MEH Confidential: el plan final del Gobierno para salvar la banca española

En la absurda guerra de cifras sobre el saneamiento que requiere el sistema bancario español, la última aportación la ha realizado Moody´s al advertir que nuestras cajas

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    En la absurda guerra de cifras sobre el saneamiento que requiere el sistema bancario español, la última aportación la ha realizado Moody´s al advertir que nuestras cajas necesitan 50.000 millones de euros, tres veces más de lo que estimaba apenas un mes antes, viva la precisión. Da igual. Aquí hablamos de billones de las antiguas pesetas, más de ocho, como si nada; hasta ese punto se ha perdido el respeto al dinero. Sigo. Más allá de la credibilidad del emisor del mensaje -perdida por completo en el cénit de la crisis y vuelta a elevar a los altares después, conforme las cosas se han ido normalizando en el mundo financiero-,  lo cierto es que alguna de sus afirmaciones no son sino reflejo de una demanda generalizada de analistas e inversores, dentro y fuera de nuestras fronteras. Por ejemplo: la exigencia de reconocer pérdidas de una vez por todas en aras de una mayor transparencia.

    No les falta razón. Pongamos el ejemplo del BFA, nombre artístico (¿hasta hoy?) del SIP liderado por Caja Madrid y Bancaja, junto con la Caja Insular de Canarias, Caja de Avila, Caja de Segovia, Caja Laietana y Caja de La Rioja.

    1. Cuando su constitución, allá por el mes de junio del año pasado, la merma estimada por los gestores ascendía a 16.000 millones de euros, según información disponible en la web de la firma (página 26 de la siguiente presentación). 
    2. Treinta días más tarde, y coincidiendo con la publicación de los stress test, el Banco de España situó la horquilla de pérdidas brutas para BFA entre 19.500 y 26.400 millones (de 6.000 a 11.400 en términos netos), según se contemplara el escenario central o el adverso (página 12 del resumen del supervisor).
    3. A partir de los datos de cierre de 2010 -y pese al importante saneamiento llevado a cabo por la entidad, superior a los 9.000 millones de euros- se puede concluir que el deterioro neto aún suma 7.000 millones de euros en el supuesto más negativo, fruto de restar al bruto las provisiones, el margen de explotación y el efecto fiscal. El core capital estresado quedaría, de este modo, en el 3,5%, FROB Incluido, y las necesidades de recursos propios para llegar al 8% ascenderían a 9.000 millones de euros.

    ¿A qué carta quedarse? Complicado. El riesgo de entrar en una dinámica a la irlandesa de baile de números negativos es real... y preocupante. Es por ello que buena parte de la banca de inversión, de los compradores distressed y de las agencias de recobro de deudas siguen advirtiendo al Banco de España y al Ministerio de Economía y Hacienda -a través de sucesivas reuniones con la Directora General del Tesoro, Soledad Nuñez- de la absoluta perentoriedad de rescatar la idea de un banco malo, en la línea de lo que ha hecho La Caixa, con la excusa de la ordenación de sus negocios y participadas, al calor del alumbramiento de Criteria Bank. Una idea que, una vez vencidas las reticencias iniciales, está calando en el pensamiento del Ejecutivo, gracias en parte a las buenas artes de algún ex banquero con pasado curricular en anteriores administraciones socialistas.

    Crear una entidad depositaria de morralla bancaria de distinto pelaje que permita a las entidades financieras nacionales centrarse en la construcción de un equity story creíble para los inversores, una de las demandas que en su día realizó Goirigolzarri; limpiar sus balances en un momento en el que buena parte los activos deteriorados ya han visto ajustado su valor en libros; mejorar de este modo, por el lado del denominador, sus ratios de solvencia; obtener una liquidez que les permita reducir su dependencia de la escasa financiación mayorista o del elevado coste de los depósitos y mejorar su visibilidad de cara a los agentes económicos con los que interactúa, sería el objetivo. Gestión privada, vigilancia pública.

    Paradójicamente la mayor resistencia procede de los directivos de los propios bancos y cajas en dificultades, empeñados en hacer aún más larga su particular agonía. De ahí que la interlocución por parte de los interesados haya escalado al nivel regulador y supervisor con la esperanza de poder construir algo positivo -en forma de cajón de sastre bancario- a partir de la instrucción directa del uno y la tutela ejecutiva del otro. El proyecto marcha viento en popa. Existe incluso por parte de las autoridades una predisposición de sustituir ayudas directas a las firmas en dificultades por un régimen de avales y garantías a los potenciales adquirentes de los activos tóxicos,demanda de parte cuya concreción sería el punto de debate a día de hoy, factor que paraliza su inmediata concreción. Cuanto antes se ponga en marcha mejor. El tiempo se agota y la paciencia de los mercados también. Quedan pocas opciones y ésta es una de las más obvias. Urge su implantación.

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