¿Tiene sentido invertir en empresas familiares?

En la crisis, este tipo de empresas sufrió algo menos que las grandes compañías y, desde el inicio del actual ciclo alcista, el comportamiento es mejor que el resto del mercado

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En un entorno de búsqueda de valor en el medio y largo plazo, el que se pueda aprovechar el conocimiento de un nicho de mercado específico y que se cuente con una cultura financiera familiar encargada de la gestión y explotación del negocio representan una buena oportunidad para esos inversores que se posicionan en el medio y largo plazo.

Hablamos de las empresas familiares, que representan entre el 70% y el 80% de las empresas de Europa y emplean a casi la mitad de la población activa. Son las que representan los bienes de consumo personal, de hogar, bebidas, alimentación, ropa o industria, medios de comunicación, químicas o tecnologías y tienen poca presencia en sectores como los bancos, materias primas, armamento o telecomunicaciones.

En Europa, emplean a más de 100 millones de personas, son más de 17 millones de empresas, contribuyen al PIB europeo entre un 35% y un 65%, 25 de las 100 mayores empresas son familiares y el 48% de los mayores negocios familiares a nivel mundial son europeos.

Aparte de la representación de la economía, la empresa familiar se ha creado y desarrollado sobre la base de un saber hacer específico y tiene una cultura de empresa con una marcada huella de valores familiares y sociales específicos. Estos, junto a la voluntad de la familia a gestionar (y transmitir el legado) a largo plazo, le confieren una serie de ventajas competitivas a la hora de invertir en ellas.

Las características más sobresalientes en las empresas familiares europeas son: el mencionado largo plazo unido a su prudencia en la gestión —no exenta de rapidez en la toma de decisiones—, la resistencia a los efectos de las modas, la preponderancia del capital humano que facilita una mayor rentabilidad y productividad, y una mejor salud financiera que el resto de empresas cotizadas.

Otro punto importante que redunda en el interés del inversor es que las mencionadas ventajas de las empresas familiares se aplican además en empresas de todos los tamaños, desde muy grandes como Henkel, L’Oréal o Inditex a pequeñas empresas como Barón de Ley, BIC o Technogym.

No por casualidad, y más por el tejido empresarial y familiar, encontramos más empresas familiares en Francia, Bélgica, Alemania, Italia, Suiza y España y no tenemos casi candidatos en el Reino Unido, Países Bajos o Noruega.

El largo plazo y el compromiso han permitido a estas últimas capear mejor el temporal con el mayor compromiso de los empleados

Las recientes crisis han servido para reafirmar aún más y mejorar las bondades de estas empresas para el inversor: el largo plazo y el compromiso han permitido a estas últimas capear mejor el temporal con el mayor compromiso de los empleados, recortando menos puestos de trabajo que las empresas tradicionales, optimizar mejor los recursos tanto en momento de escasez como en adquisiciones y, sorpresa, con un menor endeudamiento que aún a día de hoy es muy bajo respecto a las otras empresas cotizadas.

En el siguiente gráfico podemos ver este comportamiento. En la crisis financiera, este tipo de empresas sufrió algo menos que las grandes compañías y, desde el inicio del actual ciclo alcista, el comportamiento es mejor que el resto del mercado.

Y esa consistencia, vista por ejemplo en el periodo 1997-2009 con el objetivo de tomar un peor escenario de mercado que el actual, nos demuestra que se mantiene incluso en esos malos momentos.

Desde el punto de vista de volatilidad, si bien es verdad que incorporan mayor riesgo que las empresas de mayor capitalización, el plus en la rentabilidad que a cambio ofrecen podría compensar el posicionamiento en las mismas.

Así las cosas, como en toda inversión, en el caso de las empresas familiares hay que exigir disciplina y profesionalidad a los gestores. Este es un aspecto en que tradicionalmente las empresas familiares fallaban, pero poco a poco se ha asistido a una profunda adaptación a los nuevos tiempos, reforzando sensiblemente el gobierno corporativo con protocolo y consejo familiar. A este propósito ha ayudado la incorporación, sin pérdida de involucración familiar en el día a día, de gestores profesionales e inversores externos. En cualquier caso, es recomendable que la familia mantenga un porcentaje importante en el accionariado o en los derechos de voto (recomendable, un mínimo del 25%) y que nunca deje de estar presente en los consejos de administración o en puestos directos para que nunca se pierda el sello de la familia. Los próximos años someterán a examen a este tipo de compañías y veremos si somos capaces de extraer mayor valor de estos títulos.

*David Córdoba, Banque de Luxembourg Investments.

Tribuna Mercados

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