En el momento adecuado

Hay tres tipos de inversiones que tiene que tener en mente un estratega financiero en un momento como el actual: la deuda pública española, las acciones

Hay tres tipos de inversiones que tiene que tener en mente un estratega financiero en un momento como el actual: la deuda pública española, las acciones de los bancos y el sector inmobiliario. Ganar en los mercados pasa por comprar barato activos interesantes o, como diría Warren Buffett, “ser codiciosos cuando los demás se muestran temerosos”. Pero ¿hasta dónde pueden bajar los activos mencionados? Y, sobre todo, ¿cuándo se obtendría beneficio de esa inversión?

En términos generales, las acciones de los bancos españoles son un “activo interesante”. España no dejará de ser, desgraciadamente, un país muy bancarizado. La única diferencia que habrá con lo que hemos visto hasta ahora es que habrá menos bancos y que, afortunadamente, se dedicarán más a la banca que a disfrazar de asesoramiento lo que en realidad es pura venta de sus productos financieros (entre otras cosas porque estoy convencido que habrá muchos más asesores financieros independientes). 

Pero no solo habrá menos bancos, sino que serán más fuertes –con una “pequeña” ayuda de los contribuyentes, como diría la canción de los Beatles– y, además, los que queden se habrán llevado el dinero de los “bancocajas” desaparecidos en combate (y de algún otro banco “ladrillero” que pasaba por ahí).

Después de dilapidar toneladas de dinero de los contribuyentes, y con un “empujoncito” de los hombres de negro de la Unión Europea, se cerrarán un buen puñado de entidades, lo cual tendría que haberse hecho mucho antes y se habría hecho si para los políticos no fuera pecado mortal cerrar un banco. Lo sí que es un pecado es gastarse lo que se han gastado –y se gastarán– en mantener en pie bancos “zombis”, tal y como han hecho hasta ahora. 

Pero tarde o temprano se impondrán tanto la lógica económica como la ley de la selva (la ley fundamental en los negocios). Sólo sobrevivirán los más fuertes. Son los que se quedarán con el pastel de un país bancarizado y los que financiarán la siguiente burbuja inmobiliaria obteniendo pingües beneficios como en esta última–, porque no creo que yo llegue a ver una España que abandone el Monopoly y el ladrillo como modelo de negocio.

El caso es que muchos de esos bancos que quedarán en pie cotizan en bolsa y sus acciones se pueden comprar simplemente cogiendo un teléfono o efectuando una orden “on line”, así que ¿por qué no hacerlo ya? Hombre, ese inversor que mira a largo plazo, que compra y mantiene, que no mira la cotización todos los días y que lo que quiere es crearse un patrimonio para la vejez, eso podría empezar a hacerlo aprovechando cualquier semana de achaque bursátil. 

Pero como la mayoría de los inversores no es así y yo trato de aportar ideas para el mayor número de gente posible, diré que es pronto para comprar. Primero, porque todavía veremos más malas noticias sobre el sector financiero español y eso podría darnos algún disgusto, al menos temporalmente. Insisto que hablo para el inversor medio, que es más bien cortoplacista –o como mucho medioplacista– y lleva muy mal “entrar” en un valor o un fondo de inversión y que la inauguración de su inversión sean varias semanas de pérdidas por una corrección. 

En segundo lugar: hasta los bancos que queden vivos tendrán que ampliar capital para hacer frente al daño generado por la crisis y eso puede significar dilución de valor para el accionista. De hecho, seguramente la compra de derechos para adquirir acciones nuevas (que incorporan un descuento) sea una buena forma de “entrar” en el sector. 

En tercer lugar hay que esperar a ver si explota o no la bomba de relojería que supone el peso masivo de la deuda española en los balances bancarios, tal y como expliqué en un artículo con el mismo nombre. En otras palabras: hasta que no podamos descartar una nueva caída del valor en libros de la deuda española (aumento de la prima de riesgo) o incluso una eventual “quita”, la bomba de relojería seguirá activada. No es que yo crea ahora mismo que lo de la quita “a la griega” vaya a ocurrir, pero en finanzas no se puede descartar nada antes de tiempo. ¿Alguien pensaba hace años que íbamos a estar a dos pasos de convertirnos en bono basura? Pues eso. 

