿Quizá llega un punto en el ciclo de vida de los países donde el crecimiento pasa a ser cero? ¿Quizá es la productividad marginal de la deuda la responsable de todo esto, pasando a ser negativa en occidente como lo fue en su momento en Japón?
     
    O quizá, como opina Grantham, la asunción de deuda y las burbujas de los últimos años fueron instrumentos para camuflar el verdadero declive del PIB potencial. Según esta teoría la deuda no sería la responsable de lo que vemos, solo simples ramas que no dejarían ver el bosque, siendo la “big picture” que las propias fuerzas naturales de la economía nos habrían traído hasta aquí, y así seguirá siendo en el futuro con un crecimiento cero o cercano a cero. Una conclusión poco alentadora, pero en cualquier caso nos queda el consuelo de que el PIB nunca fue un buen indicador de la felicidad de la población, así que sean felices, que eso sí es lo importante.
    Perlas de Kike
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