Elegir directamente el fondo en el que invertir tiene dos premios

Como en el resto de sectores todo esto tiene un obstáculo, la pereza. Para adquirir un buen producto o servicio hay que informarse, comparar y comprarlo allí donde se vende

Foto: En el caso de los fondos, quien se lleva la mayor parte de la comisión de gestión es quien consigue que el cliente invierta.
En el caso de los fondos, quien se lleva la mayor parte de la comisión de gestión es quien consigue que el cliente invierta.

El avance de las tecnologías de la información nos permite elegir dónde queremos invertir antes de acudir a las entidades financieras. Podemos consultar la trayectoria profesional de quien dirige cada fondo, la rentabilidad, los criterios de inversión, las carteras, las comisiones, las opiniones de otros inversores en comunidades o redes sociales financieras, etc.

A pesar de ello, la mayoría de los ahorradores sigue haciendo lo mismo que hace 20 años, preguntar en su banco dónde puede invertir. Todavía no son conscientes de que quienes deciden primero y se dirigen a las entidades después obtienen dos valiosos premios:

  1. Se invierte donde interesa al cliente, no a la entidad financiera. Las entidades orientan a los clientes hacia los productos que más les conviene vender. A quien no tiene criterio propio le colocan lo que les deja mayor margen de beneficio.

    Si se busca asesoramiento que ayude en la elección, no se debe acudir a un vendedor. Es necesario seleccionar a alguien que pueda recomendar cualquier activo, comercializado por cualquier entidad y cuya retribución no dependa de los productos recomendados. Si no se cumplen estos tres requisitos no se puede considerar que el profesional esté del lado del cliente, sino enfrente de él.
  2. Mayor rentabilidad. Como en casi todos los sectores, el eslabón más caro de la cadena de valor es la persona que vende. Un buen ejemplo son los seguros. El mismo seguro contratado por internet o teléfono es mucho más barato que contratado en una oficina a pie de calle.
Oficina de un banco español. (EFE)
Oficina de un banco español. (EFE)

En el caso de los fondos, quien se lleva la mayor parte de la comisión de gestión es quien consigue que el cliente invierta (gestor personal, patrimonial, banquero privado, etc). Si el inversor ha decidido previamente y no necesita que nadie le venda nada debe pagar menores comisiones.

Menores comisiones significan mayor rentabilidad sea cual sea el resultado de la gestión. Veámoslo utilizando el ejemplo del fondo que dirijo. Tiene una comisión de gestión del 0,8%. Podría tener una comisión del 1,8% (más parecido a la media de la categoría) y entregar un 1% a quienes vendan el fondo. De esa manera, el fondo crecería mucho más rápido, pero la rentabilidad que nos daría a los partícipes sería un 1% menor cada año.

Como en el resto de sectores todo esto tiene un obstáculo, la pereza. Para adquirir un buen producto o servicio hay que informarse, comparar y comprarlo allí donde se vende. Los inversores deben hacer números para darse cuenta del volumen de dinero que les generaría ese pequeño esfuerzo. Cada 1% de rentabilidad adicional anual son 100 euros al año por cada 10.000 euros de inversión.

Rumbo Inversor

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