El mundo al revés: la banca se alegra de que venga el CoCo

Se trata de una figura que hasta ahora apenas ha aparecido en la literatura bancaria española pero que ha cobrado de un año a esta parte

Se trata de una figura que hasta ahora apenas ha aparecido en la literatura bancaria española pero que ha cobrado de un año a esta parte una enorme importancia en el mundo financiero tanto suizo como británico. Estamos hablando del Contingent Convertible o CoCo, un instrumento cuyo primer lanzamiento masivo fue realizado por Lloyds hace ahora doce meses y que vuelto a surgir con renovado brío mediático en fechas recientes al ser considerado como una de las vías más adecuadas por parte del Banco de Suiza para recapitalizar sus dos entidades de mayor riesgo sistémico: Credit Suisse y UBS que cuentan con un balance agregado equivalente a cuatro veces el PIB del país. Una asignatura que la propia regulación ha suspendido hasta este octubre. A ver si hoy aprobamos. Llegamos tarde pero era difícil creer antes en su generalización. Aunque, en honor de la verdad, sí que ha sido ya materia de Valor Añadido, como veremos más adelante. Porque… ¿qué es el FROB sino un CoCo de tamaño sideral? Pues eso.

Como bien saben, con la nueva normativa de Basilea III, el cómputo de solvencia se va a centrar en capital y reservas. Un hecho que provoca que, frente a la deuda subordinada tradicional, cobren especial importancia aquellos elementos del pasivo susceptibles de convertirse antes o después en acciones. Si además se consigue que dicha transformación esté ligada a un determinado evento de déficit de recursos propios y persiga cumplir con los parámetros fijados por el supervisor, protegiendo de este modo a sus tenedores, a los clientes de la entidad y, en general, a los contribuyentes que evitan así un posible rescate, miel sobre hojuelas. Eso es precisamente lo que ofrece el CoCo. De ahí que sea visto con buenos ojos por reguladores locales como el helvético que, a la exigencia interna del 10% de Tier 1 (contra el 7% de B-III), añade un colchón obligatorio de otro 9% en esta suerte de híbrido.

Unas ventajas que vienen a un coste considerado excesivo por algunos analistas. No hay que olvidar que Lloyds realizó su emisión a tipos superiores al doble dígito, por encima del 10%. Obviamente, las circunstancias han cambiado pero aún así, rentabilidades de este tipo encarecerían aún más el coste de financiación en un entorno de disputa por los depósitos minoristas y de escasa fluidez del mercado mayorista. De ahí que sus impulsores justifiquen los elevados retornos en términos de coste de capital, ya que se trata de una herramienta que permite incrementar el mismo sin el componente de incertidumbre que preside cualquier ampliación a día de hoy en términos de descuento a ofrecer y aceptación final. En la medida en que el nivel de activación se aproxime a la situación actual de recursos propios de la institución que lanza el CoCo, más posibilidades hay de que la misma ocurra.

A algunas firmas financieras le han entrado las prisas. Y es que la aceptación del Contingent Convertible por parte del universo inversor está ligada a la desesperada búsqueda de mayores rentabilidades de inversores tradicionales y nuevos operadores pues pocos alicientes adicionales hay: deuda convertible en equity cuando la cosa se complica sin participar del potencial al alza. Pues vaya. Hay que aprovechar los bajos tipos de interés antes que sea demasiado tarde, es el mensaje. No en vano, en la presentación de resultados de Credit Suisse, página 30, se puede ver cómo el banco pretende convertir gran parte del batiburrillo de elementos que acompañan al core capital en CoCos, 20.000 millones de francos suizos en total. No sólo eso, parece que serán estos papelitos los que conformarán la parte predominante del bono de los directivos de la entidad, modo de ligar su remuneración variable al riesgo intrínseco. Es lo que hay. No tip, no recipe.

¿Para cuándo en España? Bueno pues ya existe. No en vano el FROB entra en el balance de las firmas que así lo han solicitado con una estructura similar a la de estos nuevos instrumentos de captación de fondos. Una remuneración elevada, del 7,75%, cuya continuidad depende de que se cumplan determinados hitos de gestión y cuya devolución es incierta en determinados casos a día de hoy. De hecho existe el convencimiento en buena parte de los analistas de que finalmente los fondos públicos se capitalizarán como paso previo a la privatización de algunos de sus beneficiarios, que devendrán incapaces de repagar lo debido en tiempo y forma. Qué más da que el catalizador sea solvencia o liquidez. Tanto monta, monta tanto. A nivel privado, todo está en manos de la adaptación final que, de Basilea III, haga Banco de España. Y de la aceptación que de estos pinitos significativos haga el mercado. Hasta entonces tendremos que esperar. Aunque bastante tenemos con lo que ya tenemos…

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