El cuarto motivo es que todavía no hemos visto el suelo de los precios inmobiliarios. Luego explicaré por qué lo creo, pero a la hora de plantearse comprar acciones bancarias es un dato importante: significa que los bancos podrían tener que realizar nuevas provisiones por depreciación del ladrillo con cargo a sus cuentas de resultados.

Todo lo anterior no es una mala noticia para el inversor. Es simplemente que no es el momento adecuado para hacer la operación con ciertas garantías, que hay que esperar, vaya. Pero tengo meridianamente claro que cuando los bancos españoles supervivientes hayan descontado todo lo anterior serán una excelente compra. Seguiremos informando.

¿Y el sector inmobiliario? Para empezar, hay que diferenciar dónde está el “ladrillo” en cuestión. Hay “ladrillo” de lujo y “ladrillo” de medio pelo. Si mañana un vendedor que necesita urgentemente liquidez le ofrece un ático maravilloso en pleno barrio de Salamanca, en Madrid, cómprelo. Negocie, apriete, espere incluso unos meses para hacerse el duro –las noticias del sector irán a su favor–, trate de fijar un precio acorde con la situación del mercado, pero compre. ¿Por qué? Porque es un bien escaso. 

En el lado contrario, pasarán muchos años hasta que yo sugiera ni siquiera plantearse la compra de un piso en la periferia de la misma ciudad. Concretamente los años que serán necesarios para que se equilibre la oferta y la demanda. Pura economía. Nos salen los “pisios” –como diría el difunto Jesús Gil– por las orejas. Tiene que salir a la venta todo lo que va acumular indirectamente el banco malo en forma de hipotecas y lo que mantendrán debajo de la alfombra los bancos en general y, sobre todo, los “bancocajas”. 

Y lo mismo en la costa. La costa española puede ser un lujo en algunos sitios o un monstruo en otros. El lujo –y no me refiero a viviendas de lujo, sino a posición geográfica de la vivienda– es un bien escaso: aplique usted lo que dije anteriormente para el ático y viceversa (caso de típico bloque de pisos junto a otros dieciocho bloques inhabitados). Eso sí: en ningún caso espere una revalorización rápida de su compra. Para eso tendríamos que vivir previamente varios años de crecimiento económico, lo cual llevará mucho tiempo. Piense más en comprar en el “suelo” del mercado que en una revalorización a medio plazo.

Y, finalmente, la deuda pública. Cuántas veces me habré sentido atraído por ese 6% de cupón en deuda pública a diez años, en un país como España que va a tener una inflación muy baja durante mucho tiempo, o incluso deflación, si se sigue con esta política económica que destroza el tejido productivo a base de machacar a impuestos a las clases media y media-alta –las que consumen– para darle el dinero a los “bancocajas” (bancocaja: caja que le echan una manita de pintura pero sigue siendo una caja como un piano, con sus políticos, sus tejemanejes, etc.). Y cuántas veces me he alegrado de haber sugerido en su lugar un 5% en una buena empresa española –algún banco incluido–, cuyos ejecutivos me parecen mucho más de fiar que nuestros políticos. Y encima a un plazo menor de vencimiento.

¿Para cuándo entonces la deuda española? Les sugiero lean mi post “De círculo vicioso a círculo virtuoso”. No es por hacerme propaganda como “bloguero”, es por no repetirme. Usted o su asesor deben vigilar e interpretar adecuadamente el “círculo” y actuar en consecuencia. Y si su asesor no lo entiende, olvide la posibilidad de comprar deuda española –o incluso olvídese de su asesor–, porque de todos los activos mencionados anteriormente es el que tiene el “timing” más complicado. Y es el de mayor riesgo.

Yo siempre acabo mis encuentros “on line” con inversores con una frase: “…y no olviden que, en los mercados, lo más importante es saber estar en el sitio justo en el momento adecuado”. Que pasen un buen fin de semana.

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