Que Dios pille confesadas a las incautas abuelitas españolas

Sigue sorprendiéndome a diario la capacidad que tenemos los medios de comunicación de aceptar como válidos mensajes políticos y/o empresariales interesados sin someterlos al más mínimo

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    Sigue sorprendiéndome a diario la capacidad que tenemos los medios de comunicación de aceptar como válidos mensajes políticos y/o empresariales interesados sin someterlos al más mínimo juicio crítico. La apisonadora educativa que no perdona. El último ejemplo lo encontramos en relación con la recapitalización de las cajas para las que el mercado reclama una inyección de capital de 45.000 millones de euros, tal y como justificamos ayer. Pues bien, tanto el Presidente del Gobierno como el Director General de la CECA están convencidos, en sendas entrevistas con Financial Times y ABC, de que “pronto habrá inyecciones de capital privado en estas instituciones”. Toma ya.

    La coincidencia en el tiempo de ambas declaraciones lleva a pensar que aquí puede haber gato encerrado esperando a salir del cajón, que tanto Zapatero como Olavarrieta manejan información no conocida por el resto de los mortales. Puede ser. Sin embargo, intuitivamente es fácil concluir que tales aseveraciones no son sino resultado de un voluntarismo en el que se confunden los deseos de quienes las realizan con la realidad. La necesidad de evitar por encima de todo el donde dije digo digo Diego respecto a la salud de nuestro sistema financiero. Cualquier análisis desapasionado que se realice de la posible entrada de un tercero en el capital de las cajas llegaría a la misma conclusión. Siendo así, tiene que haber truco. Y lo hay. Vayamos por partes.

    1. Con carácter general. Las entidades que más capital necesitan son, precisamente, aquellas cuyo balance acumula un mayor riesgo crediticio y operativo. Por tanto estamos hablando de compañías en una posición de debilidad evidente. Entra aquí el concepto de coste de oportunidad. Muchos bancos negociados en bolsa participan de tales requerimientos de recursos propios y cotizan a múltiplos por debajo de su valor en libros, siendo su información pública y ofreciendo a sus potenciales nuevos socios una liquidez inmediata en caso de que busquen establecer ex ante una estrategia de salida. No hay color.
    2. Capital Riesgo. Se podrá argüir que, aún así, no deja de ser una cuestión de precio que se puede resolver mediante un oportuno ajuste a la baja del nivel de la necesaria ampliación con objeto de compensar tales obstáculos de liquidez y/o riesgo. Sin embargo, cualquier sponsor financiero que se precie exigirá participar en la gestión, cosa harto complicada tal y como está estructurado el gobierno de las cajas a día de hoy que, además, conserva ese marcado carácter político que condiciona sus decisiones estratégicas. Es más, el propio Olavarrieta descarta en la entrevista citada cambios legales al Régimen de las Cajas en 2011. Vaya, pues si que estamos listos.
    3. Competencia. La banca española no la quieren ahí fuera ni regalada por lo que sería harto improbable, salvo en aquellas firmas globales adecuadamente diversificadas por segmentos y naciones, que un competidor pudiera aterrizar en España con el objetivo de hacerse con alguna de sus instituciones financieras en general o con una caja en particular. Incluso dentro de España existe la sensación de que, lo que no consigan los SIPs en términos de racionalización de estructura, difícilmente lo va a lograr  comprador doméstico. Las ventajas derivadas de un proceso de integración se verían compensadas negativamente con creces por la morralla que incorporaría a su balance. Sólo una injerencia administrativa de alcance podría justificar algo así.

    Quedan por tanto dos alternativas, descartada ya a estas alturas la creación del banco malo que algunos hemos reclamado en su día o el aterrizaje de unos chinos que difícilmente se dejarán engañar como tales, tesis ésta defendida hoy por Jesús Sánchez Quiñones:

    1. el desembarco del FROB en el capital de las cajas, mediante una conversión automática de las participaciones preferentes en cuotas participativas y la inyección adicional de fondos en la cuantía necesaria. Surgiría en este caso un problema de financiación ya que esa ayuda estatal habría que dotarla. Replicar el modelo Banesto en virtud del cual la deuda es suscrita por el resto del sistema sería la solución idónea. ¿Por qué? Todos ellos se beneficiarían en términos de la apertura del mercado mayorista que podría acompañar una decisión definitiva como ésta, por una parte, y, por otra, al tratarse de papel susceptible de ser descontado en el banco central europeo, podrían obtener un retorno inmediato por la diferencia entre el coste de financiación y la rentabilidad de los títulos lo que aminoraría la incertidumbre de su inversión.
    2. la segunda es muy evidente y es como en España se han resuelto problemas como estos cuando ha sido menester: poner a funcionar a la red, cuya fuerza comercial es innegable a día de hoy. Si de colocar capital entre particulares se trata, coloquémoslo. Ya se ha hecho antes con figuras asimiladas como las obligaciones convertibles, con notable éxito por otra parte… para el vendedor. Hay que aprovechar que la memoria es muy corta y que, como decía Escámez, no hay ciudadano que resista la segunda llamada del director de su sucursal. Sea como OPV o mediante la fórmula que se arbitre, esta alternativa sí que parece inevitable a día de hoy si se mantiene la negación de la evidencia por parte de Gobierno, Banco de España y/o firmas afectadas. Ese es el único capital privado en el que pueden confiar. Pobres abuelitas, modestas impositoras. La que les va a caer encima. Que Dios las pille confesadas.

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